viernes, 26 de septiembre de 2008

1 DE CORINTIOS:

1 CORINTIOS
CAPÍTULOS 1-3
Lecciones para cada iglesia.
Cada miembro de la iglesia debiera leer el tercer capítulo de la primera epístola a los Corintios con cuidadosa consideración y con oración. El primer capítulo y el segundo de esta epístola preparan el camino para el tercero, y en esto hay lecciones para cada miembro de iglesia en nuestro mundo. La causa de sus dificultades se revela claramente (MS 74, 1899).
CAPÍTULO 1
1.
Ver EGW com. cap. 9: 13-18.
1-8. Custodiad la iglesia contra engaños.
La instrucción en esta epístola está dirigida a la iglesia de Dios en Corinto, y tenía el propósito de que fuera enviada a cada lugar donde hubiera grupos de santos que tenían fe en Jesucristo. Como miembros de la iglesia de Cristo se les dice que sean "santificados en Cristo Jesús" y "llamados a ser santos". Mediante el bautismo se comprometían a un ministerio de buenas obras procurando salvar a otros que no conocían la verdad.
La iglesia de Corinto estaba constituida principalmente por gentiles. Pablo había trabajado con fervor entre ellos, y los había llevado al conocimiento de la verdad. Pero después de que Pablo los dejó, se levantaron falsos maestros que pusieron en duda el apostolado de Pablo Y su ministerio. Hablaban despectivamente de él, y trataban de hacer comparaciones entre ellos y él para rebajarlo ante los ojos de la iglesia.
Pablo no procuraba ensalzarse; pero cuando algunas falsedades amenazaron con destruir los frutos de su ministerio, la fidelidad a su misión hizo necesario que él honrara a Dios defendiendo su carácter [de Pablo] y magnificando su cargo. Sostiene que la suya es una misión divina, que él está "llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios".
Pablo había sido llamado a su obra por el Príncipe de la vida. Mientras Pablo estuvo ocupado en la obra de perseguir cruelmente a los seguidores de Cristo, el Salvador se le había aparecido y lo llamó para que fuera apóstol a los gentiles. Como apóstol de nuestro Señor sentía una sagrada responsabilidad por el bienestar de la iglesia de Corinto. Bajo su administración no sólo habían recibido la 1083 verdad sino que la habían enseñado a otros. Habían sido enriquecidos hasta el punto de no faltarles ningún don. Habían alcanzado una relación estrecha y preciosa con Cristo.
Pablo no podía permitir, mientras guardara silencio, que lo expulsaran de su lugar de acción los falsos maestros, maestros que introducían falsas opiniones y teorías que podrían descarriar de la verdad a las almas sinceras. Las iglesias debían ser guardadas del engaño y advertidas por él. Cristo se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, para que pudiera purificar para si un pueblo peculiar, celoso de buenas obras. Su iglesia debe mantenerse apartada de toda doctrina falsa (MS 46, 1905).
10. Unidad en la diversidad.
La fortaleza del pueblo de Dios radica en su unión con él mediante su Hijo unigénito, y su unión del uno con el otro. No hay dos hojas de un árbol que sean exactamente iguales; tampoco concuerdan todas las mentalidades; pero aunque es así, puede haber unidad en la diversidad. Cristo es nuestra raíz, y todos los que están injertados en esta raíz darán el fruto que Cristo dio. Revelarán la fragancia del carácter de él en el talento del habla, en el cultivo de la hospitalidad, de la bondad, de la cortesía cristiana y de la consideración celestial.
Mirad las flores en un tejido y notad las hebras de diversos colores. No todas son rosadas, no todas son verdes, no todas son azules. Se entreteje una diversidad de colores para perfeccionar el modelo. Así es en el plan de Dios. El tiene un propósito al colocarnos donde debemos aprender a vivir como individuos. Todos no somos idóneos para hacer la misma clase de obra, sino que la obra de cada hombre ha sido dispuesta por Dios para ayudar a constituir su plan (RH 4-7-1899).
10-13.
Ver EGW com. Gál. 5: 1-2.
13.Cristo la piedra de unión.
Pablo pregunta: "¿está dividido Cristo?" No tenemos una Cabeza espiritual? Cristo ha sido la Piedra de unión, la principal Piedra angular en todos los siglos. Los patriarcas, el sacerdocio levítico y los cristianos de hoy día, todos tienen su centro en él. El es el todo y en todos (RH 3-1-1899).
1.
Ver EGW com. Rom. 1: 20-25.
25-29. Dios mide no con las normas del hombre.
Debido al orgullo y la ambición de los hijos de los hombres, Dios ha preferido realizar sus grandiosas obras por medio de los instrumentos más sencillos y humildes.
Dios no elige a los hombres a quienes al mundo honra como grandes talentosos o brillantes. Elige a los que desean trabajar en humildad y sencillez, reconociéndolo como su Guía y la fuente de su fortaleza. El anhela que lo convirtamos en nuestro Protector y Guía en todos los deberes y asuntos de la vida. . .
La Majestad del cielo obra mediante quienes le place. Su providencia a veces elige a los instrumentos más humildes para hacer la obra máxima, pues su poder se revela en la debilidad humana. Tenemos nuestra norma para medir, y mediante ella afirmamos que una cosa es grande y otra pequeña; pero Dios no mide de acuerdo con la norma de los hombres, no equilibra su balanza de acuerdo con la de ellos. No debemos suponer que lo que es grande para nosotros tiene que ser grande para Dios, y que lo que es pequeño para nosotros debe ser pequeño para él (ST 14-7-1881).
CAPÍTULO 2
1-3. Tened temor del yo.
El apóstol Pablo podía hacer frente a la elocuencia con la elocuencia, a la lógica con la lógica; podía participar inteligentemente en todas las controversias; pero, ¿estaba satisfecho con ese conocimiento mundanal? El escribe: "Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado".
Aquí hay una lección muy importante. Necesitamos entender dónde estamos. Necesitamos entender que la educación más elevada alguna vez dada a los mortales promueve un espíritu de humildad, pues revela cuánto más aún falta por aprender.
Mientras más aprendáis, más veréis la necesidad de poner toda vuestra mente e interés en aprender por causa de Cristo. ¿Por qué estáis aprendiendo? ¿Estáis adquiriendo conocimiento para llegar a ser inteligentes en la verdad? Si este es vuestro propósito, aseguraos que ocultaréis vuestro yo en Jesucristo.
"Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor". Pablo era un muy grande; maestro sin embargo, comprendía que sin el Espíritu de Dios operando con él toda la educación que pudiera obtener valdría muy poco. Necesitamos pasar por esta misma experiencia; necesitamos sentir temor 1084 de nosotros mismos. Individualmente necesitamos sentarnos a los pies de Jesús y escuchar sus palabras de instrucción (MS 84, 1901).
1-4.
Ver EGW com. Hech. 17: 34.
1-5 (Hech. 9: 3-6; 22: 3-4). Instrucción para la iglesia hoy día.
[Se cita 1 Cor 2: 1-5] Pablo no era no hombre indocto, pero la predicación de Cristo era un Evangelio nuevo para él; era una obra enteramente diferente de aquella en que había estado ocupado cuando perseguía a los creyentes de un lugar a otro y los perseguía "hasta la muerte". Cristo se había revelado a Pablo en su conversión pero de una manera notable. Cerca de la puerta de Damasco, la visión del Crucificado cambió todo el curso de su vida. El perseguidor se convirtió en discípulo; el maestro, en alumno.
A partir de ese tiempo Pablo fue un hombre verdaderamente convertido. Dios le dio una obra especial que hacer para la causa del cristianismo. Sus instrucciones en sus cartas para las iglesias de sus días son instrucciones para la iglesia de Dios hasta el fin del tiempo (Carta 332, 1907).
Elocuencia en la sencillez.
[Se cita 1 Cor. 2: 1-5.] Pablo no llegaba a las iglesias como un orador o un filósofo lleno de conocimiento. No procuraba sólo agradar los oídos con palabras y frases elegantes. Proclamaba con elocuente sencillez las cosas que le habían sido reveladas. Podía hablar con poder y autoridad, pues frecuentemente recibía instrucciones de Dios en visión [se citan los vers. 6-10] (MS 46, 1905).
(Hech. 17: 22-34.) Poder espiritual no en sabiduría humana.
[Se cita 1 Cor 2: 1-9.] El apóstol Pablo tenía todos los privilegios de un ciudadano romano. No iba a la zaga en la educación hebrea, pues había aprendido a los pies de Gamaliel, pero todo eso no lo capacitaba para alcanzar la norma más elevada. A pesar de toda su educación científica y literaria estaba, hasta que Cristo se lo reveló, en una oscuridad tan completa como muchos de sus días. Pablo llegó a estar plenamente convencido de que conocer a Jesucristo mediante un conocimiento experimental era para su bien presente y eterno. Vio la necesidad de alcanzar una norma elevada.
La costumbre de Pablo había sido adoptar un estilo oratorio en su predicación. Era un hombre capaz para hablar ante reyes, ante los grandes y eruditos hombres de Atenas, y su conocimiento intelectual con frecuencia le era de valor en la preparación del camino para el Evangelio. Trató de hacer esto en Atenas, haciendo frente a la elocuencia con elocuencia, a la filosofía con filosofía y a la lógica con lógica, pero no alcanzó el éxito que había esperado. Sus conceptos posteriores lo indujeron a entender que había algo que necesitaba por encima de la sabiduría humana. Dios le enseñó que debía recibir algo superior a la sabiduría del mundo. Debía recibir su poder de una frente más elevada. Para convencer de sus culpas a los pecadores y convertirlos, el Espíritu de Dios debía participar de su obra y santificar cada progreso espiritual. Debía comer la carne y beber la sangre del Hijo de Dios (RH 18-7-1899).
2 (Gál. 6: 14). La verdad central de las Escrituras.
Hay una gran verdad central que siempre debe tenerse en cuenta en la investigación de las Escrituras: Cristo y él crucificado. Todas las otras verdades reciben influencia y poder de acuerdo con su relación con este tema. Sólo a la luz de la cruz podemos discernir el supremo carácter de la ley de Dios. El alma paralizada por el pecado sólo puede recibir vida mediante la obra cumplida en la cruz por el Autor de nuestra salvación (MS 31, 1890).
4 (cap. 4: 9). Los predicadores fieles, un espectáculo para el mundo.
Nuestra obra para este tiempo no debe ser hecha mediante palabras halagüeñas de sabiduría humana, tal como hacían los oradores paganos para ganar aplausos. Hablad con la evidencia del Espíritu y con el poder que sólo Dios puede impartir. Las verdades cruciales para este tiempo deben ser proclamadas por hombres cuyos labios han sido tocados con un carbón encendido tomado del altar de Dios. Una predicación tal contrastará muchísimo con la predicación que generalmente se escucha. Los fieles mensajeros enviados por Dios son un espectáculo para el mundo, para los ángeles y para los hombres, no porque ellos se encumbren sino porque muestran que están fortalecidos y ayudados por el Espíritu (MS 165, 1899).
7-14.
Ver EGW com. Rom. 11: 33.
9 (Efe. 1: 17-18). La educación de la imaginación.
Usted necesita espaciarse en las certezas de la Palabra de Dios manteniéndolas ante los ojos de la mente. Punto tras punto, día tras día, repita vez tras vez las lecciones 1085 que allí se dan, hasta que aprenda el sentido y la importancia de ellas. Vemos un poco hoy, y con meditación y oración, vemos más mañana. Y así comprendemos poco a poco las bondadosas promesas, hasta que casi podemos entender su significado pleno.
¡Oh, cuánto perdemos por no educar la imaginación para que se ocupe de las cosas divinas en vez de las terrenales! Podemos dar rienda suelta a la imaginación, y sin embargo, "cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman". Nuevas maravillas se revelarán a la mente mientras más intensamente la aplicamos a las cosas divinas. Perdemos mucho por no hablar de Jesús y del cielo, la heredad de los santos. Mientras más contemplemos las cosas celestiales, más veremos nuevos encantos y nuestros corazones estarán más colmados de gratitud hacia nuestro bondadoso Creador (Carta 4, 1885).
14. La verdad contra la sabiduría mundanal.
Preciosas joyas de verdad, que son del más alto valor para los humildes y dóciles que creen en Cristo, son como necedad para aquel que es sabio en la estimación del mundo. Pero la verdad, la verdad eterna, siempre está presente con el verdadero creyente. El Espíritu es el instructor asignado para un alma tal, su guía, su continua fortaleza y rectitud (MS 297 1899).
16. La ley, una expresión del propósito de Dios.
La ley de los Diez Mandamientos no debe ser considerada tanto desde el punto de vista de las prohibiciones como desde el punto de vista de la misericordia. Sus prohibiciones son la garantía segura de la felicidad mediante la obediencia. Cuando se recibe en Cristo logra en nosotros la pureza de carácter que nos proporcionará gozo a través de los siglos eternos. Para el obediente es un muro de protección. Contemplamos en ella la bondad de Dios, quien, al revelar a los hombres los inmutables principios de justicia, trata de escudarlos contra los males resultantes de la transgresión.
No debemos considerar a Dios como quien está a la espera para castigar al pecador por su pecado. El pecador se acarrea su propio castigo. Sus propios actos ponen en movimiento una serie de circunstancias que producen un resultado ineludible. Cada acto de transgresión se refleja sobre el pecador, produce en él un cambio de carácter, y hace más fácil que peque otra vez. Los hombres se separan de Dios al preferir el pecado, se aíslan del canal de bendiciones, y el resultado seguro es la ruina y la muerte.
La ley es una expresión del propósito de Dios. Cuando la recibimos en Cristo, se convierte en nuestro propósito y nos eleva por encima del poder de los deseos y las tendencias naturales, por encima de las tentaciones que conducen al pecado (Carta 96, 1896).
CAPÍTULO 3
1-2 (Heb. 5: 9-12). Por qué muchos fracasan en la edificación del carácter.
[Se cita Heb. 5: 9-12.] Pablo no podía hablar a los conversos de origen judío tan claramente como deseaba acerca del misterio de la piedad. Debido a la debilidad espiritual de ellos, a su falta de percepción, no podía expresar la verdad que, si pudiesen haber escuchado correctamente, con una comprensión inteligente habría sido para ellos un sabor de vida para vida.
La falta no estaba en su instructor, sino en ellos mismos. Eran tardos de entendimiento. Se les habían dado abundantes ventajas. Podrían haber crecido en el entendimiento acerca de Cristo, su obra, su poder para salvar hasta lo sumo a todos los que se allegan a él. Pero no habían avanzado ni se habían elevado aprovechando su oportunidad para aprender más y más del Salvador. Su memoria era débil porque no habían recibido por fe las verdades que se les habían impartido. No podían retener en sus mentes las verdades esenciales para tener éxito en la edificación del carácter.
El apóstol les llama la atención a su falta en este respecto, que había llegado a ser su debilidad espiritual. Su concepto erróneo les daba una noción confusa del poder de Cristo para hacer de su pueblo una alabanza en la tierra (RH 16-6-1903).
1-3. Enanos espirituales.
Pablo anhelaba hablar a las iglesias de Corinto de cosas espirituales; pero, para su dolor, la encontraba muy débil. Los miembros de iglesia ni siquiera podían soportar oír la verdad acerca de ellos mismos. [Se cita 1 Cor. 3: 1-2.] El crecimiento espiritual de esa gente estaba tan empequeñecido, que un claro "Así dice Jehová" era una ofensa para ellos. Pablo sabía que al darles la verdad sería catalogado como acusador y criticón (MS 74, 1899). 1086
2. Viviendo en un nivel bajo.-
[Se cita 1 Cor. 3: 1-3.] Aquellos a quienes se dirigen estas palabras no se habían estado alimentando de Cristo, y por lo tanto no habían avanzado en el conocimiento espiritual. Pablo dijo: "Os di a beber leche -las verdades más elementales, más sencillas, adecuadas para los nuevos conversos a la fe-, y no vianda", el alimento espiritual sólido y nutritivo, adecuado para los que han progresado en un conocimiento de las cosas divinas. Vivían en un nivel bajo, permanecían en las verdades superficiales que no demandan reflexión ni escudriñamiento profundo (MS 70, 1901).
4-9. Los ministros no deben ser idolatrados.-
No puede haber una evidencia más clara en las iglesias de que las verdades de la Biblia no han santificado a los que las recibieron, que el apego de ellos a algún ministro favorito, y su renuencia para aceptar y ser beneficiados por la obra de algún otro maestro que les ha sido enviado en la providencia de Dios. El Señor envía ayuda a su iglesia según la necesitan, no como ellos la escogen, pues los mortales, faltos de perspicacia, no pueden discernir lo que es mejor para su bien. Rara vez un ministro tiene todas las cualidades para perfeccionar determinada iglesia en todos los requisitos del cristianismo. Por eso Dios envía a otros ministros para que vayan en pos de él, uno tras otro, cada uno de los cuales tiene algunas cualidades en las que son deficientes los otros.
La iglesia debiera aceptar con gratitud a esos siervos de Cristo, así como aceptaría a su mismo Maestro. Debiera procurar obtener todo el beneficio posible de la instrucción que los ministros pueden darle de la Palabra de Dios; pero los ministros no deben ser idolatrados, no debiera haber religiosos mimados y favoritos entre la gente. Las verdades que ellos traen son las que deben ser aceptadas y apreciadas con la docilidad de la humildad (Redemption: The Teachings of Paul, pp. 74-75).
5-6. El Señor, nuestra eficiencia.-
El Señor desea que distingamos entre los medios y el instrumento. [Se cita 1 Cor. 3: 5-6.] El agente humano es sólo el instrumento. El debe su eficiencia al Señor. Debe cooperar con el poder divino (Carta 150, 1900).
9 (2 Cor. 10:4; ver EGW com. Gén. 2:7; Rom. 12:2). Dios proporciona las armas.
"Somos colaboradores de Dios". El nos proporciona todos los medios, todas las armas espirituales necesarias para la destrucción de las fortalezas de Satanás. Presentad la verdad tal como es en Jesús. Que los tonos de vuestra voz expresen el amor de Dios. Conducid, pero nunca forcéis. Tratad al más obstinado con un espíritu de bondad y afecto. Sumergid vuestras palabras en el óleo de la gracia y que fluyan de vuestros labios con amor (Carta 105, 1893).
Será dada cultura divina.-
El Señor dará cultura divina a los que son colaboradores con él. Ser colaborador con Dios significa esforzarse y luchar para crecer a la semejanza de Cristo. Satanás es el que hace necesario que nos esforcemos. Los que mantengan los ojos fijos en la vida del Señor Jesús, entrarán con holgura en su templo espiritual (Carta 5, 1900).
Las plantas débiles reciben cuidado especial.-
"Vosotros sois labranza de Dios". Así como uno encuentra placer en el cultivo de un huerto, así también el Señor se complace en sus hijos e hijas creyentes. Un huerto demanda trabajo constante. Deben eliminarse las malezas; deben plantarse nuevas plantas; deben podarse las ramas que crecen demasiado rápidamente. Así trabaja el Señor para su huerto con las plantas que son de él. No puede complacerse en cualquier crecimiento que no revele las gracias del carácter de Cristo. La sangre de Cristo ha hecho que los hombres y las mujeres sean un encargo precioso de Dios; por lo tanto, cuán cuidadoso debiera ser cada uno en no sentirse demasiado libre para arrancar las plantas que el Señor ha sembrado en su huerto. Algunas plantas son tan débiles que apenas si tienen algo de vida en ellas, y por éstas el Señor tiene un cuidado especial (MS 39, 1896).
Aprendizaje del oficio de la edificación del carácter.-
"Vosotros sois... edificio de Dios". Sois representantes del gran Maestro Operario. No permita Dios que descuidemos aprender el oficio de la edificación del carácter. El curso a seguir en esta obra no está de acuerdo con las ideas del mundo; el estilo no es similar al estilo del mundo. Los que entran en la obra de Dios sin ocultar el yo en Cristo, pronto se desligarán del la edificación del Maestro (MS 165, 1899).
Permitid que dirija Cristo.-
En vuestra obra de edificación del carácter estad seguros de que Cristo es vuestro director. Hay una gran diferencia entre si sois colaboradores con Dios o si sois colaboradores contra 1087 Dios, entre si vuestra ambición máxima es magnificar a Dios o magnificaros a vosotros mismos y a vuestros planes. Cristo declara: "Separados de mí, nada podéis hacer": nada que será aprobado por Dios. Estudiad cuidadosamente vuestros motivos, y aseguraos de que no estáis trabajando con vuestra propia sabiduría apartados de Cristo (MS 102, 1903).
Un templo honrado por Dios y el hombre.-
Todo hombre debe edificar con acciones puras, nobles y rectas. El resultado de su obra será una estructura simétrica, un templo hermoso honrado por Dios y los hombres (MS 153, 1903).
9-15. Cada hombre tiene un puesto de deber.-
Debiéramos pesar cuidadosamente los asuntos relacionados con la obra que emprendemos. ¿Será esta obra una bendición para las almas? Dios no nos ha dado una obra sólo para mantenernos ocupados, sino para la gloria de su nombre. Muchos están activamente ocupados reuniendo madera, heno, hojarasca; pero todo será consumido, sin dejar nada para preparar almas para el gran día cuando cada obra será probada por el fuego. Muchos encontrarán que la obra que ha ocupado su tiempo y atención ha perecido con el uso, y que ellos apenas se han salvado, como por fuego.
Un resultado tal no corresponde con el propósito de Dios. Por disposición de Dios cada hombre tiene su puesto de deber. Con oración debe hacerse la prudente pregunta: ¿qué deber nos ha sido asignado individualmente como hombres y mujeres que deben dar cuenta a Dios? Y ya sea que nuestra labor esté completamente limitada a cosas espirituales, o ya sea que se combinen en ella lo temporal y lo espiritual, debemos cumplir fielmente nuestra obra. Deben combinarse las cosas seculares con las sagradas, pero las cosas espirituales no deben quedar ocultas por los asuntos seculares.
Cristo pide el servicio de todo el ser, las facultades físicas, mentales y morales combinadas. Estas deben ser puestas al servicio de Dios. El hombre debe recordar que Dios tiene la propiedad de todo, y que las actividades humanas están investidas con una santidad que no poseían antes de que fueran alistadas en el ejército del Señor. Cada acción debe ser una acción consagrada, pues emplea el talento del tiempo confiado por Dios. En todas las acciones de una persona tal se ha inscrito santidad a Jehová, porque todo su ser está sometido a la sujeción de Dios.
No debe emprenderse ninguna ocupación, aun en la vida común, si su influencia sobre los sentidos es corruptora. Estamos en la escuela de preparación del Señor, y él ha dispuesto sus propios medios mediante los cuales podemos ser colocados bajo su servicio, de modo que su nombre sea glorificado por la obra que hacemos en este mundo. Muchos están turbados porque no están trabajando directamente para el adelanto del reino de Dios; pero la obra más humilde no debe ser desdeñada. Si es una obra honrada, es una bendición, y puede conducir a los deberes más importantes de la obra. Los que hacen esta obra no deben acusarse a sí mismos de inutilidad en la gran familia de Dios. Esto no es necesario, porque la suya es una obra que alguien debe hacer (MS 49, 1898).
11. La Piedra viviente fundamental.-
Dios no aceptará el servicio más espléndido, ni el talento más brillante, a menos que esté puesto sobre la Piedra viviente fundamental y esté relacionado con ella, pues sólo esto da verdadero valor a la capacidad que se posee y la convierte en un servicio viviente para Dios. Podemos mirar hacia atrás a través de los siglos, y ver las piedras vivientes que relucen como antorchas de luz a través de los escombros de oscuridad moral, los errores y la superstición. Esas joyas preciosas brillan con un resplandor que aumenta continuamente, no sólo por el tiempo sino por la eternidad (Redemption: The Teachings of Paul, p. 80).
11-13 (ver EGW com. Sal. 144: 12). Oro de fe imperecedera.-
Hace una gran diferencia el material que se usa en la edificación del carácter. El largamente esperado día de Dios pronto probará la obra de cada hombre. "La obra de cada uno se hará manifiesta. . . por el fuego". Así como el fuego revela la diferencia entre el oro, la plata, las piedras preciosas, y la madera, el heno y la hojarasca, así también el día del juicio pondrá a prueba los caracteres mostrando la diferencia entre los caracteres formados a la semejanza de Cristo y los que son formados a la semejanza del corazón egoísta. Todo egoísmo, toda falsa religión aparecerán entonces tal como son. El material inservible será consumido, pero nunca perderá su valor el oro de la fe verdadera, sencilla y humilde. Nunca podrá ser consumido porque es imperecedero. Se verá que una hora de transgresión es una gran 1088 pérdida, mientras que se contemplará que el temor de Jehová es el principio de la sabiduría. El placer de la complacencia propia perecerá como hojarasca, en tanto que permanecerá para siempre el oro de un principio firme, mantenido a cualquier costo (RH 11-12 - 1900).
13.
Ver EGW com. Jer. 23: 28; Apoc. 20: 12-13.
16-23.
Ver EGW com. 1 Tes. 5: 23.
CAPÍTULO 4
9 (ver EGW com. cap. 2: 4; Rom. 12: 2).Cada victoria es una gema en la corona de la vida.-
El cristiano es un espectáculo para el mundo, para los ángeles y para los hombres. ¿Singular? Sí, tiene un carácter sumamente singular y peculiar, porque su vida se ha desarrollado de acuerdo con la semejanza divina.
Los habitantes de los mundos no caídos y del universo celestial están contemplando con intenso interés el conflicto entre el bien y el mal. Se regocijan cuando las sutilezas de Satanás, una tras otra, son discernidas y se les hace frente con un "Escrito está", así como Cristo les hizo frente en su conflicto con el astuto enemigo. Cada victoria ganada es una gema en la corona de la vida. En el día de la victoria triunfa todo el universo del cielo. Las arpas de los ángeles producen la música más preciosa que acompaña la melodía de la voz (Carta 5, 1900).
CAPÍTULO 6
19-20. Dios pide el trono del corazón.-
Dios nos ha comprado, y pide un trono en cada corazón. Nuestra mente y nuestro cuerpo deben estar subordinados a él, y los hábitos y apetitos naturales deben estar subordinados a las necesidades superiores del alma, Pero no debemos depender de nosotros mismos en esta obra. No es seguro que sigamos nuestra propia conducción. El Espíritu Santo debe renovarnos y santificamos. En el servicio de Dios no debe haber una obra hecha a medias (SpT, Serie A, N.º 7, p. 39).
20.
Ver EGW com. Exo. 16: 3; 2 Ped. 1: 10.
CAPÍTULO 9
13-18 (cap. 1: 1). Trabajando por las almas, no por dinero.-
Pablo no vacilaba. Estaba establecido Y arraigado en la fe; pero hasta donde podía, procuraba hacerse uno con aquellos para quienes trabajaba.
Como ministro del Evangelio le correspondía a Pablo pedir que lo sostuvieran aquellos para quienes trabajaba; pero aunque se convirtió en siervo de todos, sin embargo trabajaba con sus manos para sostenerse a fin de que nadie pudiera hallar motivo de acusarlo de egoísmo. No recibía salario por su trabajo, aunque como ministro del Evangelio tenía derecho a eso. Así hizo que fuera evidente que trabajaba por las almas y no por dinero.
"¿Cuál, pues, es mi galardón? -pregunta-. Que predicando el Evangelio, presente gratuitamente el Evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el Evangelio".
Pablo no dependió de un hombre para su ordenación. Del Señor había recibido su comisión y ordenación. Consideraba su trabajo ministerial como un privilegio. Para él no era un deber hecho a cambio de dinero. Trabajaba por las almas de los hombres. "Pues si anuncio el Evangelio - decía-, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciara el Evangelio!" Constantemente estudiaba la forma de hacer que su testimonio tuviera el efecto máximo. Buscaba la aprobación de Dios.
Ojalá hubiera hoy hombres de fe que procedieran como Pablo, hombres que predicaran el Evangelio no acudiendo a los hombres en busca de su recompensa, sino estando dispuestos a recibir su recompensa en forma de almas (MS 74, 1903).
20-23. La forma de trabajar de Pablo.-
[Se cita 1 Cor. 9: 20-23.] Sabemos que el apóstol no sacrificaba los principios en lo más mínimo. No dejaba que lo descarriaran los sofismas y axiomas de los hombres. No debía coincidir con las suposiciones y afirmaciones de hombres que enseñaban como doctrina mandamientos de hombres. Debido a que aumentaban y prosperaban la iniquidad y la transgresión, no permitía que se enfriara su amor. Deben conservarse todo el celo y fervor, pero al mismo tiempo algunas características de nuestra fe, si se las expresara, inmediatamente despertarían prejuicios debido a los elementos con quienes tenéis que tratar.
Pablo podía ser tan celoso como cualquiera de los más celosos en su lealtad a la ley de Dios, y mostrar que estaba perfectamente familiarizado con las Escrituras del Antiguo Testamento. 1089 Podía ocuparse ampliamente de los símbolos y las sombras que representaban a Cristo; podía ensalzar a Cristo y decir todo lo que hay acerca de él y su obra especial en favor de la humanidad; ¡y qué campo tenía para explorar! Podía impartir la más preciosa luz sobre las profecías que ellos no habían visto, y sin embargo no los ofendería. De ese modo se puso muy bien el fundamento para que cuando llegara el tiempo en que se calmaran los espíritus de ellos, pudiera decir en el lenguaje de Juan: He aquí en Jesucristo, que se hizo carne y habitó entre nosotros, el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.
Predicaba a Cristo ante los gentiles como su única esperanza de salvación, pero al principio no tuvo nada que decir en cuanto a la ley. Pero después de que sus corazones fueron conmovidos con la presentación de Cristo como la dádiva de Dios para nuestro mundo, y lo que está comprendido en la obra del Redentor en el costoso sacrificio para manifestar el amor de Dios al hombre, con la más elocuente sencillez mostraba ese amor por toda la humanidad -judíos y gentiles- para que pudieran ser salvados entregando su corazón a Cristo. Entonces, cuando enternecidos y subyugados se entregaban al Señor, presentaba la ley de Dios como la prueba de la obediencia de ellos. Esta era la forma en que se trabajaba, adaptando sus métodos para ganar almas. Si hubiese sido brusco y torpe en el manejo de la Palabra, no hubiera alcanzado a judíos ni a gentiles.
Conducía a los gentiles para que comprendieran las estupendas verdades del amor de Dios, quien no escatimó a su propio Hijo sino lo entregó por nosotros, ¿y cómo no nos dará con él gratuitamente todas las cosas? Se hacían la pregunta de por qué se necesitó un sacrificio tan inmenso, y entonces volvía a los símbolos y a todas las Escrituras del Antiguo Testamento, que revelan a Cristo en la ley, y se convertían a Cristo y a la ley (SpT, Serie A, N.º 6, pp. 54-55).
24-27 (1 Ped. 2: 11). Un certamen en el que todos pueden ganar.-
[Se cita 1 Cor. 9: 24-27.] Este glorioso certamen está ante nosotros. El apóstol procura inspirarnos para que participemos en una noble emulación, una competencia en la que no se verá egoísmo, ni injusticia, ni una obra clandestina. Debemos usar cada nervio espiritual y cada músculo espiritual en la competencia por la corona de la vida. Nadie que haga lo mejor que pueda, fracasará en este certamen.
Todos los que buscan el premio deben colocarse bajo estricta disciplina. "Todo aquel que lucha, de todo se abstiene". Los que participan en un concurso de fuerza física por un premio corruptible, comprenden la necesidad de una rígida abstinencia de toda complacencia que debilite las facultades físicas. Comen alimento sencillo a intervalos regulares. Cuánto más los que participan en la carrera del Evangelio debieran refrenarse de la complacencia indebida del apetito y abstenerse "de los deseos carnales que batallan contra el alma". Deben ser sobrios en todo tiempo. La misma restricción que les da poder para lograr la victoria una vez, si se la practica constantemente les dará una gran ventaja en la carrera por la corona de la vida (MS 74, 1903).
(Rom. 8: 13; Col. 3: 5.) Bajo disciplina para Dios.-
[Se cita 1 Cor. 9: 24-27.] Así presenta Pablo las condiciones que Dios impone sobre cada alma que se alista en su servicio. El apóstol teme por sí mismo, no sea que fracase y no pase la prueba del examen y sea hallado falto, y se coloca bajo una severa preparación. De la misma manera el cristiano hoy día también necesita vigilar estrictamente su apetito. Necesita someterse a una severa preparación para que no corra inciertamente o al azar, sin ver su norma ni esforzarse por alcanzarla. Debe obedecer las leyes de Dios. Las facultades físicas, mentales y morales deben ser conservadas en la más perfecta condición si quiere lograr la aprobación de Dios. "Golpeo mi cuerpo", dice el apóstol. Esto significa, literalmente, derrotar sus deseos, impulsos y pasiones mediante una severa disciplina, así como lo hacían los que competían en busca de un premio terrenal (MS 93, 1899).
27 (ver EGW com. 2 Cor. 12: 1-4). Pablo en guardia.-
[Se cita 1 Cor. 9: 26-27.] Pablo siempre estaba en guardia para que no lo vencieran las malas tendencias. Vigilaba bien sus apetitos, pasiones y malas tendencias (Carta 27, 1906).
CAPÍTULO 10
4.
Ver EGW com. Hech. 15: 11.
12.
Ver EGW com. 2 Rey. 11: 1-4; Mat. 26: 31-35. 1090
CAPÍTULO 11
18-34 (Mat. 26: 26-29). La Cena del Señor pervertida.-
Los corintios se estaban apartando mucho de la sencillez de la fe y de la armonía de la iglesia. Continuaban reuniéndose para el culto, pero con corazones apartados unos de otros. Habían pervertido el verdadero significado de la Cena del Señor, dándole en gran medida el significado de una fiesta idólatra. Se reunían para conmemorar los sufrimientos y la muerte de Cristo, pero convertían la ocasión en momentos de banqueteos y complacencia egoísta.
Había llegado a ser costumbre, antes de participar de la comunión, de unirse en una comida social. Las familias de los creyentes traían su comida al lugar de la reunión y comían sin esperar cortésmente a que los otros estuvieran listos. La santa institución de la Cena del Señor se había convertido para los ricos en una ocasión de glotonería, mientras que los pobres tenían que avergonzarse cuando su escasa comida contrastaba con las costosas provisiones de sus hermanos ricos.
Pablo reprocha a los corintios por hacer de la casa de Dios un lugar de banqueteo y orgías, semejante a un grupo de idólatras: "Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada?" Las fiestas religiosas públicas de los griegos se celebraban de esa manera, y siguiendo los consejos de falsos maestros los cristianos habían sido inducidos a imitar su ejemplo. Esos maestros habían comenzado asegurándoles que no era malo asistir a fiestas idólatras, y finalmente habían introducido prácticas similares en la iglesia cristiana.
Pablo continuó dando el orden y propósito de la Cena del Señor, y después amonestó a sus hermanos para que no pervirtieran ese sagrado rito (LP 170-171).
23-26 (Mat. 26: 26-29; Mar. 14: 22-24; Luc 22: 19-20). El único símbolo correcto.-
El pan partido y el puro jugo de uva deben representar el cuerpo quebrantado y la sangre derramada del Hijo de Dios. No debe presentarse pan leudado en la mesa de comunión. El pan ázimo es el único símbolo correcto de la Cena del Señor. No se debe usar nada fermentado. Sólo se deben usar el fruto de la vid y pan sin levadura (RH 7-6-1898).
25.
Ver EGW com. Mat. 26: 28.
26 (ver EGW com. Mar. 16:1-2). Frecuencia de la Cena del Señor.-
La salvación de los hombres depende de una aplicación continua en sus corazones de la sangre purificadora de Cristo. Por lo tanto, la Cena del Señor no debería ser celebrada sólo ocasionalmente o anualmente, sino con más frecuencia que la pascua anual. Este solemne rito conmemora un acontecimiento mucho mayor que la liberación de los hijos de Israel de Egipto. Esa liberación simbolizaba la gran expiación que Cristo hizo con el sacrificio de su propia vida para la liberación final de su pueblo (3SG 228).
28.
Ver EGW com. Juan 13: 14-15.
CAPÍTULO 12
4-6, 12 (Efe. 4: 4-13). Cada miembro debe trabajar en su lugar designado.-
[Se cita 1 Cor. 12: 4-6, 12.] La vid tiene muchas ramas, pero aunque todas las ramas son diferentes, no disputan entre sí; hay unidad en la diversidad. Todas las ramas reciben su alimento de una sola fuente. Esta es una ilustración de la unidad que debe existir entre los seguidores de Cristo. En sus diferentes tipos de trabajo no tienen sino una Cabeza. El mismo Espíritu obra a través de ellos en diferentes formas. Hay acción armoniosa, aunque varían los dones. Estudiad este capítulo; por él veréis que el hombre que está verdaderamente unido con Cristo nunca procederá como si fuera una unidad completa en sí mismo...
La perfección de la iglesia no depende de que cada miembro tenga exactamente la misma capacidad. Dios requiere que cada uno ocupe su debido lugar, que esté en su sitio para hacer su obra asignada de acuerdo con la capacidad que le ha sido dada (Carta 19, 1901).
Dos capítulos que deben ser aprendidos de memoria.-
Los capítulos 12 y 13 de 1 Corintios debieran ser aprendidos de memoria, escritos en la mente y en el corazón. El Señor ha colocado ante nosotros, mediante su siervo Pablo, estos temas para nuestra consideración, y los que tienen el privilegio de haber sido reunidos en carácter de iglesia, estarán unidos comprensiva e inteligentemente. La figura de los miembros que componen el cuerpo representa la iglesia de Dios y la relación que sus miembros deben mantener entre sí (MS 82, 1898).
27.
Ver EGW com. Heb. 8: 1-2. 1091
CAPÍTULO 13
Leed este capítulo cada día.-
El Señor desea que llame la atención de su pueblo al capítulo 13 de 1 Corintios. Leed este capítulo cada día, y obtened de él consuelo y fortaleza. Aprended de él el valor que Dios pone en el amor santificado, nacido en el cielo, y permitid que la lección que enseña llegue hasta vuestros corazones. Aprended que el amor semejante al de Cristo nace en el cielo, y que sin él no tienen valor todas las otras cualidades (RH 21-7-1904).
Una expresión de obediencia.-
En el capítulo 13 de 1 Corintios, el apóstol Pablo define el verdadero amor semejante al de Cristo... Este capítulo es una expresión de la obediencia de todos los que aman a Dios y guardan sus mandamientos; se pone en acción en la vida de cada verdadero creyente (Carta 156, 1900).
1. Dios sostiene las balanzas.-
No es el orador elocuente, el intelecto agudo lo que vale ante Dios. Es el propósito ferviente, la profunda piedad, el amor a la verdad, el temor de Dios, lo que tiene una influencia eficaz. Un testimonio procedente del corazón, que sale de labios en los cuales no hay engaño, lleno de fe y confianza humilde, aunque sea dado por una lengua vacilante es considerado por Dios tan precioso como el oro, mientras que el discurso ingenioso, la oratoria elocuente de aquel a quien se le han confiado grandes talentos, pero le falta veracidad, propósito firme, pureza, abnegación, es como metal que resuena y címbalo que retiñe. Quizá diga cosas ingeniosas, quizá relate anécdotas entretenidas, quizás juegue con los sentimientos, pero el espíritu de Jesús no está en esto. Todas estas cosas pueden complacer a los corazones que no están santificados; pero Dios sostiene en sus manos las balanzas que pesan las palabras, el espíritu, la sinceridad, la consagración y él declara todo eso enteramente más frívolo que la vanidad (Carta 38, 1890).
5.
Ver EGW com. Prov. 16: 32.
12 (Rom. 11: 33; Efe. 2: 7; Apoc. 7: 16-17; 22: 4; ver EGW com. 1 Cor. 15: 20, 42-52). Misterios que deben ser revelados en el cielo.-
Pero muchos misterios permanecen todavía sin ser revelados. ¡Cuánto que es reconocido como verdad es misterioso e inexplicable para la mente humana! ¡Cuán oscuros parecen los designios de la Providencia! ¡Cuánta necesidad hay de fe implícita y confianza en el gobierno moral de Dios! Estamos listos para decir con Pablo: "¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!"
No hemos avanzado todavía lo suficiente en prendas morales para comprender los misterios de Dios; pero cuando formemos parte de la familia del cielo esos misterios serán revelados ante nosotros. De los miembros de esa familia escribe Juan: "Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos. . . Y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes".
Entonces se revelará mucho mediante explicaciones de asuntos en los cuales Dios guarda ahora silencio, porque no hemos atesorado ni apreciado lo que se ha dado a conocer de los misterios eternos. Serán aclarados los caminos de la Providencia; se revelarán los misterios de la gracia mediante Cristo. Será explicado lo que la mente ahora no puede captar, que es difícil de entender. Veremos orden en lo que ha parecido inexplicable; sabiduría en todo lo encubierto; bondad y bondadosa misericordia en todo lo impartido. La verdad será revelada en una sola línea ante la mente libre de oscuridad, y su brillo será perdurable. Se hará que el corazón cante de gozo. Terminarán para siempre los conflictos, y se resolverán todas las dificultades (ST 30-1-1912).
13. Amor, el atributo más valorado.-
El atributo que más aprecia Cristo es la caridad (amor) que fluye de un corazón puro. Este es el fruto que da el árbol cristiano (MS 16, 1892).
Una planta de origen celestial.-
El amor es una planta de origen celestial, y si queremos que florezca en nuestro corazón, debemos cultivarla diariamente. Suavidad, dulzura, paciencia, no irritarse fácilmente, soportar todas las cosas, sufrir todas las cosas: éstos son los frutos del precioso árbol del amor (RH 5-6-1888).
CAPÍTULO 15
6. Hechos sagrados inmortalizados.-
Cristo no se mostró a nadie después de su resurrección, excepto a sus seguidores, pero no 1092 faltó testimonio en cuanto a su resurrección. Provino de varias fuentes: de los quinientos que se reunieron en Galilea para ver a su Señor resucitado. Este testimonio no pudo ser apagado. Se inmortalizaron los hechos sagrados de la resurrección de Cristo (MS 115, 1897).
Semblante como el rostro de Dios.-
Cristo se encontró con sus discípulos en Galilea después de su resurrección. En el tiempo señalado, unos quinientos discípulos se reunieron en la ladera de la montaña. Jesús de pronto se apareció en medio de ellos. Nadie podía decir de dónde vino ni cómo vino. Muchos de los presentes nunca lo habían visto antes, pero en sus manos y pies contemplaron las marcas de la crucifixión. Su semblante era como el rostro de Dios, y cuando lo vieron, lo adoraron (Carta 115, 1904).
9.
Ver EGW com. Hech. 9: 1-4.
20 (Lev. 23: 10-11). Cristo, la gavilla mecida simbolizada.-
Fue para la gloria de Dios por lo que el Príncipe de la vida debía ser las primicias, lo representado por la simbólica gavilla mecida. "Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos"...
Cristo fue las primicias de los que dormían. Esta misma escena -la resurrección de Cristo de los muertos- era observada simbólicamente por los judíos en una de sus fiestas sagradas... Iban al templo después de cosechar las primicias, y celebraban una fiesta de agradecimiento. Las primicias recogidas de la cosecha se dedicaban como algo sagrado al Señor. Esa parte de la cosecha no debía usarse para beneficio del hombre. Los primeros frutos maduros se dedicaban como una ofrenda de agradecimiento para Dios. El era reconocido como el Señor de la cosecha. Cuando las primeras espigas maduraban en el campo, eran cuidadosamente reunidas; y cuando la gente subía a Jerusalén eran presentadas delante del Señor, meciendo la gavilla madura ante él como una ofrenda de agradecimiento. Después de esta ceremonia podía comenzar la cosecha y juntarse el trigo en gavillas (MS 115, 1897).
20, 42-52 (cap. 13: 12; Rom. 8: 11). Una muestra de la resurrección final.-
La resurrección de Jesús fue una muestra de la resurrección final de todos los que duermen en él. El cuerpo resucitado del Salvador, su comportamiento, el timbre de su voz, todo era familiar para sus seguidores. De la misma manera se levantarán otra vez los que duermen en Jesús. Conoceremos a nuestros amigos así como los discípulos conocieron a Jesús. Aunque pueden haber estado deformados, enfermos o desfigurados en esta vida mortal, sin embargo, en sus cuerpos resucitados y gloriosos se conservará perfectamente su individualidad, y reconoceremos en el rostro radiante con la luz que brilla procedente del rostro de Jesús, las facciones de aquellos que amamos (3SP 219).
22, 45 (Rom. 5: 12-19; ver EGW com. Juan 1: 1-3, 14; Apoc. 1: 8). Se le da una segunda prueba al pecador.-
Cristo, como representante de la raza caída, pasó por el mismo terreno en el que Adán tropezó y cayó. Mediante una vida perfecta de obediencia a la ley de Dios, Cristo redimió al hombre del castigo de la oprobioso caída de Adán. El hombre ha violado la ley de Dios. La sangre de Cristo sólo valdrá para los que vuelven a su lealtad a Dios, sólo para los que obedecen la ley que han violado. Cristo nunca se pondrá al lado del pecado. Como llevó el castigo de la ley, da al pecador otra oportunidad, una segunda prueba. Abre un camino por el cual el pecador puede ser restablecido al favor de Dios. Cristo lleva el castigo de las transgresiones pasadas del hombre, e impartiendo a éste su justicia hace posible que el hombre guarde la santa ley de Dios (MS 126, 1901).
(Apoc. 1: 8; 22: 13.) El Alfa y la Omega.-
Cuando los estudiantes de la profecía se dediquen de corazón a conocer las verdades del Apocalipsis, se darán cuenta de cuánta importancia tiene esa búsqueda. Cristo Jesús es el Alfa y la Omega, el Génesis del Antiguo Testamento y el Apocalipsis del Nuevo Testamento. Ambos se reúnen en Cristo. Adán y Dios son reconciliados por la obediencia del segundo Adán, quien cumplió la obra de vencer las tentaciones de Satanás y de reparar el vergonzoso fracaso y caída de Adán.
Los dos Adanes se encontrarán en el paraíso y se abrazarán, mientras que el dragón, la bestia, el falso profeta y todos los que han rechazado las oportunidades y los privilegios que se les dieron a un costo tan infinito, y no han vuelto a su lealtad, quedarán excluidos del paraíso (MS 33, 1897).
42-52 (cap. 13: 12). La personalidad preservada en un cuerpo nuevo.-
Nuestra identidad personal quedará conservada en la 1093 resurrección, aunque no sean las mismas partículas de materia ni la misma sustancia material que fue a la tumba. Las maravillosas obras de Dios son un misterio para el hombre. El espíritu, el carácter del hombre, vuelve a Dios, para ser preservado allí. En la resurrección cada hombre tendrá su propio carácter. A su debido tiempo Dios llamará a los muertos dándoles de nuevo el aliento de vida y ordenando a los huesos secos que vivan. Saldrá la misma forma, pero estará liberada de enfermedades y de todo defecto. Vive otra vez con los mismos rasgos individuales, de modo que el amigo reconocerá al amigo. No hay una ley de Dios en la naturaleza que muestre que Dios devolverá las mismas idénticas partículas de materia que componían el cuerpo antes de la muerte. Dios dará a los justos muertos no cuerpo que será del agrado de él.
Pablo ilustra este tema con la semilla de cereal que se siembra en el campo. La semilla plantada se destruye, pero surge una nueva semilla. La sustancia natural del grano que se destruye nunca surge como antes, pero Dios le da un cuerpo como a él le place. Un material mucho mejor compondrá el cuerpo humano, pues es una nueva creación, un nuevo nacimiento. Se siembra un cuerpo natural, se levanta un cuerpo espiritual (MS 76, 1900).
51-55 (Isa. 65: 17; Mat. 25: 21; 1 Tes. 4: 16-17; Apoc. 5: 12; 21: 4). El toque final de inmortalidad.-
Tenemos un Salvador resucitado viviente. Rompió las cadenas de la tumba después que había yacido allí tres días, y en triunfo proclamó sobre el agrietado sepulcro de José: "Yo soy la resurrección y la vida". Y él viene. ¿Nos estamos preparando para él? ¿Estamos listos de modo que si cayéramos dormidos podríamos hacerlo con la esperanza en Jesucristo? ¿Estáis trabajando ahora por la salvación de vuestros hermanos y vuestras hermanas? El Dador de la vida vendrá pronto. El Dador de la vida viene para romper las cadenas de la tumba. Hará salir a los cautivos y proclamará: "Yo soy la resurrección y la vida". Allí está la hueste resucitada. El último pensamiento fue de la muerte y sus angustias. Los últimos pensamientos que tuvieron fueron del sepulcro y de la tumba; pero ahora proclaman: ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?" Las angustias de la muerte fue lo último que experimentaron: "¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?" La última cosa que reconocieron fueron las angustias de la muerte. Cuando despierten todo el dolor habrá desaparecido...
Aquí están; el último toque de inmortalidad les ha sido dado, y ascienden para encontrarse con su Señor en el aire. Los portales de la ciudad de Dios giran sobre sus goznes, y entran las naciones que han guardado la verdad. Las columnas de ángeles están a cada lado, y los redimidos de Dios entran en medio de querubines y serafines. Cristo les da la bienvenida y pronuncia sobre ellos su bendición. "Bien, buen siervo y fiel... entra en el gozo de tu Señor". ¿Cuál es ese gozo? Ve el fruto de la aflicción de su alma, y queda satisfecho.
Esto es por lo que trabajamos: aquí hay uno por quien rogamos a Dios durante la noche; allí hay otro con quien hablamos en su lecho de muerte y entregó su alma desvalida a Jesús; aquí está uno que era un desventurado ebrio. Tratamos que sus ojos se fijaran en Aquel que es poderoso para salvar, y le dijimos que Cristo podía darle la victoria. Hay coronas de gloria inmortal sobre sus cabezas, y entonces los redimidos echan sus relucientes coronas a los pies de Jesús. El coro angelical hace resonar la nota de victoria y los ángeles de las dos columnas entonan el canto, y la hueste de los redimidos se une a él como si hubieran cantado el himno en la tierra, y así fue.
¡Oh, qué música! No hay una sola nota discordante. Cada voz proclama: "El Cordero que fue inmolado es digno". El ve la aflicción de su alma, y queda satisfecho. ¿Creéis que alguno empleará allí tiempo para contar sus pruebas y terribles dificultades? "De lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento". "Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos" (MS 18, 1894). 1094