jueves, 25 de septiembre de 2008

SALMOS:

Dirección para estudiar varios salmos.-
¡Cuán terrible es que no se reconozca a Dios cuando debe hacerse! ¡Cuán triste es humillarse cuando es demasiado tarde! ¿Por qué, oh, por qué, los hombres no obedecen la invitación? Dijo el salmista: "Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová" [Sal. 27: 8]. Todo este salmo es excelente y se debe utilizar en las lecciones de lectura y ortografía de las clases. Los Salmos 28, 29 y 78 hablan de las ricas bendiciones otorgadas por Dios a su pueblo, y de la mezquina retribución recibida por todos esos beneficios. El Salmo 81 explica por qué fue esparcido Israel. Se olvidó de Dios, así como las iglesias de nuestro país lo están olvidando hoy. Leed los Salmos 89, 90, 91, 92 y 93. Se me ha llamado la atención a estos asuntos. ¿No tomaremos en cuenta la Palabra del Señor? Estas cosas fueron escritas para nuestra admonición, a quienes han alcanzado los fines de los siglos, ¿y acaso no debieran ser tema de estudio en nuestras escuelas? La Palabra de Dios contiene lecciones instructivas que se dieron para reprender, amonestar, animar e impartir ricas promesas. Un alimento como éste, ¿no sería comida a su tiempo para la juventud? (MS 96, 1899).
SALMO 1
3. ¿Qué hace que un cristiano esté siempre lozano?-
Procurad ser un árbol de hojas perennes. Llevad el ornamento de un espíritu humilde y tranquilo que a la vista de Dios es de gran precio. Atesorad la gracia del amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre, la templanza. Este es el fruto del árbol cristiano. Plantado junto a los ríos de agua, siempre da fruto a su tiempo (MS 39, 1896).
SALMO 5
5-12. (Sant. 3: 8) Rasgos distintivos del habla.-
El habla es uno de los grandes dones de Dios para el hombre. La lengua es un miembro pequeño, pero las palabras que forma, hechas audibles por la voz, tienen un gran poder. El Señor declara: "Ningún hombre puede domar la lengua". Ella ha puesto a nación contra nación y ha originado batallas y derramamiento de sangre. Las palabras han encendido fuegos difíciles de apagar; pero también han causado gozo y alegría a muchas almas. Y cuando se han pronunciado palabras porque Dios dice: "Les hablarás, pues, mis palabras", ellas con frecuencia provocan dolor para arrepentimiento.
El talento del habla lleva consigo una gran responsabilidad. Se necesita vigilarlo cuidadosamente, pues es un gran poder tanto para el mal como para el bien.
[Se cita Sal. 5: 5-12.]
En estos versículos se representan la justicia y la injusticia. Estos son rasgos característicos del habla (Carta 34, 1899).
SALMO 8
3. Ver EGW com. Isa. 60: 1.
SALMO 11
6. (Mal. 4:1) Llamas consumidoras castigan a los impíos.-
Los impíos reciben su pago en la tierra: "Sobre los malos hará llover calamidades; fuego, azufre y viento abrasador será la porción del cáliz de ellos". Desde el cielo desciende fuego de Dios. Se quebranta la tierra. Se extraen las armas ocultas en sus profundidades. Llamas consumidoras irrumpen desde cada abismo abierto. Las mismas rocas arden. Ha venido el día 1161 que arderá como un horno. Los elementos se fundirán con hirviente calor, también la tierra y las obras que hay en ella serán consumidas. Los impíos "serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos". Se los castigará a todos "según sus obras" (SW 14-3-1905).
SALMO 17
(Efe. 6: 12; Apoc. 12: 12) La lucha de David.-
David era un hombre representativo. Su historia es de interés para cada alma que se esfuerce por ganar victorias eternas. En su vida luchaban dos poderes por lograr la supremacía. La incredulidad reunió sus fuerzas y trató de eclipsar la luz que brillaba sobre él desde el trono de Dios. Día tras día continuaba la batalla en su corazón. Satanás disputaba cada paso de avance que daban las fuerzas de la justicia. David comprendió lo que significaba luchar contra principados y potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo. A veces parecía que el enemigo iba a ganar la victoria; pero al fin vencía la fe, y David se regocijaba en el poder salvador de Jehová.
Todo seguidor de Cristo debe pasar por la lucha por la cual pasó David. Satanás ha descendido con gran poder sabiendo que su tiempo es corto. Se libra la lucha ante la vista plena del universo celestial, y hay ángeles que están listos para levantar un estandarte contra el enemigo, en favor de los acosados soldados de Cristo, y de poner en sus labios cantos de victoria y regocijo (MS 38, 1905).
5. En todos los caminos hay peligros.-
No debéis sorprendernos si no es placentero todo lo que hay en el camino hacia el cielo. No vale la pena mirar nuestros propios defectos. Mirando a Jesús se desvanece la oscuridad y brilla la verdadera luz. Avanzad diariamente pronunciando la oración de David: "Sustenta mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen". En todos los caminos de la vida hay peligros, pero estamos seguros si seguimos donde el Maestro nos guía, confiando en Aquel cuya voz oímos que nos dice: "Sígueme... El que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida". Repose vuestro corazón en su amor. Necesitamos santificación de alma, cuerpo y espíritu. Esto debemos buscar (NL Nº. 11, pág. 2).
SALMO 18
3. La determinación aumenta el poder de la voluntad.
Cuando confesáis ante hombres y mujeres vuestra confianza en el Señor, se os impartirá más vigor. Determinaos a alabar a Dios. Con la determinación firme se aumenta el poder de la voluntad; y pronto hallaréis que no podréis menos que alabarlo [se cita Sal. 18: 3 ] (MS 116, 1902).
25. Una ilustración de misericordia y rectitud.-
Continúa el salmista: "Con el misericordioso te mostrarás misericordioso". Comencemos a poner en práctica la instrucción que se nos da en el capítulo 58 de Isaías, mostrando misericordia a los que están afligidos. "Y [te mostrarás] recto para con el hombre íntegro". Dios recompensará a los hombres de acuerdo con su rectitud (MS 116, 1902).
26. Dios nos encuentra donde estamos.-
"Limpio te mostrarás para con el limpio, Y severo serás para con el perverso"; es decir, así como Dios nos encuentra donde estarnos, también nosotros debemos hallar a los hombres donde están. No nos coloquemos fuera del alcance de la misericordia y el amor de Dios, rehusando encontrar a nuestros prójimos en donde éstos se hallan (MS 116, 1902).
SALMO 19
(Sal. 119: 130.) Enseñad lecciones de los cielos.-
Dios exhorta a los maestros a que contemplen los cielos y estudien las obras de Dios en la naturaleza. [Se cita Sal. 19: 1-3.] ¿No atesoraremos en la memoria las lecciones que enseña la naturaleza? ¿No abriremos los ojos de nuestros sentidos y daremos entrada a las bellas cosas de Dios? Haríamos bien en leer el Salmo 19 con frecuencia para que podamos comprender cómo el Señor une su ley con sus obras creadas...
Hemos de contemplar las maravillosas obras de Dios y repetir a nuestros hijos las lecciones aprendidas de ellas, para que podamos guiarlos a ver, en las obras creadas por Dios, su habilidad, poder y grandiosidad.
¡Qué Dios es nuestro Dios! Gobierna sobre su reino con diligencia y solicitud, y ha construido un cerco -los Diez Mandamientos- alrededor de sus súbditos para librarlos de la transgresión. Al exigir obediencia a las leyes de su reino, Dios da a los suyos salud y felicidad, paz y gozo. Les enseña que la perfección del carácter que él requiere sólo se puede obtener al familiarizarce con su Palabra. El salmista declara: "La exposición de tu palabra alumbra; hace entender a los simples" (MS 96, 1899).
1-14. Una revelación de una educación más elevada.-
Cuando el Hijo del hombre vino para estar entre los hombres, trajo consigo la inteligencia del cielo, pues él creó los mundos y todas las cosas que hay en ellos. El estudio que hace el hombre de las ciencias y de la naturaleza -sin la ayuda de la instrucción divina- no alcanza las cosas preciosas que Cristo quisiera hacerle aprender en las cosas del mundo natural. No llega a ser instruido por las cosas pequeñas de la naturaleza que enseñan verdades grandes e importantes, esenciales para la salvación del alma.
La obediencia a las leyes naturales es obediencia a las leyes divinas. Cristo vino a todos como el Dios de la naturaleza. Vino para reflejar en todas las cosas de la naturaleza, en su relativa importancia, la gloria del cielo; para impresionar la mente humana con la gloria de Aquel que creó todas las cosas; para enseñar a los hombres a que obedezcan su voz, e impartir la ciencia de la verdadera educación, que es la sencillez de la verdadera religión. [Se cita Sal. 19: 1-6.]
Entonces el salmista relaciona la ley de Dios que rige el mundo natural con las leyes dadas para sus inteligencias creadas. [Se cita Sal. 19: 7-14.]
Este salmo revela la educación más elevada que todos deben recibir, o perecer en sus pecados. El hombre por sí mismo es desobediente a las leyes de Jehová. Cuando el Señor ordena a la naturaleza que dé testimonio de las cosas que él ha hecho, instantáneamente testifica de la gloria de Dios.
Cristo usa las cosas terrenales, como símbolos de las espirituales. La parábola del sembrador y la semilla tiene una lección de la más elevada importancia. Cristo la ha abierto ante nosotros como un libro de texto, para representar la siembra espiritual. El Señor llama la atención a las cosas que ha creado, y esas cosas repiten las lecciones de Cristo. Ordena a las cosas de la naturaleza que hablen a los sentidos, para que el hombre pueda prestar atención a la voz de Dios que está allí. Las cosas de la naturaleza hablan verdades eternas (MS 28, 1898).
1 (ver EGW com. Isa. 40: 26) La luna y las estrellas pueden ser nuestros compañeros.-
Los cielos pueden ser para ellos [los jóvenes] un libro de estudio, del cual pueden aprender lecciones de intenso interés. La luna y las estrellas pueden ser sus compañeros que les hables con un lenguaje elocuentísimo del amor de Dios. (YI 25-10-1900).
Las ciencias naturales, almacén de Dios.-
Si el seguidor de Cristo cree en la Palabra de Dios y la practica, no habrá ciencia en el mundo natural que no pueda entender y dominar, [no habrá] nada que no le proporcione los medios con los cuales pueda impartir la verdad a otros. Las ciencias naturales son el almacén de Dios en el que puede abastecerse cada estudiante de la escuela de Cristo. El modo de obrar de Dios en la filosofía natural y los misterios de su trato con el hombre son un tesoro a la disposición de todos (MS 95, 1898).
No pueden divorciarse la ciencia y a religión.-
La naturaleza está llena de lecciones del amor de Dios. Estas lecciones entendidas correctamente, conducen al Creador. Señalan, desde el mundo natural, al Dios de la naturaleza, enseñando esas verdades sencillas y santas que limpian la mente y la ponen en íntimo contacto con Dios. Estas lecciones destacan la verdad de que no se pueden divorciar la ciencia y la religión.
Cristo vino a esta tierra para enseñar a los hombres los ministerios del reino de Dios; pero por causa del razonamiento humano los hombres no pueden entender sus lecciones. La sabiduría del hombre es incapaz de originar la ciencia, que es divina... Cuando el hombre se reconcilia con Dios, la naturaleza le habla en palabras de sabiduría celestial, y le da testimonio de la eterna verdad de la Palabra de Dios. Cuando Cristo nos dice el significado de las cosas de la naturaleza, fulgura la ciencia de la verdadera religión para explicar la relación de la ley de Dios con el mundo natural y espiritual (MS 67, 1901).
1-3 (ver EGW com. Sal. 147: 4) El estudio de la creación eleva la mente.-
Si los frívolos y los buscadores de placeres permitiesen que su mente se explayara en lo real y verdadero, el corazón no podría menos de llenarse de reverencia, y adorarían al Dios de la naturaleza. El estudio del carácter de Dios, tal como se revela en sus obras creadas, abrirá un horizonte al pensamiento que apartará la mente de los placeres viles y enervantes. El conocimiento de las obras y los caminos de 1163 Dios sólo podemos comenzar a captarlo en este mundo; el estudio continuará a través de la eternidad (YI 6-5-1897).
1-6. Las fuerzas de la naturaleza son instrumentos de Dios.-
[Se cita Sal. 19: 1-6.] Dios nos insta a que contemplemos sus obras en el mundo natural. Desea que apartemos la mente del estudio de lo artificial a lo natural. Entenderemos esto mejor cuando elevemos la mirada a los montes de Dios y contemplemos las obras que ha creado su propia mano. Son las obras de Dios. Su mano ha modelado las montañas y las equilibra en su posición para que no sean movidas, excepto por su palabra. El viento, el sol, la lluvia, la nieve y el hielo son sus ministros que cumplen su voluntad (MS 16, 1897).
14 (Prov. 4: 23; Mat. 12: 34-37; Fil. 4: 8) El pensar controlado y noble es aceptable ante Dios.-
[Se cita Sal. 19: 14.] Cuando Dios obra sobre el corazón mediante su Espíritu Santo, el hombre debe cooperar con él. Los pensamientos deben estar sujetos, bajo control, apartados de las desviaciones y de la contemplación de las cosas que tan sólo debilitan y contaminan el alma. Los pensamientos deben ser puros, las meditaciones del corazón limpias, para que las palabras de la boca sean aceptables ante el cielo y útiles para los que nos rodean... [Se cita Mat. 12: 34-37.]
En el Sermón del Monte Cristo presentó ante sus discípulos los abarcantes principios de la ley de Dios. Enseñó a sus oyentes que se quebranta la ley con los pensamientos antes de que el mal deseo se convierta en realidad. Estamos obligados a controlar nuestros pensamientos y a ponerlos en sujeción a la ley de Dios. Las nobles facultades de la mente nos han sido dadas por el Señor para que podamos emplearlas en contemplar las cosas celestiales. Dios ha provisto en abundancia para que el alma pueda progresar continuamente en la vida divina. Por dondequiera ha dispuesto instrumentos para que nos ayuden en el desarrollo del conocimiento y de la virtud; y sin embargo, ¡cuán poco se aprecian esos recursos y cuán poco se disfruta de ellos! ¡Con cuánta frecuencia se entrega la mente a la contemplación de lo que es terrenal, sensual y ruin! Dedicamos nuestro tiempo y pensamiento a las cosas triviales y vulgares del mundo, y descuidamos los grandes intereses que atañen a la vida eterna. Las nobles facultades de la mente se empequeñecen y debilitan porque no se las ejercita en temas que son dignos de su concentración. [Se cita Fil. 4: 8.]
Todo el que desee participar de la naturaleza divina tenga en cuenta el hecho de que debe huir de la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia. Debe haber una lucha constante y diligente del alma contra las impías imaginaciones de la mente. Es necesaria una firme resistencia ante la tentación de pecar en pensamiento o acción. Se debe guardar el alma de toda mancha mediante la fe en Aquel que es poderoso para guardarnos sin caída. Debiéramos meditar en las Escrituras, pensando sobria y sinceramente en las cosas que atañen a nuestra salvación eterna. La misericordia infinita y el amor de Jesús, el sacrificio hecho por nosotros, demandan nuestra reflexión más seria y solemne. Deberíamos espaciarnos en el carácter de nuestro amado Redentor e Intercesor. Debiéramos tratar de comprender el significado del plan de salvación. Tendríamos que meditar en la misión de Aquel que, vino para salvar a su pueblo de sus pecados. Al contemplar constantemente los temas celestiales, se fortalecerán nuestra fe y nuestro amor. Nuestras oraciones serán más y más aceptables ante Dios, porque estarán mezcladas cada vez más con fe y amor. Serán más inteligentes y fervientes. Habrá una confianza más constante en Jesús, y tendremos una experiencia diaria y viviente en cuanto a la voluntad y el poder de Cristo para salvar hasta lo sumo a todo el que se allega a Dios por medio de él.
Contemplando [a Cristo] seremos transformados, y al meditar en las perfecciones de nuestro Modelo divino, desearemos llegar a ser cambiados completamente y renovados a la imagen de su pureza. El alma tendrá hambre y sed de hacerse como Aquel a quien adoramos. Cuanto más concentremos nuestros pensamientos en Cristo, más hablaremos de él a otros y lo representaremos ante el mundo. Se nos llama a salir y a separarnos del mundo para que seamos hijos e hijas del Altísimo; y estamos bajo la sagrada obligación de glorificar a Dios como hijos suyos en la tierra. Es esencial que la mente se fije en Cristo para que podamos esperar hasta el fin la gracia que se nos traerá cuando Jesucristo se manifieste (RH 12-6-1888).
SALMOS 19, 20
Los Salmos 19 y 20 son especialmente para nosotros.-
El Señor quiere que nos demos cuenta de nuestra verdadera condición espiritual. Desea que cada alma se humille de corazón y mente ante él. Las palabras de la inspiración de los Salmos 19 y 20 me son presentadas para nuestro pueblo. Tenemos el privilegio de aceptar estas preciosas promesas y creer en las amonestaciones. Oro para que nuestro corazón comprenda plenamente los peligros que rodean a los que son indiferentes ante el bienestar eterno de las almas. Necesitamos escudriñar las Escrituras como nunca antes. La Palabra de Dios ha de ser nuestro educador y nuestro guía. Hemos de comprender lo que dicen las Escrituras.
Durante la noche me parecía estar repitiendo estas palabras a la gente: Hay necesidad de un estricto examen del yo. Ahora no tenemos tiempo que perder en complacencia propia. Si estamos en relación con Dios, humillaremos el corazón ante él y seremos muy celosos en el perfeccionamiento del carácter cristiano. Tenemos una grandiosa y solemne obra que hacer, pues hay que iluminar al mundo en cuanto a los tiempos en que vivimos; y la gente será iluminada cuando se dé un testimonio directo. Se la inducirá a un diligente examen del yo (Carta 12, 1909).
SALMO 25
18 (2 Sam. 16: 12) Un hombre fuerte en una tormenta.-
David nunca fue más digno de admiración que en su hora de adversidad. Nunca este cedro de Dios fue más verdaderamente grande que cuando luchó con la tormenta y la tempestad. Era un hombre de un temperamento vehementísimo, que pudo haber albergado el más profundo resentimiento. Fue herido en vivo con la acusación de una falta que no había cometido. Nos dice que el reproche le había quebrantado el corazón. Y no hubiera causado sorpresa si, aguijoneado hasta el punto de perder la cabeza, hubiera dado rienda suelta a sus sentimientos de irritación descontrolada, a estallidos de ira vehemente y a expresiones de venganza. Pero no se produjo nada de esto, que se esperaría, naturalmente, de un hombre de un carácter como el suyo. Con el ánimo quebrantado, y emocionado hasta derramar lágrimas, pero sin una expresión de queja, da la espalda a las escenas de su gloria y también de su crimen, y huye para salvar la vida (Carta 6, 1880).
SALMO 32
1, 2. David se reconvirtió.-
David fue perdonado de sus transgresiones porque humilló su corazón ante Dios, con arrepentimiento y contrición de alma, y creyó que se cumpliría la promesa de perdón de Dios. Confesó su pecado, se arrepintió y se reconvirtió. En el arrobamiento de la seguridad del perdón, exclamó: "Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño". Se recibe la bendición gracias al perdón; se recibe el perdón por la fe en que el pecado que se ha confesado, y del cual uno se ha arrepentido, lo carga Aquel que lleva todos los pecados. Así fluyen de Cristo todas nuestras bendiciones. Su muerte es un sacrificio expiatorio por nuestros pecados. El es el gran intermediario por medio de quien recibimos la misericordia y el favor de Dios. Es sin duda el originador y el autor, así como el consumador de nuestra fe (MS 21, 1891).
SALMO 33
6, 9
Ver EGW com. Gén. 1: 1-3, t. I, pág. 1095.
SALMO 34
12-15. La seguridad favorece la salud
[Se cita 1 Ped. 3: 10-12.]. . .
La seguridad de la aprobación de Dios promoverá la salud física. Fortalece al alma contra la duda, la perplejidad y el pesar excesivo que, con tanta frecuencia, minan las fuerzas vitales y causan enfermedades nerviosas tremendamente debilitantes y aflictivas. El Señor ha empeñado su palabra infalible de que sus ojos estarán sobre los justos, y sus oídos abiertos a sus oraciones, pero que está contra todos los que proceden mal. No imponemos un trabajo muy arduo cuando tomamos un camino que pone al Señor contra nosotros (RH 16-10-1883). 1165
SALMO 35
28. Educación de la lengua.-
Se necesita educar, disciplinar y ejercitar la lengua para que hable de las glorias del cielo, para que converse del incomparable amor de Jesucristo (Carta 32, 1890).
SALMO 42
1. Nuestra alma debiera tener hambre de los dones del cielo.-
Tenemos que ir a Dios con fe y derramar nuestras súplicas ante él, creyendo que obran en nuestro favor y en el de otros a quienes tratamos de salvar. Hemos de dedicar más tiempo a la oración ferviente. Con la confiada fe de un niñito hemos de ir a nuestro Padre celestial para contarle todas nuestras necesidades. El siempre está listo para perdonar y ayudar. Es inagotable la provisión de sabiduría divina, y el Señor nos anima para que nos sirvamos abundantemente de ella. El anhelo que debiéramos tener de las bendiciones espirituales se describe en las palabras: "Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía". Necesitamos que nuestra alma sienta un hambre más profunda de los ricos dones que el cielo tiene para conferirnos. Debemos sentir hambre y sed de justicia.
Ojalá tuviéramos un deseo consumidor de comprender, a Dios con un conocimiento experimental, de llegar a la cámara de audiencias del Altísimo con la mano de la fe levantada y dejando caer nuestra alma desvalida delante de Aquel que es poderoso para salvar. Su amante bondad es mejor que la vida (MS 38, 1905).
SALMO 51
1-17. El camino de regreso a Dios.-
Presento delante de vosotros el Salmo 51: un salmo lleno de preciosas lecciones. De él podemos aprender el camino a seguir si nos hemos apartado del Señor. Al rey de Israel -exaltado y honrado- el Señor envió un mensaje de reproche por medio de su profeta David confesó su pecado y humilló el corazón al declarar que Dios es justo en todo su proceder [se cita Sal. 51: 1-17] (MS 147, 1903).
El pecado es principalmente contra Dios.-
El pecado es pecado, ya sea que lo cometa el que ocupa un trono o el más humilde. Vendrá el día cuando todos los que han cometido pecado lo confesarán, aunque sea demasiado tarde para que reciban perdón. Dios espera mucho tiempo para que el pecador se arrepienta. Manifiesta una tolerancia admirable; pero a la larga llamará a cuentas al transgresor de su ley.
Un hombre es culpable cuando perjudica a su prójimo, pero su culpa principal está en el pecado que haya cometido contra el Señor y la mala influencia de su ejemplo sobre otros.
El sincero hijo de Dios no toma livianamente ninguno de los requerimientos divinos (MS 147, 1903).
3. Una conciencia viva conduce a la confesión.-
David con frecuencia triunfó en Dios, y sin embargo se detuvo mucho en su propia indignidad y pecaminosidad. No tenía dormida ni muerta la conciencia. "Mi pecado -clamó- está siempre delante de mí". No se hizo la ilusión de que el pecado era algo con lo cual él no tenía nada que ver y que no le concernía. Cuando vio las profundidades del engaño en su corazón, se disgustó profundamente consigo mismo, y oró para que Dios lo guardara, mediante su poder, de los pecados de la presunción, y lo limpiara de errores secretos.
Es peligroso que cerremos los ojos y endurezcamos la conciencia al punto de que no veamos ni comprendamos nuestros pecados. Necesitamos apreciar la instrucción que hemos recibido acerca del carácter odioso del pecado, a fin de que nos arrepintamos de nuestras transgresiones y las confesemos (Carta 71, 1893).
SALMO 63
5, 6 (Sal. 104: 34). La meditación conduce al amor y a la comunión.-
Descansad completamente en las manos de Jesús. Contemplad su gran amor, y mientras meditáis en su abnegación, su infinito sacrificio hecho a nuestro favor a fin de que creyéramos en él, vuestro corazón se llenará de santo gozo, tranquila paz e indescriptible amor. Mientras hablamos de Jesús, mientras lo invocamos en oración, se robustece nuestra confianza de que es nuestro Salvador personal y amante, y su carácter aparecerá cada vez más hermoso... Podremos disfrutar de ricos festines de amor, y al creer plenamente que somos suyos por adopción, podremos gastar del cielo por 1166 anticipado. Esperad en el Señor con fe. Mientras oramos, él atrae nuestra alma, y nos hace sentir su precioso amor. Nos aproximamos a él, y podemos mantener una dulce comunión con él. Vemos con claridad su ternura y compasión, y el corazón se quebranta y enternece al contemplar el amor que nos es dado. Ciertamente sentimos que hay un Cristo que mora en el alma. Vivimos en él, y nos sentimos a gusto con Jesús. Las promesas llenan el alma. Nuestra paz es como un río; ola tras ola de gloria inundan el corazón, y, sin duda, cenamos con Jesús y él con nosotros. Tenemos la sensación de que comprendemos el amor de Dios y descansamos en su amor. Ningún lenguaje puede describir esto; está más allá del conocimiento. Somos uno con Cristo, nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Sentimos la seguridad de que cuando se manifieste Aquel que es nuestra vida, entonces también seremos manifestados con él en gloria. Con profunda confianza podemos llamar a Dios nuestro Padre (Carta 52, 1894).
SALMO 66
1-5. Con frecuencia Cristo cantaba este salmo.-
[Se cita Sal. 66: 1-5.] Con frecuencia Cristo cantaba este salmo y porciones de los Salmos 68 y 72. Así enseñaba a otros, en la forma más sencilla y modesta (YI 8-9-1898).
16. Alabad más a Dios.
¿No sería bueno que cultiváramos la gratitud y ofreciéramos gratos cantos de agradecimiento a Dios? Como cristianos debemos alabar a Dios más de lo que lo hacemos. Deberíamos introducir en nuestra vida más del brillo de su amor. Cuando por fe miramos a Jesús, los semblantes reflejan su gozo y paz. ¡Cuán fervientemente debiéramos procurar relacionarnos con Dios de manera que en el rostro reflejemos la luz del sol de su amor! Cuando nuestra propia alma está vivificada por el Espíritu Santo, ejercemos una influencia elevadora sobre otros que no conocen el gozo de la presencia de Cristo.
Dijo David: "Venid, oíd todos los que teméis a Dios, y contaré lo que ha hecho a mi alma" (MS 115, 1903).
SALMO 71
9, 17, 19 (Sal. 92: 13-15) Estad en guardia contra los males propios de la vejez.-
David rogó al Señor que no lo abandonara en la vejez. ¿Y por qué oró así? Vio que la mayoría de los ancianos que lo rodeaban no eran felices debido a que sus indeseables rasgos de carácter aumentaban con la edad. Si por naturaleza habían sido mezquinos y codiciosos, lo eran muchísimo más en los años de la madurez. Si habían sido celosos, irritables e impacientes, eso se tornaba peor con la vejez.
David se sintió angustiado cuando vio que los que una vez parecían haber experimentado el temor de Dios, en la vejez aparentemente estaban abandonados de Dios y expuestos al ridículo de los enemigos del Señor. ¿Y por qué se encontraban así? Al avanzar la vejez parecían perder las facultades de discernimiento que habían tenido, y estaban listos para escuchar los consejos engañosos de los extraños acerca de las personas en quienes debían confiar. Sus celos, a veces desenfrenados, estallaban en forma incontenible porque todos no concordaban con su parecer vacilante. Algunos pensaban que sus mismos hijos y parientes querían que ellos murieran a fin de ocupar sus lugares, poseer su riqueza y recibir el homenaje que les había sido conferido. Y otros se dejaban dominar de tal modo por los sentimientos de celos y codicia, que llegaban al punto de destruir a sus propios hijos.
David se conmovió profundamente. Se sintió angustiado. Previó el tiempo cuando sería viejo, y temió que Dios lo abandonaría, y que sería tan desventurado como otros ancianos cuya conducta había contemplado, y que sería abandonado al vituperio de los enemigos del Señor. Abrumado por esa preocupación, oró fervorosamente [se cita Sal. 71: 9, 17, 19]. David sintió la necesidad de ponerse en guardia contra los males propios de la vejez.
Es frecuente el caso de ancianos que no están dispuestos a reconocer que va menguando su vigor mental, y por eso acortan sus días preocupándose de cosas que ya debieran atender sus hijos. Con frecuencia Satanás les excita la imaginación y los induce a acumular sus recursos con preocupación mezquina, y así les fomenta una ansiedad continua por sus bienes terrenales. Algunos aun se privan de muchas de las comodidades de la vida y se exceden en el trabajo antes que usar los medios que tienen. Así están continuamente acongojados por el temor de sufrir necesidades 1167 en algún tiempo futuro.
Si tuvieran la actitud mental que Dios quiere que tengan, sus últimos días podrían ser los mejores y más felices de su vida. Los que tienen hijos cuya honradez y conducta merecen su confianza, deben permitir que éstos administren sus bienes y les den lo necesario para ser felices. A menos que hagan esto, Satanás se aprovechará de su falta de vigor mental y él será quien los administre. Debieran deponer ansiedades y preocupaciones, y ocupar su tiempo en la forma más feliz que puedan, madurando bien para el cielo (ST 19-2-1880).
17.
Ver EGW com. 1 Sam. 2: 26, t. II, pág. 1004.
SALMO 77
7, 10-12. Los fluctuantes estados mentales de David.-
El ánimo del salmista David pasó por muchos cambios. A veces, cuando se percataba de la voluntad y de los caminos de Dios, sentía gran euforia; después, cuando captaba una imagen del reverso de la misericordia y del inmutable amor de Dios, todo le parecía que estaba envuelto en una nube de oscuridad. Pero a través de la oscuridad obtenía una visión de los atributos de Dios, que le daban confianza y fortalecían su fe. Pero cuando meditaba en las dificultades y en los peligros de la vida, le parecían tan difíciles de sobrellevar, que se sentía abandonado de Dios debido a sus pecados. Veía su pecado en una manera tan clara, que exclamó: "¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá más a sernos propicio?"
Pero mientras lloraba y oraba, obtuvo una visión más clara del carácter y de los atributos de Dios, fue instruido por los agentes celestiales y llegó a la conclusión de que eran exageradas sus ideas de la severidad de Dios. Rechazó sus impresiones -que atribuyó a su debilidad, ignorancia y enfermedades corporales-, consideró que deshonraban a Dios y exclamó con fe renovada: "Enfermedad mía es ésta; traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo".
Con sumo fervor estudió las formas en que procede Dios, expresadas por Cristo cuando estuvo rodeado por la columna de nube, y dadas a Moisés para que fueran fielmente repetidas a todo Israel. Trajo a la memoria lo que Dios había hecho para asegurarse para sí un pueblo al cual pudiera confiar la verdad sagrada y vital para siglos futuros. Dios obró muy maravillosamente para liberar a más de un millón de personas; y cuando David consideró las señales y promesas divinas para ellos -sabiendo que eran para todos los que las necesitaban tanto como para Israel- las apropió para sí, diciendo: "Me acordaré de las obras de JAH; sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. Meditaré en todas tus obras, y hablaré de tus hechos".
Su fe se aferró de Dios, y se animó y fortaleció. Aunque reconocía como misteriosos los caminos de Dios, sabía que eran misericordiosos y buenos, pues éste fue el carácter divino tal como se reveló a Moisés: "Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él proclamando el nombre de Jehová. Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad". Cuando David hizo suyas esas promesas y esos privilegios, decidió dejar de ser apresurado en sus juicios, y no desanimarse ni abatirse en inútil desesperación. Su alma se reanimó cuando contemplo el carácter de Dios tal como se manifiesta en sus enseñanzas, su paciencia, excelsa grandeza y misericordia, y vio que a las obras y maravillas de Dios no se debe dar una aplicación restringida.
Pero de nuevo cambió la experiencia de David [se cita Sal. 73: 2-5, 12, 17-23, 28] (MS 4,1896).
SALMO 89
14. Hermanos gemelos.-
La Justicia tiene hermanos gemelos que siempre debieran andar a su lado: la Misericordia y el Amor (Carta 18e, 1890).
(1 Ped. 5: 3) Los hombres no deben dominar a otros.-
Que los que ocupan puestos de importancia se desprendan del espíritu inmisericorde que tanto ofende a Dios. Justicia y juicio son el cimiento de su trono. No suponga nadie que Dios ha dado a los hombres el poder para regir a sus prójimos. El no aceptará el servicio de ningún hombre que dañe y desanime la heredad de Cristo. Ahora es el tiempo para que cada uno se autoexamine, se pruebe a sí mismo, a fin de que pueda ver si está en la fe. Investigad íntimamente los motivos que os mueven a la acción. Estamos 1168 ocupados en la obra del Altísimo. No entretejamos en la trama de nuestra obra una sola hebra de egoísmo. Elevémonos a un plano más alto en nuestra experiencia diaria. Dios no tolerará los pecados de ningún hombre (MS 42, 1901).
SALMO 90
8. Podemos ver nuestra vida como Dios la ve.-
Espaciarse en la belleza, la bondad, la misericordia y el amor de Jesús fortalece las facultades mentales y morales; y entre tanto que la mente se ejercita para hacer las obras de Cristo, para llegar a ser hijos obedientes, habitualmente preguntaréis: ¿Es éste el camino del Señor? ¿Se agradará Jesús con que yo haga esto? Este proceder ¿será para agradarme a mí mismo o para agradar a Jesús?
Entonces cada alma recordará las palabras del Señor: "Pusiste ... nuestros yerros a la luz de tu rostro". Muchos necesitan efectuar un cambio radical en la tendencia de sus pensamientos y acciones, si desean agradar a Jesús. Nuestros pecados rara vez nos parecen tan terribles como lo son a la vista de Dios. Muchos se han habituado a seguir una senda de pecado, y sus corazones se endurecen bajo la influencia del poder de Satanás. Sus pensamientos son cautivados por la mala influencia de éste. Pero estando con la fortaleza y gracia de Dios se oponen con la voluntad a las tentaciones de Satanás, se aclara su mente; el corazón y la conciencia, al ser influidos por el Espíritu de Dios, se hacen sensibles, y entonces el pecado aparece tal como es excesivamente pecaminoso. Entonces es cuando realmente ven y comprenden los pecados secretos. Confiesan sus pecados a Dios, se arrepienten de ellos y se avergüenzan del pecado... El los quita de "la luz de [su] rostro" y los pone a sus espaldas (Carta 43, 1892).
SALMO 91
La pérdida que sufren los impíos.-

En el Salmo 91 hay una descripción sumamente maravillosa de la venida del Señor para poner fin a la impiedad y a los impíos, y para dar la seguridad de su amor y cuidado protector a los que lo han elegido como su Redentor.
[Se cita Sal. 91: 1-15.]
Los rectos comprenden el gobierno de Dios, y triunfarán con santa alegría en la protección y salvación eternas que, mediante sus méritos, Cristo ha logrado para ellos. Recuerden esto todos, y no lo olviden, que los impíos -los que no reciben a Cristo como su salvador personal- no entienden su providencia. No han elegido el camino de la rectitud, y no conocen a Dios. A pesar de todos los beneficios que él tan bondadosamente les concede, han abusado de su misericordia dejando de reconocer su bondad y clemencia al dispensarles esos favores. En cualquier momento Dios puede retirar de los impenitentes las prendas de su misericordia y amor maravillosos.
¡Ojalá los seres humanos pudieran considerar cuál será el resultado seguro de su ingratitud para con Dios y de su desprecio del don infinito de Cristo para nuestro mundo! Si continúan amando la transgresión antes que la obediencia, las bendiciones presentes y la gran misericordia de Dios de que ahora disfrutan, pero que no aprecian, finalmente serán la causa de su ruina eterna. Por un tiempo podrán elegir dedicarse a diversiones mundanas y placeres pecaminosos antes que a refrenarse en su senda de pecado, y vivir para Dios y para el honor de la Majestad del cielo. Pero cuando sea demasiado tarde para que vean y comprendan lo que han menospreciado como algo baladí, sabrán lo que significa estar sin Dios y sin esperanza; entonces se darán cuenta de lo que han perdido al elegir ser desleales a Dios y mantenerse en rebelión contra sus mandamientos. En lo pasado desafiaron el poder de Dios y rechazaron sus invitaciones miseriordiosas; finalmente caerán sobre ellos los juicios divinos. Entonces comprenderán que han perdido la felicidad: vida, vida eterna en las cortes celestiales...
En el tiempo cuando caigan los castigos de Dios sin misericordia, oh, ¡cuánto envidiarán los impíos la condición de los que habitan "al abrigo del Altísimo": el pabellón en el cual oculta el Señor a todos los que lo han amado y han obedecido sus mandamientos! Para los que sufren a consecuencia de sus pecados, ciertamente será envidiable la suerte de los justos en un tiempo tal. Pero después que termine el tiempo de gracia, la puerta de la misericordia se cerrará para los impíos; no se ofrecerán más oraciones a su favor.
Pero ese tiempo no ha llegado todavía. Aún ha de oírse la dulce voz de la misericordia. 1169 El Señor llamar ahora a los pecadores para que vayan a él (MS 151, 1901).
SALMO 92
12. Un cristiano como "palmera".-
La palmera representa adecuadamente la vida de un cristiano. Se levanta derecha en medio de la calcinante arena del desierto, y no muere, pues extrae su sustento de las fuentes de vida que hay debajo de la superficie (RH 1-9-1885).
El cristiano, una palmera en el desierto.
[Se cita Sal. 92: 12.] Ved al fatigado viajero que se esfuerza sobre las cálidas arenas del desierto, sin ningún refugio que lo proteja de los rayos de un sol tropical. Se termina su provisión de agua, y no tiene nada con que apagar su sed ardiente. Se le hincha la lengua, se tambalea como sin ebrio. Desfilan por su mente visiones de su hogar y de sus amigos mientras cree que perecerá pronto en el terrible desierto. De pronto los que estáis adelante emiten un rito de gozo. A la distancia, descollando sobre el monótono desierto de arena, está una palmera verde y floreciente. La esperanza le reanima el pulso. Lo que vigoriza y refresca a la palmera refrigerará el pulso febril y dará vida a los que están pereciendo de sed.
Como la palmera que extrae alimento de las fuentes de agua viva se mantiene verde y floreciente en medio del desierto, también el cristiano puede extraer ricas provisiones de gracia de la fuente del amor de Dios, y así guiar a las almas cansadas que estáis abrumadas de desasosiego y casi por perecer en el desierto del pecado, a las aguas de las que pueden tomar y vivir. El cristiano siempre conduce a sus prójimos a Jesús, el cual invita: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba". Esta fuente nunca nos engaña; podemos sacar agua de ella vez tras vez (ST 26-10-1904).
Si el cristiano de alguna manera ha de prosperar y progresar, debe hacerlo en medio de aquellos que no conocen a Dios, en medio de burladores, y sometido al ridículo. Pero debe mantenerse derecho como la palmera del desierto. El cielo puede ser como bronce, la arena del desierto puede golpear las raíces de la palmera y amontonarse alrededor de su tronco; sin embargo, el árbol vive siempre lozano, fresco y vigoroso en medio de las candentes arenas del desierto. Remuévase la arena hasta llegar a las raicillas de la palmera, y se descubrirá el secreto de su vida; avanza hacia abajo, profundamente, por debajo de la superficie hasta las aguas secretas, ocultas en la tierra. Los cristianos, sin duda, pueden ser representados adecuadamente por la palmera. Son como Enoc: aunque estén rodeados por influencias corruptoras, su fe se aferra del Invisible. Caminan con Dios y obtienen vigor y gracia de él para resistir la corrupción moral que los rodea. Como Daniel en la corte de Babilonia, se mantienen puros y sin contaminación; su vida está escondida con Cristo en Dios. Son virtuosos en espíritu en medio de la depravación; fieles y leales, fervientes y entusiastas, mientras están rodeados por incrédulos, por hipócritas con apariencia de piedad, por impíos y mundanos. Su fe y su vida están ocultas con Cristo en Dios. Jesús está en ellos como una fuente de agua que brota para vida eterna. La fe, como las raicillas de la palmera, penetra debajo de las cosas que se ven y extrae alimento espiritual de la Fuente de la vida (ST 8-7-1886).
(Eze. 31: 7.) El cristiano, un robusto cedro.-
Cuando el amor de Jesús more en el alma, muchos que ahora no son sino ramas marchitas se volverán como los cedros del Líbano, cuyas raíces están "junto a muchas aguas". El cedro se destaca por la firmeza de sus raíces. No contento con adherirse a la tierra con unas pocas y débiles fibras, proyecta sus raicillas como una robusta cuña dentro de la roca hendida y se extiende hacia abajo, cada vez mas profundamente, en busca de algo firme en que aferrarse. Cuando la tempestad lucha con sus ramas, ese árbol bien plantado no puede ser desarraigado. ¡Que excelente cedro podría llegar a ser cada seguidor de Cristo, si tan sólo se arraigara y fundamentara en la verdad, unido firmemente con la Roca eterna! (RH 20-6-1882).
13-16.
Ver EGW com. Sal. 71: 9, 17, 19.
SALMO 104
14 (ver EGW com. Gén. 1: 29, t. I, pág. 1095). Una armonía de palabras y obras.-
Las palabras y obras del Señor armonizan. Sus palabras son bondadosas y sus obras generosas. "El hace producir el heno para las bestias, y la hierba para el servicio del hombre". ¡Cuan generosas son las provisiones que ha preparado para nosotros! ¡Cuán maravillosamente 1170 ha desplegado su espléndida generosidad y poder en nuestro favor! Si nuestro bondadoso Benefactor nos tratara como los humanos nos tratamos mutuamente, ¿dónde estaríamos? Esforcémonos hasta el máximo para seguir la regla de oro: "Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y lo profetas" (Carta 8, 1901).
34.
Ver EGW com. Sal. 63: 5, 6.
SALMO 119
17, 18, 33-40. Un ejemplo de oración.-
[Se cita Sal. 119: 17, 18, 33-40.] Los siervos del Señor deben constantemente ofrecerle oraciones como ésta. Esta oración revela una consagración de corazón y mente a Dios; es la consagración que Dios nos pide que hagamos (RH 18-9-l9OB).
18. El depósito del cielo no está cerrado.-
Se debiera estudiar la Biblia con oración. Deberíamos orar como David: "Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley". Ningún hombre puede lograr un discernimiento íntimo de la Palabra de Dios sin la iluminación del Espíritu Santo. Si tan sólo nos presentáramos ante Dios como es debido, su luz brillaría sobre nosotros en rayos abundantes y claros. Así les sucedió a los primeros discípulos... [Se cita Hech. 2: 14.] Dios está dispuesto a darnos una bendición similar si lo buscamos encarecidamente.
El Señor no cerró el depósito del cielo después de derramar su Espíritu sobre los primeros discípulos. También nosotros podemos recibir de la plenitud de su bendición. El cielo está lleno de los tesoros de la gracia divina, y los que se acercan a Dios con fe pueden reclamar todo lo que él ha prometido. Si no tenemos su poder, es debido a nuestro letargo espiritual, a nuestra indiferencia y nuestra indolencia. Salgamos de ese formalismo y de ese entumecimiento (RH 4-6-1889).
111-115, 125-130, 165. Los mandamientos son una delicia para el obediente.-
Para el obediente hijo de Dios los mandamientos son una delicia. David declara: [Se cita Sal. 119: 111-115, 125].
El desprecio mostrado hacia la ley de Dios, ¿extinguió la lealtad de David? Oíd sus palabras. El pidió a Dios que interviniera y defendiese su honor, que mostrara que hay un
Dios, que hay límites para su paciencia, y que es posible vanagloriarse tanto de la misericordia de Dios que termine ella por agotarse. "'Tiempo es de actuar, oh Jehová -dice -porque han invalidado tu ley".
David vio que se ponían a un lado los preceptos divinos y que aumentaban la obstinación y la rebelión. ¿Fue arrastrado él por la apostasía prevaleciente? La mofa y el desprecio hacia la ley, ¿lo indujeron a retraerse cobardemente y a no hacer un esfuerzo para defender la ley? Al contrario, su reverencia por la ley de Jehová aumentó cuando vio el desdén y el desprecio con que otros la consideraban [se cita Sal. 119: 126-130, 165] (MS 27, 1899).
126, 127. Tiempo para que Dios obre.-
David se angustió mucho en sus días al ver cómo despreciaban los hombres la ley de Dios. Ellos hacían caso omiso de las restricciones, y, como resultado, vino la depravación. La ley divina llegó a ser letra muerta para aquellos a quienes Dios había creado. Los hombres se negaban a aceptar los santos preceptos como la regla de su vida. La impiedad era tan grande, que David temía que llegara a terminarse la paciencia de Dios, y elevó una sentida oración al cielo, que decía: "Tiempo es de actuar, oh Jehová, porque han invalidado tu ley. Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro".
Si David pensaba en sus días que los hombres habían traspasado los límites de la misericordia de Dios y que él actuaría para defender el honor de su ley y para terminar con la maldad de los impíos, entonces la iniquidad general de nuestros días ¿qué influencia debiera tener sobre los que aman y temen a Dios? Cuando hay una desobediencia general, cuando la iniquidad está aumentando como una marea creciente, los que profesan servir a Dios, ¿serán inicuos con los inicuos e injustos con los injustos? ¿Colocaremos nuestra influencia al lado del gran apóstata, y se generalizará el menosprecio con que es considerada la ley de Dios, la gran norma de justicia? ¿Seremos arrastrados por la violenta marea de transgresión y de apostasía? ¿O escudriñarán los justos las Escrituras y conocerán por sí mismos las condiciones de las cuales depende la salvación de su alma? Los que aceptan el consejo de la Palabra de Dios estimarán la ley de Dios, y su aprecio por ella aumentará 1171 en la misma proporción en que es puesta a un lado y despreciada. Los fieles súbditos del reino de Cristo repetirán las palabras de David y dirán: "Tiempo es de actuar, oh Jehová, porque han invalidado tu ley. Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro puro". Este será el proceder de los que aman a Dios sinceramente y a sus prójimos como a sí mismos. Exaltarán los mandamientos en la misma medida en que aumenta el desacato a ellos (MS 145, sin fecha).
126.
Cuando David observó que la gente se apartaba de la ley de Dios, esperaba que se vería una manifestación del desagrado divino. Aguardaba que el Señor manifestaría su justa indignación. "Tiempo es de actuar, oh Jehová -exclamó-, porque han invalidado tu ley". Suponía que los hombres, en su impiedad, habían traspasado los límites de la paciencia de Dios, y que el Señor no se refrenaría más (MS 15, 1906).
¿Cuál será la posición de la iglesia?-
Es posible que, a pesar de las continuas amonestaciones, los hombres vayan tan lejos en la impiedad, que Dios vea que debe levantarse y defender su honor. Así sucede en el período actual de la historia de esta tierra. El crimen en todos sus grados se manifiesta en forma más y más sorprendente. La tierra está llena de la violencia de los hombres contra sus prójimos.
¿Qué posición tomará la iglesia? Los que en el pasado han respetado la ley de Dios, ¿serán arrastrados por la corriente de mal? La transgresión y el desprecio de la ley de Dios, que son casi generales, ¿oscurecerán la atmósfera espiritual de todas las almas por igual? La falta de respeto por la ley de Dios, ¿derribará las barreras protectoras? A causa de que prevalecen la impiedad y la desobediencia, ¿se menoscabará la alta estima por la ley de Dios? Dado que es quebrantada por la gran mayoría de los que viven en la tierra, los pocos que son fieles ¿se harán semejantes a todos los desleales y procederán igual que los impíos? Por el contrario, ¿no elevarán la oración de David: "Tiempo es de actuar, oh Jehová, porque han invalidado tu ley"? (MS 15, 1906).
130.
Ver EGW com. Sal. 19.
165. En armonía con el cielo.-
No hay paz en la injusticia; los impíos están en guerra con Dios. Pero el que recibe la justicia de la ley en Cristo, está en armonía con el cielo (Carta 96, 1896).
La obediencia conduce a la paz.-
Cada ley [mandato] de Dios es un estatuto de misericordia, amor y poder salvador. Cuando se obedecen estas leyes, son nuestra vida, nuestra salvación, nuestro gozo, nuestra paz [se cita Sal. 119: 165] (Carta 112, 1902).
SALMO 121
5. Dios se acerca para suplir todas las necesidades.-
La verdadera felicidad se puede encontrar al esforzarse desinteresadamente por ayudar a los que necesitan ayuda. Dios ampara a los débiles y fortalece a los que no tienen fuerza. En los lugares donde son mayores las pruebas, los conflictos y la pobreza, los obreros de Dios deben tener mayor protección. Para los que trabajan en el más duro batallar, dice Dios: "Jehová es tu sombra a tu mano derecha".
Nuestro Señor se adapta a nuestras necesidades especiales. Es una sombra a nuestra mano derecha. Camina cerca, a nuestro lado, listo para suplir todas nuestras necesidades. Está muy próximo a los que le sirven con buena voluntad. Conoce a cada uno por nombre. ¡Oh, cuánta seguridad tenemos del tierno amor de Cristo! (MS 51, 1903).
SALMO 135
7.
Ver EGW com. Sal. 147: 8, 16-18.
SALMO 139
1-12 (Apoc. 20: 12, 15). Donde tú estés, está Dios.-
Nunca estamos solos. Tenemos un Compañero, ya sea que lo escojamos o no. Recordad, jóvenes de ambos sexos, que dondequiera estéis, no importa lo que hagáis, Dios está allí. Hay un testigo de cada una de vuestras palabras y acciones: el santo Dios que aborrece el pecado. Nada de lo que se dice, hace o piensa puede escapar de su mirada infinita. Quizá vuestras palabras no sean escuchadas por oídos humanos, pero son captadas por el Gobernante del universo. El lee la ira interior del alma cuando la voluntad es contrariada. Escucha las expresiones blasfemas. El está en la más profunda oscuridad y soledad. Nadie puede engañar a Dios; nadie puede escapar de su responsabilidad ante él.
[Se cita Sal. 139: 1-12.]
Vuestras palabras, vuestras acciones y vuestra influencia se registran día tras día en los libros del cielo. A esto deberéis hacer frente [se cita Apoc. 20: 12, 15] (YI 26-5- 1898).
8. No hay lugar solitario en donde no esté Dios.-
El salmista describe la presencia del Ser infinito como que llena el universo. "Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí estás tú". [Sal. 139: 8.] Nunca podremos encontrar un lugar solitario donde no esté Dios. El ojo siempre vigilante del Omnisciente está por encima de todas nuestras obras, y aunque puede movilizar a todos los ejércitos del cielo para hacer su voluntad divina, condesciende hasta aceptar los servicios de los frágiles y falibles mortales (ST 14-7-1881).
SALMO 144
12. Dios dedica tiempo a joyas.-
Somos artesanía de Dios. El valor del ser humano depende completamente del pulimento que recibe. Cuando las piedras en bruto se preparan para el edificio, debe llevárselas al taller para desbastarlas y pulirlas. El proceso con frecuencia es intenso cuando se oprime la piedra contra la rueda. pero así se elimina la áspera tosquedad y comienza a aparecer el brillo. El Señor no emplea su tiempo en material sin valor; sólo sus joyas se pulen como las de un palacio. Cada alma no sólo debe someterse a esta obra de la mano divina, sino que debe utilizar cada tendón y músculo espirituales a fin de que el carácter pueda llegar a ser más puro, las palabras más útiles y las acciones de un modo que Dios pueda aprobar (Carta 27, 1896).
El divino artífice emplea poco tiempo en material inservible. Tan sólo pule las joyas preciosas como las de un palacio, eliminando los bordes ásperos. El proceso es severo y penoso. Cristo recorta la superficie sobrante, coloca la piedra en la rueda de pulir y la presiona con fuerza para que se desgasten todas las asperezas. Luego, sosteniendo en alto la joya ante la luz, el Maestro ve en ella un reflejo de sí mismo, Y la declara digna de un lugar en su cofre.
Bendito el proceso -aunque sea severo- que da nuevo valor a la piedra, al hacer que brille con resplandor viviente (Carta 69, 1903).
Un proceso penoso pero necesario.-
Mediante el poderoso cincel de la verdad Dios ha sacado a su pueblo, como piedras en bruto, de la cantera del mundo. Estas piedras deben ser escuadradas y pulidas. Se le deben eliminar los bordes ásperos. Este es un proceso penoso, pero necesario. Sin él no podríamos estar preparados para ocupar un lugar en el templo de Dios. Mediante pruebas, advertencias Y admoniciones, Dios procura prepararnos para cumplir su propósito. Si cooperamos con él, nuestro carácter será amoldado a la manera de "un palacio". La obra específica del Consolador es transformarnos. A veces es difícil que nos sometamos al proceso purificador y refinador; pero debemos hacer esto, si hemos de ser salvos al fin (Carta 139, 1903).
Los hijos pueden ser pulidos para Dios.-
Los padres, como fieles mayordomos de la multiforme gracia de Dios, deben hacer paciente y amorosamente la obra a ellos encomendada. Se espera que sean hallados fieles. Todo debe hacerse con fe. Deben orar constantemente para que Dios imparta su gracia a sus hijos. Nunca deberían llegar a casarse, impacientarse o irritarse con su obra. Deben aferrarse estrechamente de sus hijos y de Dios.
Los padres tendrán‚ éxito si proceden con paciencia y amor, esforzándose de veras para ayudar a sus hijos a que alcancen la norma más elevada de pureza y recato. En su obra los padres necesitan mostrar paciencia y fe para que puedan presentar a sus hijos delante de Dios, labrados a la manera de un palacio (NL N. º28, pág. 3).
(1 Ped. 2: 5; 1 Cor. 3: 11-13.) Algunos no son lo que parecen.-
Muchos, siguiendo al mundo, se empeñan, por propio esfuerzo, en convertirse en piedras labradas, pero no pueden ser piedras vivientes porque no están edificados sobre el verdadero fundamento. El día de Dios revelará que, en realidad, sólo son heno, madera y hojarasca (Redemption: or the Teachings of Paul, pág. 78).
SALMO 147
4. (Sal. 19: 1- 3; ver EGW com. Isa. 60: 1). El mundo es sólo un ápice.-
Dios hizo la noche y puso en orden las brillantes estrellas del firmamento. "A todas llama por nombre". 1173 Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el Firmamento anuncia la obra de sus manos, mostrando al hombre que este mundo pequeñito no es sino un ápice en la creación de Dios (YI 4- 4- 1905).
8, 16-18 (Sal. 135: 7). Las fuerzas que obran en la naturaleza son siervas de Dios.-
Difícilmente se halla alguna fuerza que obre en la naturaleza de la cual no hallemos referencia en la Palabra de Dios. . .
[Se cita Sal. 147: 8, 16-18; 135: 7.]
Estas palabras de las Sagradas Escrituras no dicen nada de las leyes independientes de la naturaleza. Dios suministra la materia y las propiedades con las cuales se llevan a cabo sus planes. Emplea sus medios para que pueda florecer la vegetación. Envía el rocío y la lluvia y la luz del sol para que pueda brotar hierba y para que extienda su alfombra sobre la tierra, a fin de que los arbustos y los árboles frutales puedan brotar Y florecer Y dar frutos. No se debe suponer que se pone en sí misma, para que aparezca la hoja mediante una fuerza intrínseca. Dios tiene leyes que ha instituido, pero éstas son tan sólo sus siervas mediante las cuales produce los resultados. Gracias a la acción inmediata de Dios cada diminuta semilla se abre paso a través de la tierra y surge a la vida. Por el poder de Dios crece cada hoja, se abre cada flor (RH 8- 11- 1898).

1 comentario:

Unknown dijo...

Es muy importante saber cual es el fin de aprendizaje de cada uno de los salmos. Me gusto la especificacón que se da de cada uno.