viernes, 26 de septiembre de 2008

GALATAS:

GÁLATAS
CAPÍTULO 1
6-7. Dificultades en Galacia.-
En casi cada iglesia había algunos miembros que eran judíos de nacimiento. Los maestros judíos llegaron con facilidad a esos conversos, y mediante ellos se afianzaron en las iglesias. Usando argumentos escriturísticos era imposible refutar las doctrinas enseñadas por Pablo; por eso usaron los medios más inescrupulosos para contrarrestar su influencia y debilitar su autoridad. Declaraban que no había sido discípulo de Jesús, ni había sido comisionado por él; pero que, sin embargo, se había atrevido a enseñar doctrinas directamente opuestas a las anunciadas por Pedro, Santiago y los otros apóstoles. De esa manera los emisarios del judaísmo tuvieron éxito en alejar de su maestro en el Evangelio a muchos de los conversos cristianos. Luego de triunfar en este punto los inducían a que volvieran a la observancia de la ley ceremonial como esencial para la salvación. La fe en Cristo y la observancia de los Diez Mandamientos eran consideradas como de menor importancia. Divisiones, herejías y sensualismo se propagaban rápidamente entre los creyentes de Galacia.
El alma de Pablo estaba conmovida cuando vio los males que amenazaban con destruir rápidamente a esas iglesias. Inmediatamente escribió a los gálatas, expuso las falsas teorías de ellos, y con gran severidad reprochó a los que se habían apartado de la fe (LP 188-189).
17-18.
Ver EGW com. Hech. 9: 25-27.
CAPÍTULO 2
1-10 (Hech. 15: 4-29). La sabiduría de Pablo.-
Pablo... describe la visita que hizo a Jerusalén para conseguir el arreglo de las mismas cuestiones que entonces agitaban a las iglesias de Galacia, en cuanto a si los gentiles debían someterse a la circuncisión y observar la ley ceremonial. Este fue el único caso en que había recurrido al juicio de los otros apóstoles como superior al propio. Primero había buscado una entrevista privada, en la cual presentó el asunto con todos sus significados ante los principales apóstoles: Pedro, Jacobo y Juan. Con sabiduría previsora concluyó que si esos hombres podían ser inducidos a tomar una posición correcta, todo podría ser ganado. Si hubiese presentado primero la cuestión delante de todo el concilio, hubiera habido una división de opiniones. El gran prejuicio que ya existía porque no había impuesto la circuncisión a los gentiles, habría inducido a muchos a que tomaran una posición contra él. De esa manera habría sido desbaratado el objeto de su visita, y su utilidad habría sido grandemente estorbada. Pero los tres principales apóstoles contra los cuales no existía tal prejuicio, habiendo sido ganados ellos mismos para la opinión correcta, presentaron el asunto ante el concilio, y lograron el apoyo de todos en la decisión deliberar a los gentiles de las obligaciones de la ley ceremonial (LP 192-193).
11-12 (Sant. 1: 8; ver EGW com. Hech. 21: 20-26). Cuando vacilan los hombres fuertes.-
Aun los mejores hombres, si actúan por sí mismos, cometerán graves equivocaciones. Mientras mayores responsabilidades se coloquen sobre el agente humano, mientras más encumbrado sea su cargo para determinar y controlar, más males hará con seguridad pervirtiendo mentes y corazones si no sigue cuidadosamente el camino del Señor. Pedro fracasó en Antioquía en los principios de integridad. Pablo tuvo que resistirle frente a frente su influencia destructora. Esto está registrado para bien de otros, y para que la lección pueda ser una advertencia solemne para los hombres que están en cargos elevados, a fin de que no falten contra su integridad, sino se adhieran a los principios.
Después de todos los fracasos de Pedro, después de su caída y restauración, de su larga carrera de servicio, de su trato familiar con Cristo, de su conocimiento de la forma pura y recta en que Cristo practicaba los principios; después de toda la instrucción que había recibido, de todos los dones, conocimiento y gran influencia al predicar y en sela Palabra, ¿no es extraño que él fingiera y evadiera los principios del Evangelio por temor a los hombres, o para ganar su estima? 1109
¿No es extraño que vacilara y tuviera dos caras en su posición? Quiera Dios dar a cada hombre un sentido de su propia impotencia personal para timonear, con rectitud y seguridad, su propio barco hasta el puerto. La gracia de Cristo es esencial cada día. Sólo su gracia incomparable puede hacer que nuestros pies no se extravíen (MS 122, 1897).
(cap. 3: 10-13, 24; Rom. 3:19-28; 5: 1). No hay lugar para la suficiencia propia.-
Somos justificados por fe. El alma que entiende el significado de estas palabras nunca tendrá suficiencia propia. No somos competentes por nosotros mismos para pensar algo [bueno] de nosotros mismos. El Espíritu Santo es nuestra eficiencia en la obra de la edificación del carácter, en la formación del carácter a la semejanza divina. Cuando creemos que nosotros mismos somos capaces de dar forma a nuestra propia vida espiritual, cometemos un gran error. Por nosotros mismos nunca podemos conquistar la victoria sobre la tentación. Pero los que tienen fe genuina en Cristo serán impulsados por el Espíritu Santo. El alma en cuyo corazón mora la fe, crecerá hasta ser un bello templo para el Señor. Esa alma es dirigida por la gracia de Cristo. Crecerá sólo en la proporción en que dependa de la enseñanza del Espíritu Santo (MS 8, 1900).
20 (Fil. 1: 21; Col. 3: 3; ver EGW com. Apoc. 3: 1). La obra máxima del mundo.
Todo lo que hay de bueno en hombres y mujeres es el fruto de la obra del Espíritu Santo. El Espíritu nos enseña a revelar rectitud en nuestras vidas. La obra máxima que se puede hacer en nuestro mundo es glorificar a Dios viviendo el carácter de Cristo. Dios hará perfectos sólo a los que mueran al yo. Los que están dispuestos a hacer esto, pueden decir: "Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí" (MS 16, 1900).
CAPÍTULO 3
6-9.
Ver EGW com. Rom. 8: 15.
8.
Ver EGW com. Gén. 12: 2-3; Hech. 15: 11.
10-13.
Ver EGW com. cap. 2: 16; Rom. 3: 19-28.
13.
Ver EGW com. 2 Cor. 3: 7-18; Heb. 13: 11-13.
19.
Ver EGW com. 2 Cor. 3: 7-11.
24 (cap. 2: 16; Rom. 3: 19-28). La ley señala a Cristo.-
La ley no tiene poder para perdonar al transgresor, pero le señala a Cristo Jesús, quien le dice: Tomaré tu pecado y lo llevaré yo mismo, si me aceptas como tu sustituto y tu fiador. Sé de nuevo leal, y yo te impartiré mi justicia (RH 7-5-1901).
¿Cuál ley es el ayo?-
Se me pregunta acerca de la ley en Gálatas. ¿Cuál ley es el ayo para llevarnos a Cristo? Respondo: Ambas, la ley ceremonial y el código moral de los Diez Mandamientos.
Cristo era el fundamento de todo el sistema judío. La muerte de Abel fue la consecuencia de que Caín rechazara el plan de Dios en la escuela de la obediencia, para ser salvado por la sangre de Jesucristo simbolizado por las ofrendas ceremoniales que lo señalaban. Caín no aceptó el derramamiento de sangre, que simbolizaba la sangre de Cristo que debía ser derramada por el mundo. Toda esa ceremonia fue preparada por Dios, y Cristo se convirtió en el fundamento de todo el sistema. Este es el comienzo de la obra de la ley como el ayo que induce a los pecaminosos seres humanos a contemplar a Cristo.
Todos los que servían en relación con el santuario estaban constantemente siendo educados en cuanto a la intervención de Cristo en favor de la raza humana. Ese servicio tenía el propósito de crear en cada corazón amor por la ley de Dios, que es la ley del reino del Señor. Las ofrendas ceremoniales debían ser una lección objetiva del amor de Dios revelado en Cristo: la víctima sufriente que murió, que tomó sobre sí mismo el pecado del cual era culpable el hombre, el ser inocente hecho pecado por nosotros.
En la contemplación de este gran Lema de la salvación vemos la obra de Cristo. No sólo el don prometido del Espíritu, sino también la naturaleza y el carácter de ese sacrificio e intervención, es un tema que debiera crear en nuestro corazón elevados y sagrados conceptos de la ley de Dios, que mantiene sus derechos sobre cada ser humano. La violación de esa ley en el acto pequeño de comer del fruto prohibido, atrajo sobre el hombre y sobre la tierra la consecuencia de la desobediencia a la santa ley de Dios. La naturaleza de la intervención debiera hacer que el hombre siempre tuviera temor de cometer la más pequeña desobediencia a los requerimientos de Dios.
Debiera haber una clara comprensión de lo que constituye el pecado, y siempre debiéramos evitar el menor intento de cruzar el 1110 límite que existe entre la obediencia y la desobediencia.
Dios quiere que cada una de sus criaturas entienda la gran obra del infinito Hijo de Dios al dar su vida por la salvación del mundo. "Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios, por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce a él".
Cuando el pecador ve en Cristo la encarnación del amor que es infinito y desinteresado, así como lo es la voluntad divina, se despierta en su corazón una disposición agradecida para caminar por donde Cristo lo lleve (MS 87, 1900).
Especialmente la ley moral.-
"La ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe". El Espíritu Santo por medio del apóstol está hablando en este texto, especialmente de la ley moral. La ley nos revela el pecado, y hace que sintamos nuestra necesidad de Cristo y que acudamos a él en procura de perdón y paz, arrepintiéndonos ante Dios y teniendo fe en nuestro Señor Jesucristo...
La ley de los Diez Mandamientos no debe ser considerada tanto desde el punto de vista de las prohibiciones como de la misericordia. Sus prohibiciones son la segura garantía de felicidad en la obediencia. Si se recibe en Cristo, obra en nosotros la pureza del carácter que nos proporcionará gozo a través de los siglos eternos. Para el obediente es un muro de protección. Contemplamos en ella la bondad de Dios, quien al revelar a los hombres los inmutables principios de rectitud, procura escudarlos contra los males que resultan de la transgresión.
No debemos considerar a Dios como quién está esperando para castigar al pecador por su pecado. El pecador atrae el castigo sobre sí mismo. Sus propias acciones desatan una serie de circunstancias que acarrean el resultado seguro. Cada acto de transgresión reacciona sobre el pecador, obra en él un cambio de carácter y hace que le sea más fácil transgredir otra vez. Cuando los hombres eligen pecar se separan de Dios, se desligan del cauce de bendición, y el resultado seguro es ruina y muerte.
La ley es una expresión del propósito de Dios. Cuando la recibimos en Cristo, se convierte en nuestro propósito. Nos eleva por encima del poder y los deseos y las tendecias naturales, por encima de las tentaciones que conducen al pecado (MS 23a, 1896).
La relación de las dos leyes.-
No es tan esencial entender los detalles precisos en cuanto a la relación de las dos leyes. De importancia mucho mayor es que sepamos si estamos quebrantando la ley de Dios, si podemos considerarnos como obedientes o desobediente ante los santos preceptos (Carta 165, 1901).
24-26 (cap. 6:14; 1 Juan 3: 4). Cristo, el único remedio.-
Cuando la mente es atraída a la cruz del Calvario, con visión imperfecta se discierne a Cristo en la oprobiosa cruz. ¿Por qué murió? Debido al pecado. ¿Qué es pecado? La transgresión de la ley. Entonces los ojos se abren para ver el carácter del pecado. La ley es quebrantada, pero no puede perdonar al transgresor. Es nuestro ayo que condena al castigo. ¿Dónde está el remedio? La ley nos lleva a Cristo, que colgó de la cruz para que pudiera impartir su justicia a hombres caídos y pecadores, y de esa manera presentarlos ante su Padre en el carácter justo de Cristo (MS 50, 1900).
CAPÍTULO 4
7.
Ver EGW com. Rom. 8: 17.
24-31.
Ver EGW com. Rom. 8: 15-21.
CAPÍTULO 5
1.
Ver EGW com. Rom. 8: 15-21.
1-2 (1 Cor. 1:10-13). La controversia en cuanto a la circuncisión.-
También comenzaban a levantarse partidos debido a la influencia de maestros judaizantes, que insistían en que los conversos al cristianismo debían observar la ley ceremonial en el asunto de la circuncisión. Aún sostenían que los israelitas originales eran los eminentes y privilegiados hijos de Abrahán, y que tenían derecho a todas las promesas hechas a él. Sinceramente pensaban que al ubicarse en un punto intermedio entre judíos y cristianos, lograrían eliminar la mala voluntad que había contra el cristianismo, y que ganarían a muchos judíos.
Defendían su posición, que era opuesta a la de Pablo, mostrando que el proceder del apóstol, al recibir a los gentiles en la iglesia sin la circuncisión, impedía que más judíos aceptaran la fe y que su número fuera mayor que el de los gentiles que entraban en la iglesia. De ese modo justificaban su oposición a las conclusiones de las serenas deliberaciones 1111 de los reconocidos siervos de Dios. Se negaban a admitir que la obra de Cristo abarcara a todo el mundo. Afirmaban que él era el Salvador únicamente de los hebreos; por lo tanto, sostenían que los gentiles debían ser circuncidados antes de ser admitidos a las prerrogativas de la iglesia de Cristo.
Después de la decisión del concilio de Jerusalén acerca de esta cuestión, muchos aún mantenían esta opinión, pero entonces no fueron más lejos en su oposición. En aquella ocasión el concilio había decidido que los conversos provenientes de la iglesia judía podían observar los ritos de la ley mosaica, si así lo preferían, pero que esos ritos no debían imponerse a los conversos provenientes de los gentiles. Los opositores entonces aprovecharon esto para introducir una distinción entre los que observaban la ley ceremonial y los que no la observaban. Hacían notar que estos últimos estaban más lejos de Dios que los primeros.
La indignación de Pablo se despertó. Se levantó su voz en un severo reproche: "Si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo". El partido que mantenía que el cristianismo no tenía valor sin la circuncisión, se puso en orden de batalla contra el apóstol, y él tuvo que hacerles frente en cada iglesia que había fundado o visitado: en Jerusalén, Antioquía, Galacia, Corinto, Efeso y Roma. Dios lo impulsó a la gran obra de predicar a Cristo y a él crucificado; la circuncisión y la incircuncisión eran nada. El partido judaizante consideraba a Pablo como un apóstata empeñado en destruir el muro de separación que Dios había establecido entre los israelitas y el mundo. Los judaizantes visitaban cada iglesia que él había establecido, y creaban divisiones. Sostenían que el fin podría justificar los medios; hacían circular acusaciones falsas contra el apóstol y se esforzaban por desacreditarlo. Cuando Pablo al visitar las iglesias iba tras esos celosos e inescrupulosos opositores, hacía frente a muchos que lo consideraban con desconfianza y que aún despreciaban sus labores.
Esas divisiones en cuanto a la ley ceremonial y los méritos relativos de los diferentes maestros que enseñaban la doctrina de Cristo, le ocasionaron al apóstol mucha ansiedad y difícil trabajo [se cita 1 Cor. 1: 10-13] (LP 121-122).
6 (Fil. 2: 12; 1 Tim. 6: 12; Tito 2: 14; Sant. 2: 14-20; 1 Ped. 1: 22; Apoc. 2: 2; ver EGW com. Tito 1: 9-11). La religión de la Biblia significa trabajo constante.-
La fe genuina siempre obra por el amor. Cuando miráis el Calvario no es para tranquilizar vuestra alma en el incumplimiento del deber, no es para disponernos a dormir, sino para crear fe en Jesús, fe que obrará purificando el alma del cieno del egoísmo. Cuando nos aferramos a Cristo por la fe, nuestra obra sólo ha comenzado. Todo hombre tiene hábitos corruptos y pecaminosos que deben ser vencidos mediante una lucha intensa. A toda alma se le pide que libre la lucha de la fe. Si uno es seguidor de Cristo no puede ser áspero en su trato, no puede ser duro de corazón, desprovisto de simpatía; no puede ser vulgar en su lenguaje, no puede estar lleno de pomposidad y estima propia; no puede ser despótico, ni puede usar palabras ásperas, censurar y condenar.
La obra del amor emana de la obra de la fe. La religión de la Biblia significa trabajo constante. "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos". "Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer por su buena voluntad". Debemos ser celosos de buenas obras, ser cuidadosos de hacer buenas obras. Y el Testigo verdadero dice: "Conozco tus obras".
Si bien es cierto que nuestras diligentes actividades en sí mismas no asegurarán la salvación, también es cierto que la fe que nos une a Cristo impulsará el alma a la actividad (MS 16, 1890).
17 (Efe. 6:12). Duros conflictos en la vida cristiana.-
No todo es suave en la vida del cristiano. Se le presentan duros conflictos; lo asaltan severas tentaciones. "El deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne". Mientras más cerca lleguemos al fin de la historia de esta tierra, más engañosos e insidiosos serán los ataques del enemigo. Sus ataques se harán más violentos y más frecuentes. Los que se oponen a la luz y la verdad, se volverán más antidurecidos y apáticos, y más mordaces contra los que aman a Dios y guardan sus mandamientos (MS 33, 911).
22-23 (Efe. 5: 9). La morada interior del Espíritu.-
La influencia del Espíritu Santo es la vida de Cristo en el alma. No vemos a Cristo ni le hablamos, pero su Espíritu Santo 1112 está tan cerca de nosotros en un lugar como en otro. Obra en cada uno que recibe a Cristo y mediante él. Los que conocen la morada interior de Espíritu revelan los frutos del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe (MS 41, 1897).
CAPÍTULO 6
1-2 (Heb. 12: 12-13). Trabajando con espíritu de humildad.-
[Se cita Gál. 6: 1.] La restauración no debe hacerse con orgullo, intromisión ni altivez, sino con espíritu de humildad. No desdeñéis a vuestro hermano diciendo: Me he chasqueado, y no voy a intentar ayudarle [se cita Gál. 6: 2] (MS 117a, 1901).
7.
Ver EGW com. Exo. 4: 21; 20: 16.
7-8 (Rom. 2: 6; ver EGW com. Juec. 16). La cosecha de la resistencia.-
El Espíritu de Dios mantiene el mal bajo el dominio de la conciencia. Cuando el hombre se ensalza por encima de la influencia del Espíritu, recoge una cosecha de iniquidad. Sobre un hombre tal el Espíritu tiene una influencia cada vez menor para restringirlo de sembrar semillas de desobediencia. Las advertencias tienen cada vez menos poder sobre él. Gradualmente pierde su temor de Dios. Siembra para la carne, y cosechará corrupción. Está madurando la cosecha de la semilla que él mismo ha sembrado. Desprecia los santos mandamientos de Dios. Su corazón de carne se convierte en un corazón de piedra. La resistencia a la verdad lo confirma en la iniquidad. Como los hombres sembraron semillas de maldad, la impiedad, el crimen y la violencia prevalecían en el mundo antediluviano.
Todos debieran ser inteligentes en cuanto a la causa por la cual el alma es destruida. No se debe a algún decreto que Dios haya enviado contra el hombre. El no hace que el hombre sea espiritualmente ciego. Dios proporciona suficiente luz y evidencias para capacitar al hombre a fin de distinguir entre la verdad y el error; pero no lo fuerza para que reciba la verdad; lo de a en libertad de elegir el bien o el mal. Si el hombre recibe la evidencia que es suficiente para guiar su juicio en la dirección correcta, y elige el mal una vez, lo hará más fácilmente la segunda vez. La tercera vez se apartará de Dios aún con mayor avidez, y eligirá estar del lado de Satanás. Y continuará en este proceder hasta que sea confirmado en el mal y crea que es verdad la mentira que ha fomentado. Su resistencia ha producido su cosecha (MS 126, 1901).
(Apoc. 3: 21.) Una cuestión de vida o muerte.-
[Se cita Gál. 6: 7-8.) ¡Verdad admirable! Esta es una espada de dos filos que corta por ambos lados. Esta cuestión de vida o muerte está delante de toda la raza humana. La elección que hagamos en esta vida será nuestra elección para toda la eternidad. Recibiremos o vida eterna, o muerte eterna. No hay un lugar intermedio, no hay un segundo tiempo de gracia. Se nos exhorta a vencer en esta vida como Cristo venció. El cielo nos ha proporcionado abundantes oportunidades y privilegios, de modo que podamos vencer como Cristo venció y nos sentemos con él en su trono. Pero para que seamos vencedores no debemos acariciar en nuestra vida las inclinaciones carnales. Todo egoísmo debe cortarse de raíz (Carta 156, 1 900).
14 (ver EGW com. cap. 3: 24-26; Juan 3: 14-17; 12: 32; Efe. 2: 8-9; Apoc. 12: 10). La cruz, la fuente de poder.-
En la cruz de Cristo contemplamos nuestra eficiencia, nuestra inextinguible fuente de poder (Carta 129, 1898).
La garantía de éxito.-
Contemplad en la cruz de Cristo la única garantía segura para la excelencia individual y el éxito. Y mientras más prendado esté el corazón de Cristo, más seguro es el tesoro en el mundo eterno (Carta 129, 1897).
(Fil. 1: 21.) Pablo, un ejemplo viviente para cada cristiano.-
Pablo era un ejemplo viviente de lo que debe ser cada cristiano. Vivía para la gloria de Dios. Sus palabras llegan resonando hasta nuestro tiempo: "Para mí el vivir es Cristo". "Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo". El que una vez fuera perseguidor de Cristo en la persona de sus santos, ahora exhibe ante el mundo la cruz de Cristo. El corazón de Pablo ardía de amor por las almas, y consagró todas sus energías para la conversión de los hombres. Nunca vivió un obrero más abnegado, ferviente y perseverante. Su vida era Cristo; realizaba las obras de Cristo. Todas las bendiciones que recibía eran estimadas como otras tantas ventajas para ser usadas en bendecir a otros (RH 295-1900). 1113
(Isa. 45: 21-22; Mat. 16: 24; Juan 1: 29.) Mirad y vivid.-
Cristo colgando de la cruz, era el Evangelio. Ahora tenemos un mensaje: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo". Los miembros de nuestra iglesia, ¿no querrán conservar los ojos fijos en un Salvador crucificado y resucitado en quien se centran sus esperanzas de vida eterna? Este es nuestro mensaje, nuestro tema, nuestra doctrina, nuestra advertencia al impenitente, nuestro estímulo para el sufriente, la esperanza para cada creyente. Si podemos despertar el interés de los hombres para que fijen los ojos en Cristo, podemos ponernos a un lado y pedirles únicamente que continúen fijando los ojos en el Cordero de Dios. Así reciben su lección: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame". Aquel cuyos ojos estén fijos en Jesús, dejará todo. Morirá al egoísmo. Creerá en toda la Palabra de Dios, que es tan gloriosa y admirablemente ensalzada en Cristo.
Cuando el pecador ve a Jesús como él es: un Salvador pleno de compasión, la esperanza y la confianza se posesionan de su alma. El alma desvalida se rinde sin reservas ante Jesús. Ante la visión de Cristo crucificado nadie puede alejarse con una duda que perdure. La incredulidad desaparece (MS 49, 1898).
(Sal. 85: 10; ver EGW com. Sant. 2: 13.) La cruz de Cristo conmueve al mundo.-
La cruz del Calvario desafía, y finalmente vencerá a todo poder terrenal e infernal. En la cruz se centra toda influencia, y de ella fluye toda influencia. Es el gran centro de atracción, pues en ella Cristo entregó su vida por la raza humana. Este sacrificio se ofreció con el propósito de restaurar al hombre a su propia elección original. Sí, aún más: fue ofrecido para transformar enteramente el carácter del hombre haciéndolo más que vencedor.
Los que vencen al gran enemigo de Dios y del hombre con la fortaleza de Cristo, ocuparán una posición en los atrios celestiales por sobre los ángeles que nunca han caído.
Cristo declara: "Yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo". Si la cruz no encuentra una influencia a favor de ella, la crea. La verdad para este tiempo se revela, generación tras generación, como verdad presente. Cristo en la cruz fue el medio por el cual "la verdad y la misericordia se encontraron; [y] la justicia y la paz se besaron". Este es el medio que ha de conmover al mundo (MS 56, 1899).
17.
Ver EGW com. Hech. 9: 8-9.

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