viernes, 26 de septiembre de 2008

HECHOS:

El libro de los Hechos, instrucción para hoy día.-
Todo el libro de los Hechos debe ser estudiado cuidadosamente. Está lleno de una instrucción preciosa; registra las vicisitudes en la obra de evangelización, cuyas enseñanzas necesitamos hoy en nuestro trabajo. Es una historia admirable. Se refiere a la más elevada educación que deben recibir los alumnos en nuestros colegios (Carta 100, 1909).
CAPÍTULO 1
1-5 (Luc. 1:14).Paternidad literaria del libro de los Hechos.-
Lucas, el autor del libro de los Hechos, y Teófilo, a quien está dirigido, habían disfrutado de un grato compañerismo. Teófilo había recibido muchas instrucciones y gran discernimiento espiritual de Lucas. Este había sido el maestro de Teófilo, y aún sentía la responsabilidad de dirigirlo e instruirlo, de sostenerlo y protegerlo en su obra.
La costumbre de ese tiempo era que el autor enviara su manuscrito a alguien para que lo examinara y criticara. Lucas eligió a Teófilo, como a un hombre en quien tenía confianza, para que hiciera esa importante obra. Primero dirige la atención de Teófilo al registro de la vida de Cristo tal como se presenta en el Evangelio de Lucas, que el mismo autor también había dirigido a Teófilo [se cita Hech. 1: 1-5]... Las enseñanzas de Cristo debían ser preservadas en manuscritos y libros (MS 40, 1903).
7-8. Se debe predicar el sencillo Evangelio, no llamativas especulaciones.-
Los discípulos sentían deseos de conocer el tiempo exacto de la revelación del reino de Dios; pero Jesús les dijo que no les era permitido conocer los tiempos y las sazones, pues el Padre no los había revelado. Entender cuándo debía ser restaurado el reino de Dios no era lo más importante que debían conocer. Debían ser hallados siguiendo al Maestro, orando, esperando, velando y trabajando. Debían ser los representantes del carácter de Cristo ante el mundo. Lo que era esencial para una vida cristiana llena de éxito en los días de los discípulos, es también esencial en nuestros días. "Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo". ¿Y qué debían hacer después de que descendiera sobre ellos el Espíritu Santo? "Y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra".
Esta es también la obra en que nosotros debemos ocuparnos. En vez de vivir a la expectativa de alguna sazón o tiempo especial de 1052 conmoción, debemos aprovechar sabiamente las oportunidades presentes, haciendo lo que debe ser hecho para que las almas puedan ser salvas. En lugar de consumir las facultades de nuestra mente en especulaciones acerca de los tiempos y las sazones que el Señor ha puesto en su sola potestad, y que no ha revelado a los hombres, debemos rendirnos ante el dominio del Espíritu Santo para cumplir con nuestros deberes actuales, para dar el pan de vida, no adulterado con las opiniones humanas, a las almas que están pereciendo por falta de la verdad.
Satanás siempre está preparado para llenar la mente con teorías y cálculos que desvíen a los hombres de la verdad presente y los incapacite para dar al mundo el mensaje del tercer ángel. Siempre ha sido así, pues nuestro Salvador con frecuencia tuvo que reprender a los que se complacían en especulaciones y siempre estaban investigando aquellas cosas que el Señor no había revelado. Jesús había venido a la tierra para impartir importantes verdades a los hombres, y deseaba impresionar su mente con la necesidad de recibir y obedecer sus preceptos e instrucciones, de cumplir con sus deberes presentes; y los mensajes de Jesús eran de una naturaleza que impartía conocimiento para su uso diario inmediato.
Jesús dijo: "Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado". Todo lo que había sido hecho y dicho tenía este único propósito en vista: afianzar la verdad en la mente de ellos para que pudieran alcanzar la vida eterna. Jesús no vino para asombrar a los hombres con un gran anuncio sobre algún tiempo especial cuando ocurriría un gran suceso, sitio vino para instruir y salvar a los perdidos. No vino para despertar y complacer la curiosidad, pues sabía que eso sólo aumentaría el apetito por lo desconocido y lo maravilloso. Su propósito era impartir conocimiento mediante el cual los hombres pudieran crecer en fortaleza espiritual y avanzaran por el camino de la obediencia y la verdadera santidad. Sólo impartía las instrucciones que podían ser apropiadas para las necesidades de la vida diaria de ellos, sólo la verdad que pudiera ser dada a otros de la misma manera. No hizo nuevas revelaciones a los hombres, sino que les abrió el entendimiento a verdades que por mucho tiempo habían sido oscurecidas o tergiversadas por las falsas enseñanzas de los sacerdotes y maestros. Jesús restituyó las gemas de verdad divina a su debido lugar, en el orden en que habían sido dadas a los patriarcas y los profetas. Y después de haberles impartido esa preciosa instrucción, prometió darles el Espíritu Santo por medio del cual deberían recordar todas las cosas que les había dicho.
Estamos en continuo peligro de ponernos por encima de la sencillez del Evangelio. En muchos hay un intenso deseo de sorprender al mundo con algo original, que arrebate a la gente a un estado de éxtasis espiritual y cambie el orden actual de lo que se conoce. Hay, sin duda, gran necesidad de un cambio en el orden actual de lo que conocemos, pues la santidad de la verdad presente no se comprende como se debiera; pero el cambio que necesitamos es un cambio de corazón que sólo se puede obtener buscando individualmente la bendición de Dios, implorando en busca de su poder, orando fervientemente para que su gracia venga sobre nosotros y puedan ser transformados nuestros caracteres. Este es el cambio que necesitamos hoy día, y para lograr esta experiencia debemos utilizar energía perseverante y manifestar sincero fervor; debemos preguntar con verdadera sinceridad: ¿qué debo hacer para ser salvo? Debemos saber con exactitud qué pasos estamos dando hacia el cielo.
Cristo dio a sus discípulos verdades cuya anchura, profundidad y valor poco apreciaban y ni siquiera comprendían; y la misma condición existe ahora entre el pueblo de Dios. Hemos fracasado también en comprender la grandeza, en percibir la belleza de la verdad que Dios nos ha confiado hoy. Si avanzáramos en conocimiento espiritual, veríamos que la verdad se desarrolla y ensancha en formas que ni siquiera hemos soñado; pero nunca se desarrollará en forma alguna que nos induzca a imaginar que podemos conocer los tiempos y las sazones que el Padre ha puesto en su sola potestad. Vez tras vez he sido amonestada en cuanto a fijar fechas. Nunca más habrá un mensaje para el pueblo de Dios que se base en períodos fijos de tiempo. Tampoco sabemos el tiempo definido para el derramamiento del Espíritu Santo, ni para la venida de Cristo (RH 22-3-1892).
8 (Juan 15: 26-27). Un don incomparable.-
Cristo determinó que cuando él ascendiera de esta tierra, concedería un don a los que habían creído en él y a los que creyeran 1053 en él. ¿Qué don suficientemente precioso podía él conceder para destacar y honrar su ascensión al trono de mediación? Debía ser digno de su grandeza y su realeza. Cristo determinó dar como su representante a la tercera Persona de la Deidad. Ese don no podría ser igualado. Daría [sintetizaría] todos sus dones en uno, y por lo tanto su dádiva sería el Espíritu divino, ese poder transformador, iluminador y santificador. . .
Cristo anhelaba estar en una situación en que pudiera realizar la obra más importante con pocos medios y sencillos. El plan de redención es abarcante, sin embargo sus partes son pocas, y cada parte depende de las otras, pero todas obran juntas con máxima sencillez y completa armonía. Cristo es representado por el Espíritu Santo, y cuando el Espíritu es apreciado, cuando los que son gobernados por el Espíritu comunican a otros la energía de la cual están saturados, vibra una cuerda invisible que electriza todo el ser. ¡Ojalá todos pudieran entender cuán ilimitados son los recursos divinos! (ST 28 -11-1905).
El Espíritu Santo da autoridad divina.
Jesús dice: "Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos". La unión del Espíritu Santo y el testimonio del testigo viviente es lo que amonestará al mundo. El obrero de Dios es el instrumento mediante el cual se da la comunicación celestial, y el Espíritu Santo da autoridad divina a la palabra de verdad (RH 4-4-1893).
8-9.
Ver EGW com. cap. 2:1-4.
9 (Sal. 24: 7-10; 47: 5-6; 68: 17-18; Efe. 4: 8). Cristo ascendió como Rey.-
[Se cita Sal. 47:5-6; 68:17-18.] Cristo vino a la tierra como Dios revestido de humanidad. Ascendió al cielo como Rey de los santos. Su ascensión fue digna de su elevado carácter. Se fue como uno que es poderoso en la batalla, vencedor, que lleva cautiva la cautividad. Fue acompañado por la hueste celestial, entre ovaciones y aclamaciones de alabanza y canto celestial. . .
Los discípulos pudieron escuchar sólo por unos pocos momentos el canto de los ángeles cuando ascendía su Señor con las manos extendidas en bendición. No oyeron el saludo que recibió. Todo el cielo se unió para su recepción. No suplicó para entrar. Todo el cielo fue honrado con su presencia. . .
El sello del cielo ha sido estampado sobre la expiación de Cristo (MS 134, 1897)
9-11 (Luc. 24:50-51). La gloria plena de la ascensión fue revelada.-
El suceso más precioso para los discípulos en la ascensión de Jesús, fue que él se separó de ellos para ir al ciclo en la forma tangible [personal] de su divino Maestro. . .
Los discípulos no sólo vieron que el Señor ascendía, sino que recibieron de los ángeles el testimonio de que había ido a ocupar el trono de su Padre en el cielo. El último recuerdo que los discípulos tendrían de su Señor era el del Amigo comprensivo y el Redentor glorificado. Moisés cubrió su rostro para ocultar la gloria de la ley que se reflejaba sobre él, y la gloria de la ascensión de Cristo fue ocultada de los ojos humanos. El resplandor de la escolta celestial y la apertura de los gloriosos portales de Dios para darle la bienvenida, no habían de ser contemplados por ojos mortales.
Si a los discípulos se les hubiera mostrado en toda su gloria inexpresable la ruta de Cristo hacia el cielo, no podrían haber soportado ese espectáculo. Si hubieran contemplado las miríadas de ángeles y escuchado las exclamaciones de triunfo procedentes de las hermosas murallas del cielo cuando fueron alzadas las puertas eternas, el contraste entre esa gloria y sus vidas en un mundo de pruebas habría sido tan grande que difícilmente hubieran podido tomar de nuevo la carga de sus vidas terrenales, difícilmente se hubieran preparado para cumplir con valor y fidelidad la comisión que el Salvador les había dado. Ni siquiera el Consolador, el Espíritu Santo que les fue enviado, habría sido apreciado debidamente, ni hubiera logrado fortalecer suficientemente sus corazones para soportar los reproches, los ultrajes, la cárcel y la muerte, si hubiese sido necesario.
Sus sentidos no debían quedar tan trastornados con las glorias del cielo que perdieran de vista el carácter de Cristo en la tierra, el cual debían imitar. Debían guardar claramente en su memoria la belleza y majestad de la vida de Cristo, la perfecta armonía de todos sus atributos y la misteriosa unión en su naturaleza de lo divino y lo humano. Era mejor que la relación terrenal de los discípulos con su Salvador terminara en la solemne, apacible y sublime forma en que terminó. Su ascensión visible de este mundo estuvo en armonía con su vida humilde y apacible (3SP 254-255). 1054
11. La humanidad santa llevada al cielo.
Cristo ascendió al cielo llevando una humanidad santificada y sagrada. Llevó esa humanidad consigo a las cortes celestiales, y a través de los siglos eternos la retendrá, como Aquel que redimió a cada ser humano que está en la ciudad de Dios (RH 9-3-1905).
(Juan 12: 45; Col. 1: 15; Heb. 1: 3.) Un Salvador personal.
Cristo vino al mundo como un Salvador personal. Representaba a un Dios personal. Ascendió a lo alto como un Salvador personal, y vendrá otra vez como ascendió al cielo: como un Salvador personal (MS 86, 1898).
(Mat. 28: 20; Juan 14: 2-3; 16: 24; Heb. 9: 24.) Una nueva visión del cielo.
¡Qué motivo de gozo para los discípulos el saber que tenían un Amigo tal en el cielo para suplicar por ellos! Mediante la ascensión visible de Cristo se cambiaron todos los conceptos y especulaciones de ellos acerca del cielo. El cielo había sido anteriormente para ellos una región de espacio ilimitado, habitada por espíritus etéreos. Pero ahora el cielo estaba relacionado con el pensamiento de Jesús, a quien habían amado y reverenciado por encima de todos los demás, con quien habían conversado y viajado, a quien habían tocado aun con su cuerpo resucitado, quien había infundido esperanza y consuelo en sus corazones, y quien, cuando las palabras estaban todavía en sus labios, había sido arrebatado delante de sus ojos mientras los tonos de su voz llegaban a ellos a medida que la carroza de nubes de ángeles lo recibía: "He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" .
El cielo ya no podía parecerles más un espacio indefinido e incomprensible, lleno de espíritus intangibles. Ahora lo consideraban como su hogar futuro, donde el amante Redentor estaba preparándoles mansiones. La oración se revestía de un nuevo interés pues era comunión con su Salvador. Con nuevas y conmovedoras emociones y una firme confianza de que su oración sería respondida, se reunieron en el aposento alto para ofrecer sus peticiones y para demandar la promesa del Salvador, quien había dicho: "Pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido". Oraban en el nombre de Jesús.
Tenían un Evangelio que predicar: Cristo en forma humana, un varón de dolores; Cristo en su humillación, apresado por manos impías y crucificado; Cristo resucitado y ascendido al cielo a la presencia de Dios para ser el Abogado del hombre; Cristo que volvería otra vez con poder y gran gloria en las nubes del cielo (3SP 262-263).
14. Se confirma la fe de los hermanos de Jesús.
[Se cita Hech. 1: 9-14.] "Y con sus hermanos". Estos habían perdido mucho debido a su incredulidad. Habían estado entre los que dudaban cuando Jesús apareció en Galilea. Pero ahora creían firmemente que Jesús era el Hijo de Dios, el Mesías prometido. Su fe fue confirmada (Carta 115, 1904).
26 (Jos. 7: 16-18). No hay fe al echar suertes.
Que nadie sea apartado de los sólidos y razonables principios que Dios ha establecido para la conducción de su pueblo, para depender, en busca de dirección, de un recurso como el de echar a cara o cruz una moneda. Un procedimiento tal agrada al enemigo de las almas, pues él se encarga de manejar la moneda y por su intermedio lleva a cabo sus planes. Que nadie sea tan fácilmente engañado como para hacer que su confianza dependa de un recurso tal. Que nadie se rebaje recurriendo a recursos vulgares en busca de dirección para asuntos importantes relacionados con la obra de Dios.
El Señor no trabaja valiéndose del azar. Buscadlo muy fervientemente en oración. El impresionará la mente, y dará lenguaje y expresión. Los hijos de Dios deben ser educados para que no confíen en invenciones humanas ni en pruebas inciertas como un recurso para conocer la voluntad de Dios acerca de ellos. Satanás y sus agentes siempre están listos para penetrar por cualquier abertura que se presente con el propósito de descarriar las almas de los puros principios de la Palabra de Dios. Los que son conducidos y enseñados por Dios no darán lugar a artificios para los cuales no hay un "Así dice Jehová" (SpT, Ser. B, N.º 17, p. 28).
No deposito mi fe en echar suertes. Tenemos en la Biblia un claro "Así dice Jehová" acerca de todos los deberes de la iglesia... Leed vuestras Biblias con mucha oración. No tratéis de humillar a otros, sino humillaos vosotros mismos ante Dios, y trataos mutuamente con amabilidad. El plan de Dios no es que los dirigentes de la iglesia echen suertes (Carta 37, 1900).
CAPÍTULO 2
Leed Hech. 2 y presentadlo.
Leamos, y presentemos a otros el segundo capítulo del 1055 libro de los Hechos. Necesitamos una piedad más profunda y la sincera humildad del gran Maestro. Se me ha instruido. . . que todo el libro de los Hechos es nuestro libro de texto. Todos necesitamos humillar individualmente nuestro corazón y experimentar diariamente la conversión (Carta 32, 1910).
1-4 (cap. 1: 8-9; Efe. 4: 8). La promesa de Cristo cumplida.
Ahora había llegado el tiempo. El Espíritu había estado esperando la crucifixión, resurrección y ascensión de Cristo. Durante diez días los discípulos presentaron sus peticiones por el derramamiento de su Espíritu, y Cristo en el cielo añadió su intercesión. Esta era la ocasión de ascensión y comienzo de su ministerio, y una oportunidad de regocijo en el cielo. El había ascendido a lo alto llevando cautiva la cautividad, y ahora pedía el don del Espíritu para poder derramarlo sobre sus discípulos (SW 28-11-1905).
El depósito de poder del cielo no está cerrado.
[Se cita Hech. 2: 1-4.] Dios está dispuesto a darnos una bendición similar cuando la busquemos con ese fervor.
El Señor no cerró el depósito del cielo después de derramar su Espíritu sobre los primeros discípulos. Nosotros también podemos recibir de la plenitud de su bendición. El cielo está lleno con los tesoros de la gracia divina, y los que se acercan a Dios con fe pueden pedir todo lo que él ha prometido. Si no tenemos su poder se debe a nuestro letargo espiritual, a nuestra indiferencia y nuestra indolencia. Salgamos de este formalismo e inmovilidad (RH 4-6-1889).
(Ose. 6: 3; Joel 2: 23, 28-29; Zac. 10: 1; Apoc. 18: 1.) El Pentecostés repetido con mayor poder.
Es con ferviente anhelo que anticipo el tiempo cuando se repetirán los sucesos del día de Pentecostés aun con mayor poder que en esa ocasión. Juan dice: "Vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria". Entonces, como en el momento del Pentecostés, la gente oirá la verdad que será presentada a cada hombre en su propio idioma.
Dios puede infundir nueva vida en cada alma que sinceramente desea servirle, y puede tocar los labios con un carbón encendido tomado del altar y hacer que se vuelva elocuente con su alabanza a Dios. Miles de voces serán impregnadas con poder para presentar públicamente las admirables verdades de la palabra de Dios. Se desatará la lengua del tartamudo, y los tímidos recibirán fuerza para dar un valeroso testimonio de la verdad. Quiera el Señor ayudar a su pueblo a limpiar el templo del alma de toda contaminación, y a mantener una relación tan íntima con él que puedan ser participantes de la lluvia tardía cuando ésta se derrame (RH 20-7-1886).
1-4, 14, 41 (Efe. 4: 30). Una cosecha de la siembra de Cristo.
En la obra que se hizo en el día de Pentecostés, podemos ver lo que se hará mediante el ejercicio de la fe. Los que creían en Cristo fueron sellados por el Espíritu Santo. Cuando los discípulos estaban reunidos, "vino. . . un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos". Y Pedro se levantó entre ellos y habló con gran poder. Entre los que le escuchaban había judíos piadosos que eran sinceros en su creencia. Pero el poder que acompañaba las palabras del orador los convenció de que ciertamente Cristo era el Mesías. ¡Qué obra portentosa se realizó! Se convirtieron tres mil en un día.
La semilla había sido sembrada por el más grande Maestro que el mundo jamás había conocido. Durante tres años y medio el Hijo de Dios había vivido en la tierra de Judea proclamando el mensaje del Evangelio de verdad y haciendo señales y prodigios insospechados. La semilla había sido sembrada, y después de la ascensión de Cristo se recogió la cosecha. Por un sermón en el día de Pentecostés se convirtieron más que los que se habían convertido durante todos los años de ministerio de Cristo. De esta prodigiosa manera obrará Dios cuando los hombres se entreguen al dominio del Espíritu (MS 85, 1903).
1-12 (cap. 4: 13). Segunda edición de la enseñanza de Cristo.
Después de que los discípulos recibieron el bautismo del Espíritu Santo, los sacerdotes y gobernantes se maravillaban con las palabras que ellos hablaban, pues los conocían como hombres sin letras e ignorantes; pero se daban cuenta que habían estado con Jesús.
Su enseñanza era una segunda edición de las enseñanzas de Cristo: la presentación de sencillas y grandes verdades que iluminaron las mentes entenebrecidas Y convirtieron a miles en un día. Los discípulos comenzaron a 1056 comprender que Cristo era su Abogado en los cortes del cielo y que había sido glorificado. Podían hablar porque el Espíritu Santo les daba palabras (MS 32, 1900).
17-18.
Ver EGW com. Joel 2:28-29.
CAPÍTULO 3
17. No hay excusa para la ignorancia voluntaria.
"Sé que por ignorancia lo habéis hecho", dijo Pedro; pero esa ignorancia no excusaba el hecho, pues habían tenido mucha luz que se les había sido concedida. Se presenta la declaración de que si hubieran sabido que él era el Príncipe de la vida, no lo habrían crucificado. ¿Pero por qué no lo sabían? Porque prefirieron no saberlo. No tenían interés en escudriñar y estudiar, y su ignorancia les trajo su ruina eterna. Habían tenido la máxima evidencia para basar su fe, y delante de Dios estaban en la obligación de aceptar la evidencia que les había dado. Su incredulidad los hizo culpables de la sangre del unigénito Hijo del Dios infinito (MS 9, 1898).
CAPÍTULO 4
12.
Ver EGW com. 1 Tim. 2: 5.
13.
Ver EGW com. cap. 2: 1-12.
CAPÍTULO 5
1-11. Santidad de los votos y las promesas.
La gente necesitaba ser impresionada con la santidad de sus votos y promesas para la causa de Dios. Tales promesas no se consideraban por lo general tan obligatorias como un pagaré entre hombres. Sin embargo, ¿es menos sagrada y obligatoria una promesa porque es hecha a Dios? Porque le faltan algunos términos técnicos y no tiene valor legal, ¿descuidará el cristiano la obligación ante la cual ha comprometido su palabra? Ningún documento legal o pagaré es más obligatorio que una promesa hecha a la causa de Dios (RH 23-5-1893).
29. ¿Qué dice Dios?
No debiéramos preguntar, ¿cuál es la práctica de los hombres?, ni ¿cuál es la costumbre del mundo? No debemos preguntar, ¿cómo procederé para tener la aprobación de los hombres?, ni ¿qué tolerará el mundo? La pregunta de intenso interés para cada alma es: ¿qué ha dicho Dios? Debiéramos leer su Palabra y obedecerla, sin distorsionar una jota o una tilde de sus requerimientos, sino actuar sin tener en cuenta las tradiciones humanas y su autoridad (RH 1-10-1895).
31 (Rom. 2: 4). El arrepentimiento es un don de Cristo.-
[Se cita Hech. 5: 31.] El arrepentimiento es un don de Cristo como lo es el perdón, y no se lo puede encontrar en el corazón donde Cristo no ha estado en acción. No podemos arrepentirnos sin el Espíritu de Cristo que despierta la conciencia, así como no podemos ser perdonados sin Cristo. Cristo atrae al pecador exhibiendo su amor en la cruz, y esto enternece el corazón, impresiona la mente e inspira contrición y arrepentimiento en el alma (RH 1-4-1890).
CAPÍTULO 6
1-7. Las responsabilidades en la obra de Dios deben ser compartidas.
El Señor nos da aquí un ejemplo del cuidado que debe tenerse cuando se eligen hombres para su servicio. Un solo hombre no tuvo en este caso a su cargo una gran responsabilidad. Siete hombres fueron elegidos, y debían trabajar íntimamente unidos en su obra (MS 91, 1899).
CAPÍTULO 7
22.
Ver EGW com. Exo. 2: 11.
CAPÍTULO 8
4.
Ver EGW com. cap. 18: 2.
9-24 (2 Ped. 1: 14-15). Pablo y Pedro martirizados en Roma.
"Los apóstoles Pablo y Pedro estuvieron durante muchos años muy lejos el uno del otro mientras se ocupaban de su obra. La misión de Pablo era llevar el Evangelio a los gentiles, mientras que Pedro trabajaba especialmente para los judíos. Pero en la providencia de Dios ambos debían dar testimonio a favor de Cristo en la metrópoli del mundo, y sobre su suelo ambos derramarían su sangre como la semilla de una gran cosecha de santos y mártires, Pedro también fue detenido y encarcelado en una prisión aproximadamente en el tiempo cuando Pablo fue encarcelado por segunda vez. Pablo se había hecho especialmente detestable para las autoridades por su celo y éxito al descubrir los engaños y anular las intrigas de Simón el Mago, el hechicero, quien le había seguido hasta Roma para oponerse a la obra del Evangelio y estorbaría. Nerón creía en la magia y había protegido a Simón; 1057 por eso estaba muy disgustado contra el apóstol, y ordenó su arresto (LP 328).
27. Un ejemplo de obediencia.
Cuando Dios le indicó a Felipe su obra, el discípulo no dijo: "El Señor no quiere decir eso". No; "se levantó, y fue". Había aprendido la lección de conformarse con la voluntad de Dios. Comprendía que cada alma es preciosa delante de Dios, y que se envían ángeles para que relacionen a los que están buscando luz con los que pueden ayudarles.
Ahora, como entonces, los ángeles están esperando para conducir a los hombres hasta sus prójimos... En el caso de Felipe y el etíope se presenta la obra a la cual el Señor llama a los suyos (RH 2-3-1911).
CAPÍTULO 9
1-2. La nueva fe florecía en Damasco.
La nueva fe parecía haber adquirido vida renovada y energía renovada en Damasco. El trabajo de suprimirla debía comenzar allí, y Saulo fue escogido para esa obra (YI 15-11-1900).
(Cap. 22: 4; 26: 11.) Saulo confundido y engañado.
Saulo tenía energía y celo abundantes para eliminar una fe errónea persiguiendo a los santos de Dios, encerrarlos en prisiones y hacerlos morir. No mataba con sus propias manos, pero tenía voz en las decisiones y las sostenía con intenso celo. Preparaba el camino, y entregaba a los creyentes del Evangelio en las manos de los que les quitaban la vida. Pablo mismo dice refiriéndose a su celo: Yo estaba "enfurecido sobremanera contra ellos. . . Perseguía yo este Camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles a hombres y mujeres".
"Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor", recurría no a los más humildes e ignorantes, sino a los más respetados religiosos del mundo, a los hombres que tuvieron una parte al entregar a Cristo a la muerte, hombres que poseían el espíritu y el modo de pensar de Caifás y los de su círculo. Saulo pensaba que si esos grandes hombres tenían a disposición ayudantes religiosos y decididos, sin duda podrían terminar con ese puñadito de fanáticos. De modo que Saulo fue al sumo sacerdote "y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén". Cristo permitió esto, y muchos, muchísimos, perdieron la vida por creer en él.
Pablo creía sinceramente que estaba persiguiendo a una secta débil, ignorante y fanática. No comprendía que él mismo era el confundido y engañado, y que por ignorancia seguía bajo la bandera del príncipe de las tinieblas (MS 142, 1897).
1-4 (cap. 26: 9; 1 Cor. 15: 9). La incredulidad de Saulo era sincera, pero no excusable.
La mente que resiste la verdad verá todo dentro de una luz distorsionada. Estará entrampada en las redes del enemigo, y verá las cosas como las ve el enemigo.
Saulo de Tarso era un ejemplo de esto. No tenía derecho moral a ser incrédulo. Pero había preferido aceptar las opiniones de los hombres que el consejo de Dios. Estaban a su alcance las profecías que señalaban al Mesías; pero prefirió los dichos de los rabinos, las palabras de los hombres. Saulo, en su sabiduría propia no conocía a Dios, ni a Jesucristo a quien él había enviado. Cuando posteriormente narra su caso, declaró que pensaba que debía hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret. Saulo era sincero en su incredulidad. No era presuntuoso, y Jesús lo detuvo en su carrera y le mostró en qué lado estaba trabajando. El perseguidor aceptó las palabras de Cristo, y fue convertido de la incredulidad a la fe de Cristo.
Saulo no trató con indiferencia la incredulidad que lo había inducido a seguir en las huellas de Satanás, y había causado sufrimiento y muerte a los de más valor en la tierra, aquellos de quienes el mundo no era digno. No pretendió que era excusable su error de juicio. Mucho después de su conversión habló de sí mismo como el principal de los pecadores. "Yo soy el más pequeño de los apóstoles -dijo- que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios". No presentó ninguna excusa por su cruel proceder al seguir fielmente los dictados de una conciencia que era falsa (MS 9, 1898).
3-6.
Ver EGW com. 1 Cor. 2: 1-5.
3-9. Fue cegado para que pudiera ver.
Qué humillación representó para Pablo saber que todo el tiempo en que él usó sus facultades contra la verdad, pensando que estaba prestando un servicio a Dios, estaba persiguiendo a Cristo. Cuando el Salvador se reveló ante Pablo en los brillantes rayos de su gloria, quedó lleno de aborrecimiento por su 1058 obra y por sí mismo. El poder de la gloria de Cristo podría haberlo destruido; pero Pablo era un prisionero de esperanza. Quedó físicamente ciego por la gloria de la presencia de Aquel a quien había blasfemado; pero eso sucedió para que pudiera tener vista espiritual, para que pudiera ser despertado del letargo que había entorpecido y desvirtuado sus percepciones. Cuando despertó su conciencia, actuó acusándose a sí misma enérgicamente. El celo de su obra, su decidida resistencia a la luz que brillaba sobre él mediante los mensajeros de Dios, ahora producía condenación en su alma y estaba embargado de amargos remordimientos. Ya no se consideraba justo, sino condenado por la ley en pensamiento, en espíritu y en acciones. Se veía a sí mismo como pecador, completamente perdido, sin el Salvador a quien había estado persiguiendo. En los días y las noches de su ceguera tuvo tiempo para reflexionar, y se rindió ante Cristo sintiéndose impotente y sin esperanza. Sólo Cristo podía perdonarlo y revestirlo de justicia (MS 23, 1899).
6. Es necesaria la cooperación divina y humana.
El Señor siempre da su obra al agente humano. Aquí está la cooperación divina y humana. En esto consiste en que el hombre actúe obedeciendo la luz divina que recibe. Si Saulo hubiese dicho: "Señor, no siento el menor deseo de seguir tus órdenes específicas para alcanzar mi salvación", entonces, aunque el Señor hubiera hecho brillar diez veces más la luz sobre Saulo, habría sido inútil. La obra del hombre es cooperar con lo divino. Y el conflicto más duro y severo viene junto con el propósito y la hora de la gran resolución y decisión del ser humano de inclinar su voluntad y el rumbo de su vida ante la voluntad de Dios y el rumbo que Dios indica... El carácter determinará la naturaleza de la resolución y la acción. Lo que uno hace no está en armonía con los sentimientos o las inclinaciones, sino con la voluntad conocida de nuestro Padre que está en el cielo. Seguid y obedeced las directivas del Espíritu Santo (Carta 135, 1898).
8-9 (2 Cor. 12: 7-9; Gál. 6: 17). "Las marcas del Señor Jesús".
El [Pablo] tenía que llevar consigo, en el cuerpo, en sus ojos, que habían sido cegados por la luz celestial, las marcas de la gloria de Cristo (LP 34).
18-19. Bautismo de Pablo.
Pablo fue bautizado por Ananías en el río de Damasco. Entonces se fortaleció con alimento e inmediatamente comenzó a predicar a Jesús ante los creyentes de la ciudad, los mismos a quienes había tenido el propósito de destruir cuando salió de Jerusalén (LP 32).
25-27 (Gál. 1: 17-18). Se encuentran dos grandes personajes.
Las puertas de la ciudad eran celosamente vigiladas día y noche para impedir su escape. La preocupación de los discípulos los condujo a Dios en oración. Dormían poco tiempo mientras se afanaban buscando formas y medios para ayudar a escapar al apóstol escogido. Finalmente concibieron un plan: por la noche fue puesto en una canasta en una ventana, desde donde descendió y fue bajado por la muralla. Pablo escapó de Damasco en esta forma humillante. Después continuó su viaje a Jerusalén con el deseo de conocer a los apóstoles que estaban allí, y especialmente a Pedro. Deseaba muchísimo encontrarse con el pescador galileo que había vivido, orado y conversado con Cristo en la tierra. . .
Trató de asociarse con sus hermanos, los discípulos, pero fue grande su dolor y desengaño cuando descubrió que no lo recibían como a uno de ellos. Recordaban sus persecuciones anteriores, y sospechaban que estaba disimulando para engañarles y destruirlos. Es cierto que habían oído de su maravillosa conversión; pero como se había retirado inmediatamente a Arabia, y después no habían oído nada definido acerca de él, no habían dado crédito al rumor de su gran cambio.
Bernabé, que había contribuido generosamente de sus recursos para sostener la causa de Cristo y para aliviar las necesidades de los pobres, había conocido a Pablo cuando se oponía a los creyentes. Ahora tomó la iniciativa y renovó ese trato; oyó el testimonio de Pablo en cuanto a su milagrosa conversión y sus experiencias a partir de ese tiempo. Creyó plenamente y recibió a Pablo; lo tomó por la mano y lo llevó a la presencia de los apóstoles. Bernabé relató lo sucedido, lo cual acababa de oír que Jesús personalmente se había aparecido a Pablo mientras iba hacia Damasco; que había conversado con él; que Pablo había recobrado la vista en respuesta a las oraciones de Ananías, y después había declarado en la sinagoga de la ciudad que Jesús era el Hijo de Dios.
Los apóstoles no vacilaron más. No podían resistir a Dios. Pedro y Jacobo, que en ese tiempo eran los únicos apóstoles que estaban 1059 en Jerusalén, dieron la diestra en señal de compañerismo al que una vez había sido fiero perseguidor de su fe, y entonces fue tan amado y respetado como antes había sido temido y esquivado. Aquí se encontraron los dos grandes personajes de la nueva fe: Pedro, uno de los compañeros elegidos de Cristo mientras estaba en la tierra, y Pablo, un fariseo que después de la ascensión de Jesús se había encontrado con él cara a cara, había hablado con él, y también lo había visto en visión así como la naturaleza de la obra de Cristo en el cielo (LP 34-36).
CAPÍTULO 10
El cielo está cerca del buscador de almas.
En el capítulo décimo de los Hechos tenemos otro ejemplo más de la ministración de los ángeles celestiales, que dio como resultado la conversión de Cornelio y de los suyos. Léanse estos capítulos [8-10], y présteselas especial atención. En ellos vemos que el cielo está mucho más cerca del cristiano que se ocupa de la obra de salvar almas de lo que muchos suponen. También debiéramos aprender de ellos la lección del aprecio de Dios por cada ser humano, y que cada uno debiera tratar a su prójimo como a uno de los instrumentos escogidos del Señor para la realización de su obra en la tierra (MS 17, 1908).
1-4 (Fil. 4: 18). La oración y las limosnas como fragante incienso.
[Se cita Hech. 10: 1-4.] Es una distinción maravillosa que un hombre en esta vida sea alabado por Dios como lo fue Cornelio. ¿Y cuál fue el motivo de esa aprobación? "Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios".
Ni la oración ni las limosnas tienen en sí mismas virtud alguna para que el pecador sea aceptable ante Dios. La gracia de Cristo, mediante su sacrificio expiatorio, es lo único que puede renovar el corazón y hacer nuestro servicio aceptable delante de Dios. Esa gracia había conmovido el corazón de Cornelio. El Espíritu de Cristo había hablado a su alma; Jesús lo había atraído, y él había cedido a esa atracción. Sus oraciones y limosnas no fueron obligadas o a la fuerza; no era un precio que él buscaba pagar para asegurarse el cielo, sino el fruto del amor y de la gratitud a Dios.
Una oración tal, que procede de un corazón sincero, asciende como incienso delante del Señor, y las ofrendas para su causa y las dádivas para los necesitados y los que sufren son un sacrificio que le agrada. Por eso las ofrendas de los hermanos filipenses que tendrían las necesidades del apóstol Pablo mientras estuvo preso en Roma, se dice que fueron "olor fragante, sacrificio acepto agradable a Dios".
La oración y las ofrendas se vinculan íntimamente: son la expresión de amor a Dios y a nuestros prójimos; son la expresión de los dos grandes principios de la ley divina: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. . . Y. . . amarás a tu prójimo como a ti mismo". De modo que aunque nuestras ofrendas no pueden hacernos aceptables delante de Dios ni pueden ganarnos su favor, sí son una evidencia de que hemos recibido la gracia de Cristo; son una prueba de la sinceridad de nuestra profesión de amor (RH 9-5-1893).
1-6 (Heb. 1: 14). Ángeles ministradores toman nota de cada individuo.-
El mismo vigilante santo que dice, yo conozco a Abrahán, también conocía a Cornelio, y envió a su ángel con un mensaje para el hombre que había recibido y aprovechado toda la luz que Dios le había dado. El ángel dijo: "Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro". Después se dan las indicaciones específicas: "Este posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa, junto al mar; él te dirá lo que es necesario que hagas". De ese modo procede el ángel del Señor para relacionar a Cornelio con el agente humano mediante el cual podría recibir mayor luz. Estudiad cuidadosamente todo el capítulo y ved la sencillez de todo este episodio. Después tomad en cuenta que el Señor conoce a cada uno de nosotros por nombre, y exactamente dónde vivimos, y el espíritu que nos mueve, y cada acto de nuestra vida. Los ángeles ministradores están pasando por las iglesias tomando nota de nuestra fidelidad en el deber que nos corresponde individualmente (Carta 20a, 1893).
Los que buscan con fervor no son dejados en tinieblas.
Aquí se nos da la positiva evidencia de que el Señor no deja en las tinieblas a los que siguen toda la luz que se les da, sino que envía a sus ángeles para que se comuniquen con ellos. Cornelio vivía de acuerdo 1060 con las Escrituras del Antiguo Testamento, y el Señor envió a un mensajero para decirle qué hacer.
Dios podría haber dado a Cornelio toda la instrucción que necesitaba mediante el ángel, pero ése no era su plan. Su propósito era relacionar a Cornelio con los que habían estado recibiendo conocimiento de lo alto, cuya obra era impartir ese conocimiento a los que buscaban la luz. Dios siempre trata así a los suyos. . .
Cornelio obedeció la instrucción que se le dio: Se unió con la iglesia, y llegó a ser útil e influyente colaborador con Dios (MS 67, 1900).
Dios usa a sus agentes señalados.
[Se cita Hech. 10: 1-4.] El ángel no le dio la luz que podría haberle dado, sino que lo orientó para que pudiera relacionarse con uno que podría presentarle una preciosa verdad. . . [Se cita Hech. 10:5-6.]
Cornelio obedeció implícitamente la instrucción, y el mismo ángel fue a Pedro y le dio sus instrucciones. Este capítulo [Hech. 10] contiene un abundante y precioso consejo para nosotros, y debiéramos estudiarlo con humilde atención. Cuando el Señor tiene sus agentes señalados por medio de los cuales da ayuda a las almas, y los hombres no prestan atención a esos agentes y se niegan a recibir ayuda de ellos, y deciden que desean ser enseñados directamente por Dios, el Señor no les concede su deseo. El hombre que adopta este criterio está en peligro de aceptar las voces de extraños y de ser conducido por senderos falsos. Tanto Cornelio como Pedro fueron instruidos en lo que debían hacer, y obedecieron el mensaje del ángel. Cornelio reunió a su casa para escuchar el mensaje de luz procedente de Pedro. Si hubiese dicho: no deseo ser enseñado por un hombre, el ángel de Dios lo hubiera abandonado a su suerte; pero Cornelio no procedió así (RH 10-10-1893).
Muchos hoy día son como Cornelio.
Muchos hay que proceden ahora como Cornelio. Viven de acuerdo con la luz que han recibido, y Dios les habla así como habló a Cornelio, y por medio de sus agentes señalados hace que reciban la verdad que penetra en corazones buenos y honrados. Dios se revela a los que se están esforzando por formar caracteres que él puede aprobar. Las oraciones de los temerosos de Dios, de los que reconocen sus obligaciones para con él, son escuchadas y contestadas. El Señor tiene especialmente en cuenta a los que caminan en la luz que les ha dado, que testifican mediante sus hechos de que están tratando de honrar a Dios. Desea presentar la perla de gran precio mediante un Pedro, y mediante un Cornelio y su familia muchas almas serán conducidas a la luz (RH 8-8-1899).
Debido a las admirables obras de Dios, Cornelio fue inducido a relacionar su vida enérgica y fiel con los discípulos de Cristo. Así será también en los últimos días. Muchos estimarán la sabiduría de Dios por encima de cualquier ventaja terrenal y obedecerán la Palabra de Dios, como la norma suprema. Los tales serán conducidos hasta una gran luz. Llegarán al conocimiento de la verdad, y procurarán presentar esta luz de verdad delante de aquellos de sus conocidos que, como ellos mismos, tienen anhelo de la verdad. Así se convierten en diligentes portadores de luz para el mundo. Como están dominados por el amor de Dios, persuadirán a otros, y aprovecharán cada oportunidad para invitarlos e instarles a que vengan y vean la belleza de la verdad y entreguen sus capacidades para el adelanto de la obra (MS 97, 1898).
Algunos que figuran entre los comerciantes y los príncipes (gobernantes) decidirán obedecer la verdad. Los ojos de Dios han estado sobre los tales mientras procedían de acuerdo con la luz que tenían, manteniendo su integridad. Cornelio... mantuvo su vida religiosa caminando estrictamente de acuerdo con la luz que había recibido. Dios tenía sus ojos sobre él, y le envió un ángel con un mensaje. El mensajero celestial pasó por alto a los que tenían justicia propia; pero vino a Cornelio y lo llamó por nombre (MS 97, 1898).
Mucho se dice acerca de nuestro deber para con los pobres descuidados. ¿No debiera prestarse alguna atención a los ricos descuidados? Muchos consideran que los de esta clase no tienen esperanza, y hacen poco para abrir los ojos de los que -cegados y deslumbrados por el resplandor de la gloria terrenal- no piensan en la eternidad. Miles de ricos han ido a la tumba sin ser amonestados. Pero aunque parezcan ser indiferentes, entre los ricos hay muchas almas agobiadas. . .
Las riquezas y los honores mundanales no pueden satisfacer el alma. Entre los ricos muchos anhelan alguna seguridad divina, alguna esperanza espiritual. Muchos anhelan 1061 algo que ponga fin a la monotonía de su vida sin rumbo, Muchos que están en cargos públicos sienten su necesidad de algo que no tienen. Entre ellos hay pocos que van a la iglesia, pues creen que reciben poco beneficio. La enseñanza que oyen no toca el corazón. ¿No los exhortaremos de un modo especial?
Dios llama a obreros fervientes y humildes que deseen llevar el Evangelio a las clases encumbradas. No es por medio de una relación casual u ocasional como los ricos, apegados al mundo, pueden ser atraídos a Cristo. Hombres y mujeres saturados del Espíritu Santo, que no desfallezcan ni se desanimen, deben hacer esfuerzos personales decididos (RH 64-1911).
CAPÍTULO 12
6. Pedro dispuesto a entregar su vida.
El apóstol no fue intimidado por la situación. Desde su rehabilitación después de que negó a Cristo, había enfrentado firmemente los peligros, demostrando un noble valor y osadía al predicar a un Salvador crucificado, resucitado y ascendido. Mientras estaba en su celda, recordaba las palabras que Cristo le había dicho: "De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras". Pedro creía que había llegado el tiempo para que él entregara su vida por causa de Cristo (RH 27-4-1911).
CAPÍTULO 14
17.
Ver EGW com. Rom. 1: 20-21.
CAPÍTULO 15
1, 5 (Rom. 2: 24-29; Gál. 5: 6; Efe. 2: 14-16; Col. 2: 14-17; Tito 1: 9-11). La circuncisión perdió su valor después de la cruz.
[Se cita Tito 1: 9-11, 13-14.] En los días de Pablo había quienes constantemente hablaban de la circuncisión, y podían presentar abundantes pruebas bíblicas para mostrar que era obligatoria para los judíos. Pero esa enseñanza no tenía importancia en ese tiempo, pues Cristo había muerto en la cruz del Calvario, y la circuncisión de la carne ya no podía tener más valor.
El servicio simbólico y las ceremonias relacionadas con él se abolieron en la cruz. El grande y antitípico Cordero de Dios, que era lo simbolizado, se había convertido en una ofrenda a favor del hombre culpable, y la sombra terminó al aparecer la realidad. Pablo estaba procurando que los hombres comprendieran la gran verdad para ese tiempo; pero los que decían ser los seguidores de Jesús estaban completamente absortos en la enseñanza de la tradición de los judíos y en la obligación de la circuncisión (RH 29-5-1888).
4-29.
Ver EGW com. Gál. 2: 1-10.
11 (Gál. 3: 8; 1 Cor. 10: 4). Sólo un Evangelio.
No existe el contraste que frecuentemente se afirma que hay entre el Antiguo Testamento y el Nuevo, entre la ley de Dios y el Evangelio de Cristo, entre las ordenanzas de la dispensación judaica y la cristiana. Cada alma salvada en la primera dispensación fue salvada por Cristo tan ciertamente como somos salvados por él ahora. Los patriarcas y los profetas eran cristianos. La promesa evangélica fue dada a la primera pareja en el Edén, cuando debido a la transgresión se separaron de Dios. El Evangelio fue predicado a Abrahán. Todos los hebreos bebieron de la Roca espiritual que era Cristo (ST 14-9-1882).
(Exo. 13: 21-22; 1 Cor. 10: 1- 4; 1 Tim. 2: 5.) La sangre de Cristo es eficaz para nosotros como para Israel.
El Redentor del mundo, oculto en la columna de nube, estaba en comunión con Israel. No digamos, pues, que ellos no tenían a Cristo. Cuando el pueblo tuvo sed en el desierto y se entregó a murmuraciones y quejas, Cristo fue para él lo que es para nosotros: un Salvador lleno de tierna compasión, el Mediador entre ellos y Dios. Después de que hayamos hecho nuestra parte en limpiar el templo del alma de la contaminación del pecado, la sangre de Cristo es eficaz para nosotros como lo fue para el antiguo Israel (YI 18-7-1901).
CAPÍTULO 16
1-3.
Ver EGW com. 2 Tim. 3: 14-15.
14 (2 Cor. 8: 12). Luz para los que están dispuestos.
El Espíritu de Dios sólo puede iluminar el entendimiento de los que están dispuestos a ser iluminados. Leemos que Dios abrió los oídos de Lidia para que prestara atención al mensaje presentado por Pablo. La parte de Pablo en la conversión de Lidia era declarar todo el consejo de Dios y todo lo que era esencial que ella recibiera, 1062 y entonces el Dios de toda gracia puso en acción su poder, y condujo esa alma por la senda correcta. Cooperaron Dios y el agente humano, y la obra tuvo un éxito completo (Carta 150, 1900).
CAPÍTULO 17
2-29.
Ver EGW com. Rom. 1: 20-25.
22-34.
Ver EGW com. 1 Cor. 2: 1-5.
28 (Juan 5: 17; Col. 1: 17; Heb. 1: 3; ver EGW com. Gén. 2: 7). Dios está constantemente en acción en la naturaleza.
Dios está perpetuamente en acción en la naturaleza. Ella es su sierva; la dirige como él quiere. La naturaleza testifica en su obra la presencia inteligente y la acción activa de un Ser que se mueve en todas sus obras de acuerdo con su voluntad. No es por un poder original inherente en la naturaleza por lo que año tras año la tierra produce abundantemente y el mundo continúa su marcha perenne alrededor del sol. La mano del poder infinito está perpetuamente en acción guiando este planeta. El poder de Dios, que se ejerce momento tras momento, es el que lo mantiene en su rotación. El Dios del cielo está constantemente en acción. Su poder es el que hace que prospere la vegetación, que aparezca cada hoja y abra cada flor. No es por el resultado de un mecanismo, que una vez puesto en acción continúa su obra, por lo que late el pulso y un aliento sigue al otro. En Dios vivimos y nos movemos y somos. Cada aliento, cada latido del corazón es la continua evidencia del poder de un Dios omnipresente. Es Dios el que hace que salga el sol en los cielos. El abre las ventanas del cielo y da lluvia. El hace que crezca la yerba en las montañas. "Da la nieve como lana, y derrama la escarcha como ceniza" (Sal. 147: 16). "A su voz se produce muchedumbre de aguas en el cielo . . . ; hace los relámpagos con la lluvia, y saca el viento de sus depósitos" (Jer. 10: 13). Aunque el Señor ha cesado de su obra de creación, continuamente está en acción sosteniendo y usando, como a sus siervos, las cosas que ha hecho. Dijo Cristo: "Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo" (MS 4, 1882).
34 (1 Cor. 2: 1-4). Sencillez del Evangelio en oposición a la sabiduría del mundo.
El [Pablo] buscó los resultados de su obra al concluir sus labores. De la gran asamblea que había escuchado sus elocuentes palabras, sólo tres se habían convertido a la fe. Entonces él decidió que a partir de ese momento mantendría la sencillez del Evangelio. Estaba convencido de que la sabiduría del mundo era impotente para conmover los corazones de los hombres, pero que el Evangelio era el poder de Dios para salvación (RH 3-8-1911).
CAPÍTULO 18
1-3 (2 Cor. 10: 1, 7-8; ver EGW com. Hech. 20: 17-35). Los apóstoles aconsejan en cuanto a métodos de trabajo.
Cuando Pablo llegó a Corinto, solicitó trabajo de Aquila. Los apóstoles deliberaron y oraron juntos, y decidieron que predicarían el Evangelio como debiera ser predicado: con amor desinteresado por las almas que estaban pereciendo por falta de conocimiento. Pablo trabajaría haciendo carpas y enseñaría a sus colaboradores a trabajar con sus manos, de modo que en cualquier emergencia pudieran sostenerse a sí mismos. Algunos de sus hermanos en el ministerio conceptuaron que un proceder tal era inconsistente, diciendo que al hacer eso perderían su influencia como ministros del Evangelio. El décimo capítulo de 2 Corintios registra las dificultades por las que Pablo tuvo que pasar y la forma en que defendió su proceder. Dios había honrado a Pablo de un modo especial; le había dado sus credenciales y había colocado sobre él pesadas responsabilidades. Y el apóstol escribió: "Yo Pablo os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo, yo que estando presente ciertamente soy humilde entre vosotros -debido a que se humillaba para hacer trabajo rutinario-, mas ausente soy osado para con vosotros" [se cita 2 Cor. 10: 7-8] (RH 6 -3 -1900).
(Cap. 20: 33-34; 1 Tes. 2:9; 2 Tes. 3: 8.) Pablo recurrió a su oficio.
Pablo. . . moraba con ellos [Aquila y Priscila], y habiendo aprendido en su juventud el oficio de ellos, hacer tiendas, que se usaban mucho en ese clima cálido, se ocupaba en eso para sostenerse. . .
Pablo había recibido una educación esmerada, y era admirado por su genio y elocuencia. Fue elegido por conciudadanos como miembro del sanedrín, y era un rabí destacado. Sin embargo, no se habría considerado completa su educación hasta que hubiera servido como aprendiz de algún oficio útil. Se regocijaba al poder sostenerse con su trabajo manual, y con frecuencia declaraba que sus propias manos le habían proporcionado lo que necesitaba. Mientras estaba en una 1063 ciudad desconocida para él, no era una carga para nadie. Cuando se le acababan los recursos para hacer avanzar la causa de Cristo, recurría a su oficio para ganarse la vida (LP 99- 100).
Aunque débil de salud, él [Pablo] trabajaba durante el día en la causa de Cristo, y después trabajaba diligentemente una gran parte de la noche, y con frecuencia toda la noche, a fin de tener recursos para él y para otros (YI 27-2-1902).
Un hábil obrero.-
Pablo, el gran apóstol a los gentiles, aprendió el oficio de hacer tiendas. Había tareas más especializadas y menos especializadas en el oficio de hacer tiendas. Pablo aprendió las más especializadas, pero también podía trabajar en las tareas más comunes cuando las circunstancias lo requerían. El pago por hacer tiendas no se recibía tan pronto como era el caso de otras ocupaciones, y a veces sólo mediante la más estricta economía Pablo podía hacer frente a sus necesidades (RH 6 -3 -1900).
Educador.
Pablo era educador. Predicaba el Evangelio con sus palabras, y con su trabajo inteligente lo predicaba con sus manos. Educaba a otros en la misma forma en que había sido educado por uno que era considerado como el maestro humano más sabio [Gamaliel]. Mientras Pablo trabajaba rápida y hábilmente con sus manos, relataba a sus colaboradores las especificaciones que Cristo había dado a Moisés acerca de la construcción del tabernáculo. Les mostraba que la habilidad, la sabiduría y el ingenio empleados en esa obra fueron dados por Dios a Fin de ser usados para su gloria. Les enseñaba que la honra suprema debe ser dada a Dios (RH 6-3-1900).
2 (cap. 8: 4; Rom. 1: 7-8). La oposición no silenció el Evangelio.
Los apóstoles fueron por doquiera predicando la Palabra después de la ascensión de Cristo. Daban testimonio de la obra de Cristo como maestro y sanador. Su testimonio en Jerusalén, en Roma y en otros lugares fue positivo y poderoso. Los judíos, que se negaban a recibir la verdad, no podían menos que reconocer que una influencia poderosa acompañaba a los seguidores de Cristo porque estaba en ellos el Espíritu Santo. Esto creó una mayor oposición, pero a pesar de ello veinte años después de la crucifixión de Cristo había una iglesia viva y ferviente en Roma. Esa iglesia era fuerte y celosa, y el Señor obraba en favor de ella.
La envidia y la ira de los judíos contra los cristianos no conocían límites, y los incrédulos habitantes [de Roma] eran continuamente agitados. Presentaban quejas de que los judíos convenidos al cristianismo eran turbulentos y peligrosos para el bien público. Constantemente iniciaban algo que provocara lucha. Esto hizo que los cristianos fueran desterrados de Roma. Entre esos desterrados estaban Aquila y Priscila, quienes fueron a Corinto y allí establecieron un taller para fabricar tiendas (RH 6-3-1900).
24-26. El erudito Apolo instruido por humildes fabricantes de tiendas.
Apolos. . . había recibido la más elevada cultura griega, y era erudito y orador.. Aquila y Priscila lo escucharon y vieron que sus enseñanzas eran defectuosas. No tenía un conocimiento completo de la misión de Cristo, de su resurrección y ascensión, y de la obra de su Espíritu, el Consolador que él hizo descender para que permanecieran con los suyos durante su ausencia. Por eso llamaron a Apolos, y el culto orador recibió instrucciones de ellos con gozo y agradecida sorpresa. Por medio de las enseñanzas de ellos, él obtuvo un entendimiento más claro de las Escrituras, y llegó a ser uno de los defensores más capaces de la iglesia cristiana. De ese modo un acabado erudito y brillante orador aprendió más perfectamente el camino del Señor por las enseñanzas de una mujer y un hombre cristianos cuyo humilde oficio de hacer tiendas (LP 119).
CAPÍTULO 19
11-12, 17 (Luc. 8: 46). Los milagros no deben fomentar una ciega superstición.
Cuando Pablo se relacionó directamente con los idólatras habitantes de Efeso, el poder de Dios se manifestó notablemente por medio de él. Los apóstoles no siempre podían hacer milagros a voluntad. El Señor concedía a sus siervos ese poder especial cuando lo exigía el progreso de su causa o el honor de su nombre. Como Moisés y Aarón en la corte de Faraón, el apóstol ahora tenía que defender la verdad contra los prodigios mentirosos de los magos. Por lo tanto, los milagros que hizo fueron de un carácter diferente de los que hasta entonces había hecho. Así como el borde de la vestimenta de Cristo había comunicado poder sanador a la que buscó alivio mediante el toque de la fe, así también en esta ocasión las vestimentas fueron el medio de 1064 curación para todos los que creían: "las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían". Sin embargo, esos milagros no fomentaron una ciega superstición. Cuando Jesús sintió el toque de la mujer que sufría, exclamó: "Ha salido poder de mí". Las Escrituras declaran que el Señor hacía milagros mediante la mano de Pablo, y era ensalzado el nombre del Señor Jesús, no el nombre de Pablo (LP 135).
19. Valor de los libros quemados.
Cuando los libros fueron consumidos, se procedió a computar el valor de lo incinerado. Se estimó en cincuenta mil piezas de plata, lo que equivale a unos diez mil dólares* (LP 137).
33.
Ver EGW com. 2 Tim. 4: 13-14.
CAPÍTULO 20
17-35 (cap. 18: 1-3; 1 Tes. 2: 9; 2 Tes. 3: 8). Un ministro versátil.
Cuando [Pablo] presentó delante de la gente sus manos gastadas por el trabajo, dieron testimonio de que no dependía de otros para su sostén. El estimaba que no disminuían en nada la fuerza de sus conmovedoras exhortaciones: razonables, inteligentes y elocuentes por encima de las de cualquier otro hombre que hubiera participado en el ministerio cristiano.
En Hech. 20: 17-35 vemos bosquejado el carácter de un ministro cristiano que fielmente cumplía con su deber. Era un ministro versátil. No pensamos que sea obligatorio que todos los ministros procedan en todos los respectos como lo hacía Pablo; sin embargo, decimos a todos que Pablo era un caballero de la clase más noble. Su ejemplo muestra que un trabajo manual no necesariamente disminuye la influencia de alguien, que el trabajar con las manos en cualquier ocupación honorable no debiera convertir a un hombre en rudo, áspero y descortés (YI 31-1-1901).
30 ( 2 Tim. 4: 3-4; 2 Ped. 2: 1 ). Sofocad las teorías inciertas.-
Por la luz que el señor me ha dado, se levantaran hombres que hablaran cosas perversas. Sí, ya han estado en acción y hablando cosas que Dios nunca ha revelado, poniendo las cosas sagradas en un mismo nivel con las cosas comunes. Se han presentado y continuarán presentándose como temas caprichosos sofismas de los hombres, y no la verdad. Las fantasías de las mentes humanas inventarán criterios en cuanto a la verdad que no son la realidad, de modo que cuando se destaque el verdadero criterio será considerado en el mismo nivel en que están los de invención humana que no tienen valor. Podemos esperar que se recurra a toda suerte de ideas y que se las mezcle con la sana doctrina; pero mediante un discernimiento claro y espiritual, mediante la unción celestial, debemos distinguir entre lo sagrado y lo común, lo cual se incluye para confundir la fe y el sano juicio, y para restarle mérito a las grandes y augustas verdades que debieran ser normas para este tiempo...
Nunca, nunca hubo un tiempo cuando la verdad haya sufrido más al ser tergiversada, disminuida, desmerecida por medio de hombres perversos y contenciosos, como en estos últimos días. Hombres se han presentado con su conjunto heterogéneo de herejías que presentan a la gente como oráculos. La gente queda cautivada con algo extraño, nuevo, y no tiene una sabia experiencia para discernir el carácter de las ideas que los hombres pueden forjar como si fueran importantes. Pero pretender que eso es algo de gran magnitud y unirlo con los oráculos de Dios, no lo convierte en verdad. ¡Oh, qué reproche es éste para las bajas normas de piedad de las iglesias! Hombres que quieren presentar algo original, promoverán cosas nuevas y extrañas, y sin un debido examen se apoyarán en esas teorías endebles que han sido entretejidas como una preciosa teoría, y la presentarán como una cuestión de vida o muerte...
Tenemos la verdad, la sólida verdad en la Palabra de Dios, y todas esas especulaciones y teorías sería mejor que fueran liquidadas en la cuna antes de ser fomentadas y presentadas como importantes. Debemos oír la voz de Dios que procede de su Palabra revelada, la segura palabra profética. Los que quieren darse importancia y procuran hacer algo espectacular, sería mejor que reflexionaran con cordura (Carta 136a, 1898).
(Sal. 119: 126-127; 1 Tim. 4: 1.) Los traidores de la verdad se convierten en sus peores perseguidores.
Mucho del llamado cristianismo pasa como ortodoxia genuina y fiel, pero esto se debe a que los que dicen profesarlo no tiene una persecución que sufrir 1065 por causa de la verdad. Cuando llegue el día en que se invalide la ley y la iglesia sea zarandeada por las fieras pruebas a que serán sometidos todos los que honran en la tierra, una gran proporción de aquellos que pasan por ser genuinos prestarán oídos a espíritus engañadores y se convertirán en pérfidos y traicionarán sagradas verdades. Demostrarán que son nuestros peores perseguidores. "De vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos", y muchos prestarán atención a espíritus engañadores.
Los que se han sustentado con la carne y la sangre del Hijo de Dios -su santa Palabra- serán fortalecidos, arraigados y fundamentados en la fe. Dispondrán de evidencias crecientes para apreciar y obedecer la Palabra de Dios. Dirán con David: "Han invalidado tu ley. Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro". Mientras otros los consideren como escoria, se levantarán para defender la fe. Todos los que tienen en cuenta su conveniencia, su placer, su beneficio, no soportarán la prueba (RH 8-6-1897).
33-34.
Ver EGW com. cap. 18:1-3.
CAPÍTULO 21
20-26 (Gál. 2: 11-12). Los consejeros de Pablo no eran infalibles.
Esa concesión no estaba en armonía con sus enseñanzas [de Pablo] ni con la firme integridad de su carácter. Sus consejeros no eran infalibles. Aunque algunos de esos hombres escribieron bajo la inspiración del Espíritu Santo, sin embargo, a veces erraban cuando no estaban bajo su influencia directa. Se recordará que en una ocasión Pablo se opuso a Pedro frente a frente porque estaba actuando en forma doble (LP 214).
39 (cap. 22: 3, 25-28). Antecedentes de Pablo.
Su padre [de Pablo] era un hombre de reputación. Era de Cilicia, y sin embargo era ciudadano romano, pues Pablo declara que nació [como hombre] libre. Otros obtuvieron esa libertad pagando una gran suma, pero Pablo nació libre. Pablo había sido educado por los maestros más sabios de ese tiempo. Había sido enseñado por Gamaliel. Pablo era rabí y estadista. Era miembro del sanedrín (MS 95, 1899).
CAPÍTULO 22
3-4.
Ver EGW com. 1 Cor. 2: 1-5.
3, 25-28.
Ver EGW com. cap. 21: 39.
4.
Ver EGW com. cap. 9: 1-2.
5-16 (cap. 26: 9-16). Pablo nunca olvidó su notable conversión.
El apóstol nunca pudo olvidar su conversión de perseguidor de todos los que creían en Cristo, a creyente en Jesús. ¡Qué influencia tuvo esa conversión sobre toda su vida posterior! Qué ánimo fue para él mientras trabajaba junto a Aquel a quien una vez había ridiculizado y despreciado. Nunca pudo olvidar la seguridad que le infundió en [desde] la primera parte de su ministerio. Podía hablar inteligentemente porque había tenido tina experiencia, un conocimiento personal del Señor Jesucristo. Tenía una fe viviente y permanente porque cultivaba un sentido de la presencia de Cristo en todas sus obras. Recibía fortaleza en la oración, y como fiel soldado de Cristo siempre acudía a su Capitán en espera de órdenes. Ninguna cantidad de obstáculos que se amontonaron frente a él podían hacer que considerara la obra como una imposibilidad, pues comprendía que "al que cree todo le es posible" (MS 114, 1897).
En cada lugar donde el apóstol Pablo fue llamado a ir después de su conversión, expuso una vívida presentación de la obra de los ángeles celestiales en su conversión (MS 29, 1900).
CAPÍTULO 23
3. Una condenación inspirada.
Pablo pronunció, bajo la influencia del Espíritu Santo, una condenación profético similar a la que Cristo había proferido al reprochar la hipocresía de los judíos. El castigo anunciado por el apóstol se cumplió terriblemente cuando el inicuo e hipócrita sumo sacerdote fue muerto por asesinos en la guerra judía (LP 222).
20-23. Lisias temió por su propia seguridad.
Lisias aprovechó con alegría esta oportunidad para deshacerse de Pablo... Poco tiempo antes un caballero romano de categoría muy superior a la de Lisias, había sido detenido violentamente y arrastrado por los judíos enfurecidos alrededor de los muros de Jerusalén, y finalmente decapitado porque recibió soborno de los samaritanos. Otros funcionarios encumbrados, por sospecha de faltas similares, habían sido encarcelados y despedidos con ignominia. Si Pablo era asesinado, podría acusarse al capitán principal 1066 de haber sido sobornado para que consintiera en su muerte. Ahora había razón suficiente para despedirlo en secreto, y así liberarse de una responsabilidad embarazoso (LP 227).
CAPÍTULO 24
2-3. Félix, ruin y despreciable.
Tértulo se rebajó aquí hasta una descarada falsedad. El carácter de Félix era ruin y despreciable. . .
Un ejemplo de la desenfrenada disolución que manchaba su carácter se ve en su unión con Drusila, la cual se consumó alrededor de ese tiempo. Mediante las engañosas artes de Simón el Mago, encantador chipriota, Félix había inducido a esta princesa a que abandonara a su esposo y se uniera con él. Drusila era joven y hermosa y, además, judía. Estaba unida a su esposo de todo corazón, quien había hecho un gran sacrificio por casarse con ella. Ciertamente había poco que la indujera a renunciar a sus firmísimos prejuicios para traer sobre sí el repudio de su nación, por haber caído en adulterio con un libertino cruel y anciano; sin embargo, las artes satánicas del brujo y del seductor lograron éxito, y Félix consiguió su propósito (LP 235-236).
22. Félix no estaba engañado acerca de Pablo.
Félix había residido por tanto tiempo en Cesarea -donde la religión cristiana había sido conocida durante muchos años-, que conocía esta religión más de lo que suponían los judíos, y no fue engañado por sus argumentos (LP 239).
27. Contienda en Cesarea; Félix es cambiado.
Cerca del fin de este tiempo se produjo una terrible contienda entre la población de Cesarea. Se habían presentado frecuentes disputas que se habían convertido en la lucha permanente entre los judíos y los griegos, en cuanto a sus respectivos derechos y privilegios en la ciudad. Todo el esplendor de Cesarea, sus templos, sus palacios y su anfiteatro, se debían a la energía del primer Herodes. Aun el puerto, al cual debía Cesarea toda su prosperidad e importancia, había ido construido por él a costo de un inmenso gasto de dinero y trabajo. Los habitantes judíos eran numerosos y ricos, y pretendían que la ciudad era de ellos porque su rey ha hecho tanto por ella. Los griegos, con igual persistencia, defendían su derecho de supremacía.
Cerca de la terminación de los dos años, sus disensiones dieron lugar a un fiero combate en la plaza del mercado, el cual terminó con la derrota de los griegos. Félix, que había apoyado a la facción de los gentiles, acudió con sus tropas y ordenó que se dispersaran los judíos. La orden no fue obedecida instantáneamente por el partido victorioso, y él ordenó a sus soldados que los atacaran. Contentos con la oportunidad de descargar su odio contra los judíos, ejecutaron la orden en la forma más inmisericorde, y muchos fueron muertos. Y como si eso no hubiera sido suficiente, Félix, cuya animosidad contra los judíos había aumentado año tras año, dio libertad a sus soldados para que saquearan las casas de los ricos.
Estos atrevidos actos de injusticia y crueldad no podían pasar inadvertidas. Los judíos se quejaron oficialmente contra Félix, y éste fue llamado a Roma para que respondiera por las acusaciones. Bien sabía que sus actos de extorsión y de opresión, les habían dado abundantes motivos para quejarse, pero todavía esperaba superarlos. Por eso, aunque tenía un sincero respeto por Pablo, decidió complacer la mala intención de los judíos dejándolo preso; pero fueron vanos todos sus esfuerzos. Aunque Félix se libró de ser deportado o muerto, fue depuesto de su cargo y privado de la mayor parte de su riqueza mal habida. Drusila, la compañera de su culpa, pereció después, junto con el único hijo de ambos, en la erupción del Vesubio. Los días de él terminaron en la vergüenza y el anonimato (LP 245-246).
CAPÍTULO 26
9.
Ver EGW com. cap. 9: 1-4.
9-16.
Ver EGW com. cap. 22: 5-16.
11.
Ver EGW com. cap. 9: 1-2.
26-28. ¿Cuáles eran los pensamientos de Agripa?
¿Al oír estas palabras recordó Agripa la historia de su familia y sus estériles esfuerzos contra Aquel a quien Pablo estaba predicando? ¿Pensó en su bisabuelo Herodes y en la matanza de los niños inocentes de Belén? ¿Pensó en su tío-abuelo Antipas y en el asesinato de Juan el Bautista? ¿Pensó en su propio padre Agripa I, y en el martirio del apóstol Jacobo? ¿Vio en los desastres que rápidamente sobrevinieron a esos reyes una demostración del desagrado de Dios debido a sus crímenes contra sus siervos? La pompa y el boato de ese día, ¿recordaron a Agripa el tiempo cuando su propio padre, un monarca 1067 más poderoso que él, estuvo en esa misma ciudad ataviado con un ropaje brillante, mientras el pueblo clamaba que él era un dios? ¿Se había olvidado de cómo, aun antes de que se acallaran los gritos de admiración, un castigo rápido y terrible había sobrevenido al vanaglorioso rey? Algo de todo esto cruzó rápidamente por la memoria de Agripa. Pero su vanidad fue halagada por la brillante escena que se desplegaba ante él, y el orgullo y la vanidad desterraron todos los pensamientos más nobles (LP 255-256).
CAPÍTULO 28
1-2. Un servicio de alabanza en una mañana tormentosa.
Cuando se pasó lista, no faltaba uno solo. Cerca de trescientas almas -marineros, soldados, pasajeros y presos- soportaron esa mañana tormentosa de noviembre en la costa de la isla de Malta. hubo algunos que se unieron con Pablo y su hermanos en dar gracias a Dios, quien les había salvado la vida y los había llevado sanos salvos a la tierra a través de los peligros de mar (LP 270).