jueves, 25 de septiembre de 2008

PROVERBIOS:

CAPÍTULO 1
10 (Isa. 43: 10; 2 Cor. 6: 17, 18). Elevad una oración al cielo; luego resistid firmemente.-
Escuchad la voz de Dios: "Hijo mío, si los pecadores te quieren engañar, no consientas". Los que son regidos por el Espíritu de Dios deben mantener despiertas sus facultades receptivas, pues ha llegado el tiempo cuando se probará la lealtad de ellos hacia Dios, y de unos con otros. No cometáis la menor injusticia con el fin de ganar una ventaja para vosotros. Haced a los otros, tanto en las cosas pequeñas como en las grandes, de la manera como quisierais que otros os hagan a vosotros. Dios dice: "Vosotros sois mis testigos. Habéis de actuar en mi lugar".
Si se pudiese descorrer la cortina veríais al universo celestial observando con intenso interés al que es tentado. Si no os rendís al enemigo, hay gozo en el cielo. Cuando se oye la primera insinuación al mal, elevad una oración al cielo, y después resistid firmemente la tentación de experimentar con lo que condena la Palabra de Dios. La primera vez que llegue la tentación, hacedle frente en forma tan decidida como para que nunca se repita. Apartaos del que se ha atrevido a presentaros prácticas erróneas. Separaos resueltamente del tentador diciendo: Debo alejarme de tu influencia, pues sé que no sigues las huellas de nuestro Salvador.
Aunque no os sintáis capaces de hablar una palabra a los que obran según principios errados, dejadlos. Vuestra separación y silencio pueden hacer más que las palabras. Nehemías se negó a relacionarse con los que eran desleales a los principios, y no permitía que sus ayudantes se relacionaran con ellos. El amor y el temor de Dios fueron su salvaguardia. Vivió y trabajó como si hubiera visto el mundo invisible. Y David dijo: "A Jehová he puesto siempre delante de mí".
Atreveos a ser como Daniel. Atreveos a estar firmes, aunque seáis los únicos. En esta forma, como lo hizo Moisés, soportaréis la visión de Aquel que es invisible. Pero una cautela cobarde y silenciosa ante los malos compañeros, mientras escucháis sus ardides, os hace uno con ellos. [Se cita 2 Cor. 6: 17, 18.]
Tened valor para hacer lo correcto. La promesa del Señor vale más que el oro y la plata para todos los que son hacedores de su Palabra. Consideren todos como sin gran honor el ser reconocidos por Dios como sus hijos (RH 9- 5- 1899).
CAPÍTULO 3
6. Dios nos guía cuando hacemos su voluntad.-
¿No ha dicho Dios que dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? ¿Y acaso no es este Espíritu un guía real, verdadero y eficaz? Algunos parecen temerosos de fiarse de lo que dice Dios, como si eso significara una presunción. Oran para que el Señor nos enseñe, y sin embargo temen aceptar la palabra que Dios ha dado y creer que hemos sido enseñados por él. Mientras nos presentemos humildemente delante de nuestro Padre celestial, con un espíritu dócil, con disposición y ansia de aprender, ¿por qué habríamos de dudar del cumplimiento de su promesa? Ni por un momento debéis deshonrarlo dudando de él. Cuando hayáis procurado conocer su voluntad, vuestra parte en la cooperación con Dios es creer que se os dirigirá, guiará y bendecirá en el cumplimiento de su voluntad. Quizá tengamos que desconfiar de nosotros mismos para no interpretar mal sus enseñanzas, pero haced, aun de esto, un motivo de oración, y confiad en él; confiad en él hasta lo sumo, para que su Espíritu Santo os guíe a fin de que interpretéis correctamente sus planes y la obra de su providencia (Carta 35, 1893).
Fue Cristo quien guió a los israelitas por el desierto; y es Cristo quien guía hoy a su pueblo, mostrándole dónde y cómo trabajar (Carta 335, 1904).
13, 14. El significado de una sabiduría permanente.-
La verdadera sabiduría es un tesoro tan duradero como la eternidad. Muchos de los que el mundo llama sabios sólo son en su propia estima. Contentos con la adquisición de la sabiduría mundana, nunca entran en el huerto de Dios para familiarizarse con los tesoros de conocimiento encerrados en su santa Palabra. Haciéndose sabios, son ignorantes de la sabiduría que todos debemos tener para ganar la vida eterna. Albergan desprecio por el Libro de Dios, que si fuera estudiado y obedecido los haría realmente sabios. Para ellos la Biblia es un misterio impenetrable; y les son oscuras las grandiosas y profundas verdades del Antiguo y del Nuevo Testamento, porque no disciernen espiritualmente las verdades espirituales. Necesitan aprender que el temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y que sin esa sabiduría vale poco su conocimiento.
Los que se esfuerzan por lograr una educación científica, pero no han aprendido la lección que el temor de Dios es el principio de la sabiduría, proceden incapazmente y sin esperanza, dudando de la realidad de todo. Pueden adquirir una educación científica, pero a menos que obtengan un conocimiento de la Biblia y un conocimiento de Dios, no poseen la verdadera sabiduría. El iletrado, si conoce a Dios y a Jesucristo, tiene más sabiduría perdurable que el más instruido que desprecia la instrucción de Dios (MS 33, 1911).
17 (1 Tim. 4: 8). La consagración a Dios mejora la salud y da alegría.
Refiriéndose a la sabiduría, dice el sabio que "sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas paz". Muchos albergan la impresión de que la consagración a Dios es perjudicial para la salud y para la alegre felicidad de las relaciones sociales de la vida. Pero los que van por la senda de la sabiduría y la santidad descubren que "la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera". Disfrutan de los gozos de los verdaderos placeres de la vida, y además, no están turbados por las vanas recriminaciones de las horas despilfarradas, ni su mente se entenebrece u horroriza, como sucede con demasiada frecuencia con los mundanos cuando no se distraen con alguna diversión apasionadora. . .
La piedad no está en conflicto con las leyes de la salud; más bien está en armonía con ellas. Si los hombres siempre hubiesen sido obedientes a la ley de los Diez Mandamientos, si hubiesen practicado en su vida los principios de esos diez preceptos, no existiría la maldición de la enfermedad que ahora inunda el mundo. . . El que tiene la mente tranquila y satisfecha en Dios, está en el camino de la salud (ST 23-10-1884).
CAPÍTULO 4
18. La vida cristiana ilumina el camino para otros.-
Un alma llena del amor de Jesús imprime esperanza, valor y serenidad a sus palabras, modales y apariencia. Revela el espíritu de Cristo. Respira un amor que se reflejará. Despierta el deseo de una vida mejor; se fortalecen las almas que están por desmayar; se robustecen y consuelan las que luchan contra la tentación. Las palabras, la expresión, los modales proyectan un rayo brillante de luz y dejan tras sí una clara senda hacia el cielo, la fuente de toda luz. Cada uno de nosotros tiene la oportunidad de ayudar a otros.
Constantemente estamos impresionando a la juventud que nos rodea. La expresión del rostro es en sí misma un espejo de la vida interior. Jesús desea que lleguemos a ser como él, llenos de tierna simpatía, y que ejerzamos un ministerio de amor en los pequeños deberes de la vida (MS 24, 1887).
La luz arde débilmente.-
La luz que fue dada para que brillara cada vez con más intensidad hasta que el día sea perfecto, arde débilmente. La iglesia no proyecta más los claros rayos de luz en medio de la oscuridad moral que está envolviendo al mundo como una fúnebre mortaja. La luz de muchos no arde ni brilla. Son témpanos morales (Carta 1f 1890).
20-22.
Ver EGW com. Exo. 20: 3-17, t. I, pág. 1119.
23 (1 Tes. 5: 17; ver EGW com. Sal. 19: 14). Cómo puede conservarse el corazón para Dios.-
"Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida". El cuidado diligente del corazón es esencial para un crecimiento vigoroso en la gracia. El corazón en su estado natural es habitación de pensamientos inicuos y pasiones pecaminosas. Cuando se sujeta a Cristo, debe ser limpiado de toda contaminación, por el Espíritu. Esto no se puede hacer sin el consentimiento del individuo.
Cuando se ha limpiado el alma, el deber del cristiano es mantenerla inmaculada. Muchos parecen pensar que la religión de Cristo no demanda el abandono de los pecados diarios, la ruptura con los hábitos que habían mantenido el alma en servidumbre. Renuncian a algunas cosas condenadas por la conciencia, pero no representan a Cristo en la vida diaria. No introducen en el hogar la semejanza de Cristo. No muestran un atento cuidado en la elección de sus palabras. Con demasiada frecuencia pronuncian palabras que expresan irritación e impaciencia, palabras que excitan las peores pasiones del corazón humano. Los tales necesitan la presencia permanente de Cristo en el alma, pues sólo con su fortaleza se pueden vigilar las palabras y las acciones.
Para guardar el corazón debemos ser constantes en la oración e incansables en las peticiones en procura de ayuda ante el trono de la gracia. Los que toman el nombre de cristianos debieran acudir a Dios suplicando ayuda con fervor y humildad. El Salvador
nos ha dicho que oremos sin cesar. El cristiano no puede estar siempre en una posición que indique que está orando, pero puede elevar constantemente sus pensamientos y deseos. Nuestra confianza propia se desvanecería si habláramos menos y oráramos más (YI 5-3-1903).
(Sal. 19: 14; Efe. 4: 13).
Los cristianos debieran ser cuidadosos en guardar el corazón con toda diligencia. Deben cultivar un amor por la meditación y albergar un espíritu de consagración. Muchos parecen rehuir los momentos de meditación, escudriñamiento de las Escrituras y oración, como si fuera tiempo perdido el que se dedica a esto. Ojalá todos pudiesen ver esas cosas en la perspectiva en que Dios quiere que se las vea, pues entonces daríais la primera importancia al reino de los cielos. El mantener el corazón puesto en el cielo, vigorizará todos vuestros dones y pondrá vida en todos vuestros deberes. La disciplina mental y la meditación en las cosas celestiales pondrá vida y celo en todos nuestros empeños. Nuestros esfuerzos son lánguidos, corremos lentamente la carrera cristiana y manifestamos indolencia y pereza porque damos tan poco valor al galardón celestial. Somos enanos en conquistas espirituales. El cristiano tiene el privilegio y el deber de llegar al "conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo". [Efe. 4: 13.] El ejercicio aumenta el apetito y da energía y vigor al cuerpo; así también el ejercitarse en la devoción aumenta la gracia y el vigor espirituales.
Los afectos debieran centrarse en Dios. Contemplad su grandeza, su misericordia y excelencia. Que su bondad, amor y perfección de carácter cautiven vuestro corazón. Conversad acerca de sus encantos divinos y de las mansiones celestiales que está preparando para los fieles. Aquel cuya conversación es acerca del cielo, es el cristiano más útil para los que lo rodean. Sus palabras son útiles y alentadoras. Ejercen un poder transformador en los que las escuchan, y enternecerán y subyugarán el alma (RH 29-3-1870).
La religión práctica exhala fragancia.-
Ascienda a Dios la oración: "Crea en mí un corazón limpio", pues un alma pura y limpia tiene a Cristo que mora en ella, y de la abundancia del corazón fluye la vida. La voluntad humana debe rendirse a Cristo. En vez de Pasar de largo, cerrando egoístamente el corazón, hay necesidad de abrir el corazón a las dulces influencias del Espíritu de Dios. La religión práctica por doquiera exhala su fragancia. Es un sabor de vida para vida (Carta 31a,1894).
CAPÍTULO 6
6. La laboriosidad de la hormiga reprocha la ociosidad.-
[Se cita Prov. 6: 6.] Las moradas que las hormigas construyen para sí demuestran habilidad y perseverancia. Estas tan sólo pueden mover un granito a la vez, pero realizan maravillas con diligencia y perseverancia. Salomón presenta al mundo la laboriosidad de la hormiga como un reproche para los que malgastan horas en pecaminosa pereza, en prácticas que corrompen el alma y el cuerpo. La hormiga se prepara para las estaciones futuras. Esta es una lección descuidada por muchos que están dotados con facilidades de razonamiento. Fracasan completamente en su preparación para la vida futura, inmortal, que Dios, en su providencia, ha asegurado para la raza humana caída (MS 35,1899).
CAPÍTULO 10
9. La rectitud convierte a un hombre en una bendición.-
El primer paso en la senda de la vida consiste en mantener la mente fija en Dios, tener su temor, continuamente ante los ojos. Una sola desviación de la integridad moral embota la conciencia y abre la puerta para la tentación siguiente. "El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado". [Prov. 10: 9.] Se nos ordena que amemos a Dios sobre todas las cosas, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos; pero la experiencia diaria de la vida demuestra que se desobedece esta ley. La rectitud en el proceder y la integridad moral asegurarán el favor de Dios, y harán a un hombre una bendición para sí mismo y para la sociedad; pero en medio de las diversas tentaciones que lo asaltan no importa qué camino tome, es imposible que mantenga una clara conciencia y la aprobación del cielo sin la ayuda divina y el principio de amar la honradez por causa de lo recto.
Un carácter aprobado por Dios y el hombre debe ser preferido a la riqueza. Debe ponerse el fundamento, pero cuyo proceder demuestra que están edificando sobre arena movediza. La gran tempestad barrerá su fundamento y no tendrán refugio.
Muchos alegan que a menos que sean perspicaces y estén alerta para sacar provecho, sufrirán pérdidas. Prosperan sus prójimos inescrupulosos, que obtienen una ganancia egoísta, en tanto que ellos, aunque tratan de proceder estrictamente de acuerdo con los principios bíblicos, no son tan grandemente favorecidos. ¿Ven el futuro estas personas? ¿O tienen los ojos demasiado débiles para ver a través de la neblina de la mundanalidad cargada de miasmas, que el honor y la integridad no se recompensan con la moneda de este mundo? ¿Recompensará Dios la virtud meramente con éxito mundanal? Tiene sus nombres escritos en las palmas de sus manos como herederos de honores perdurables, de riquezas que son imperecederas. ¿Qué ganó ese defraudador con su proceder mundano? ¿Cuán alto fue el precio que pagó por su éxito? Ha sacrificado su noble sombría y ha comenzado a mancillar por el camino que conduce a la perdición. Quizá se convierta; quizá vea la impiedad de su injusticia con sus prójimos, y haga restitución hasta donde sea posible. Sin embargo, las cicatrices de una conciencia herida permanecerán siempre (ST 72-1884).
CAPÍTULO 11
1. Todos los negocios sobre principios rectos.-
En todas las transacciones comerciales debemos hacer que brille decididamente la luz. No debe haber prácticas dolosas. Todo debe hacerse con la más estricta integridad. Es mejor consentir en que haya una pérdida económica antes que ganar algo de dinero mediante prácticas deshonestas. Nada perderemos finalmente si procedemos con rectitud. Hemos de vivir la ley de Dios en nuestro mundo, y perfeccionar sin carácter a semejanza del modelo divino. Todos los negocios, con los que son de la fe y con los que no lo son, deben efectuarse sobre principios, justos y rectos. Todo debe verse a la luz de la ley de Dios; todo debe hacerse sin fraude, sin duplicidad, sin un matiz de engaño (MS 47, 1898).
Dios recompensa la honradez; maldice la injusticia.-
"El peso falso es abominación a Jehová". Un peso falso es símbolo de todo trato injusto, de todo ardid para ocultar egoísmo e injusticia bajo una apariencia de lealtad y equidad. Dios no favorecerá tales prácticas en el más mínimo grado. El odia todo camino falso. Aborrece todo egoísino y toda ambición. No tolerará los procedimientos despiadados, sino que les dará el pago merecido. Dios puede dar prosperidad al obrero que ha adquirido honradamente sus recursos; pero su maldición descansa sobre todo lo que se obtiene mediante prácticas egoístas.
Cuando uno se entrega al egoísmo o a las prácticas dolosas, demuestra que no teme al Señor ni reverencia su nombre. Los que están en la presencia de Dios no sólo rehuirán toda injusticia, sino que manifestarán la misericordia y bondad divinas para con todas las personas con quienes tratan. El Señor no sanciona que se haga acepción de personas. Tampoco aprobará el proceder de los que no hacen diferencia en favor del pobre, la viuda y el huérfano (Carta 20a, 1893).
14.
Ver EGW com. 1 Crón. 27: 32-34.
CAPÍTULO 12
18. Las palabras significan mucho.-
La voz y la lengua son dones de Dios, y si se las usa correctamente son un poder para Dios. Las palabras significan muchísimo. Pueden expresar amor, consagración, alabanza, melodía para Dios, u odio y venganza. Las palabras revelan los sentimientos del corazón; pueden ser un sabor de vida para vida o de muerte para muerte. La lengua es un mundo de bendición o un mundo de iniquidad (MS 40,1896).
¿Granizo desolador o semillas de amor?
Puede verse que algunos vienen de su diaria comunión con Dios revestidos con la mansedumbre de Cristo. Sus palabras no son como granizo desolador que aplasta todo a su paso; de sus labios emana dulzura. En forma completamente inconsciente, esparcen semillas de amor y bondad a lo largo de toda su senda, porque tienen a Cristo en el corazón. Su influencia se siente más de lo que se ve (MS 24,1887).
19. Los honrados son sus joyas para siempre.-
La veracidad y la sinceridad siempre debieran ser albergadas por todos los que pretenden ser seguidores de Cristo. Dios y lo correcto debieran ser el lema. Proceded honrada y rectamente en este actual mundo malo. Algunos serán honrados cuando vean que la honradez no pondrá en peligro sus intereses terrenales; pero será borrado del libro de la vida el nombre de todos los que proceden de acuerdo con este principio.
Debe cultivarse una estricta honradez. Por este mando pasamos sólo una vez; no podemos regresar para rectificar los errores; por lo tanto, cada acción debiera hacerse con temor piadoso y consideración cuidadosa. La honradez y las artimañas no pueden armonizar: o se subyugara las artimañas, y la verdad y la honradez estarán en el timón, o presidirán las artimañas, y la honradez dejará de dirigir. Ambas no pueden actuar juntas; nunca pueden estar de acuerdo. Cuando Dios allegue sus joyas, los veraces, los sinceros, los honrados serán sus escogidos, sus tesoros. Ángeles están preparando coronas para los tales; y desde esas diademas adornadas con estrellas se reflejará en su esplendor la luz del trono de Dios (RH 29-12-1896).
CAPÍTULO 14
30 (Cap. 27: 4). Un vil rasgo de carácter satánico.-
La envidia es uno de los más viles rasgos del carácter satánico. Constantemente trata de exaltar al yo al difamar a otros. El envidioso rebaja a su prójimo para exaltarse a sí mismo. El sonido de la alabanza es grato para el que ha desarrollado mucho el ansia de ser aprobado y detesta oír que se encomieda otro. ¡Oh, cuán indecible daño ha causado en nuestro mundo este mal rasgo de carácter! En el corazón de Saúl existió la misma enemistad que agitó el corazón de Caín contra su hermano Abel, porque las obras de Abel eran justas y Dios las aceptaba, y sus propias obras eran malas y el Señor no podía bendecirlo.
La envidia es hija del orgullo, y si se la alberga en el corazón provocará actos crueles, odio, venganza y homicidio. El gran conflicto entre Cristo y el príncipe de las tinieblas se lleva a cabo en la vida práctica cotidiana (ST 17-8-1888).
CAPÍTULO 15
1, 2. Semillas que producen una mala cosecha.-
Las palabras impetuosas siembran semillas que producen una mala cosecha que nadie querrá recoger. Nuestras palabras afectan nuestro propio carácter, pero aun más poderosamente el carácter de otros. Sólo el Dios infinito puede medir el daño que se hace con las palabras descuidadas. Esas palabras brotan de los labios, y quizá no tengamos la intención de hacer daño alguno. Sin embargo, son el índice de nuestros pensamientos íntimos, y dan resaltados que favorecen el mal. ¡Cuánta desdicha se ha producido en el círculo familiar al hablar palabras irreflexivas y crueles! Las palabras ásperas causan encono en la mente quizá durante años, y nunca pierden su efecto doloroso. Como cristianos debiéramos considerar la influencia que tienen nuestras palabras en las personas con quienes nos relacionamos, ya sean creyentes o no. Se observan nuestras palabras, y se hace agravio con expresiones irreflexivas. Ningún trato posterior con creyentes o incrédulos contrarrestará del todo la impresión desfavorable de palabras irreflexivas y necias. Nuestras palabras dan evidencia del tipo de alimento que nutre el alma (YI 27-6-1895).
33
Ver EGW com. Juec. 6: 15, t. II, pág. 997.
CAPÍTULO 16
2. Dios lee las maquinaciones secretas.-
Atañe al interés eterno de cada uno el escudriñamiento de su propio corazón y que se mejore cada facultad dada por Dios. Recuerden todos que no hay un motivo en el corazón de hombre alguno que el Señor no vea claramente. Los motivos de cada uno se pesan tan cuidadosamente como si el destino del instrumento humano dependiera de ese resultado. Necesitamos relacionarnos con el poder divino para que aumente nuestra clara comprensión y nuestro entendimiento de cómo razonar de causa a efecto. Es preciso que cultivemos las facultades de comprensión haciéndonos participantes de la naturaleza divina, por haber huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. Considere cada uno cuidadosamente la solemne verdad: Dios en el cielo es verdadero, y no hay un solo designio, por intrincado que sea, ni un solo motivo, por más cuidadosamente que se haya ocultado, que él no comprenda claramente. El lee las maquinaciones secretas de cada corazón. Los hombres pueden tramar planes siniestros para el futuro, y pensar que Dios no los entiende; pero en aquel gran día cuando se abran los libros y cada hombre sea juzgado por las cosas escritas en los libros, esos hechos aparecerán tales como son...
[Se cita Sal. 139: 1-5, 11, 12.]
El Señor ve y comprende toda falta de honradez al trazar planes, toda apropiación ilícita, de propiedades o recursos, del grado que fuere; toda injusticia en el trato del hombre con sus prójimos... [se cita Dan. 5: 27 ](RH 8-3-1906).
11 (Ose. 12: 7). La religión con balanzas engañosas es abominación.-
Un fraude en cualquier transacción comercial es un pecado grave a la vista de Dios, pues los bienes que manejan los hombres pertenecen a Dios y se los ha de usar para la gloria de su nombre, si es que los hombres quieren ser puros y limpios ante la vista de él. La religión que lleva en la mano la medida escasa y la balanza engañosa es una abominación a la vista de Dios. El que alberga una religión tal será avergonzado, pues Dios es un Dios celoso (Carta 8, 1901).
28.
Ver EGW com. cap. 26: 20-22.
32 (ver EGW com. 1 Sam. 24: 6; t. II, pág. 1015). Cómo ser más fuerte que reyes o conquistadores.-
¿Usa Cristo palabras cortantes, duras críticas y malignas sospechas para con los suyos que cometen faltas? No. El toma en cuenta cada flaqueza; procede con discernimiento. Conoce cada uno de nuestros defectos, pero ejerce paciencia, pues de lo contrario habríamos perecido hace mucho debido a la mala forma en que lo hemos tratado. El insulto máximo que podemos propinarle es que digamos ser sus discípulos, a la vez que manifestamos el espíritu de Satanás en nuestras palabras, en nuestro modo de ser y en nuestras acciones. No es propio que las personas a quienes Jesús tiene tanto que soportar por sus defectos y su perversidad estén siempre tomando en cuenta desprecios y ofensas reales o imaginarias. Sin embargo, hay quienes siempre están juzgando los motivos de los que los rodean. Ven ofensas y desprecios cuando ni se pensó en tales cosas. Todo esto es obra de Satanás en el corazón humano. El corazón lleno de amor no piensa el mal, ni estará alerta para captar descortesías y ofensas de las cuales pueda haber sido objeto. La voluntad de Dios es que el amor divino cierre los ojos, los oídos y el corazón a todo ese tipo de provocaciones y a todas las sugestiones con que Satanás quiera llenarlos. Hay una gran elocuencia en el silencio del que está expuesto a malas conjeturas o ultrajes. Enseñorearse uno de su espíritu es ser más fuerte que reyes o conquistadores. Un cristiano induce a los demás a que piensen en Cristo. Será afable, bondadoso, paciente, humilde y, sin embargo, valeroso y firme para defender la verdad y el nombre de Cristo (MS 24,1887).
No debemos considerar como enemigos a todos los que no nos reciben con una sonrisa a flor de labios y con demostraciones de amor. Es mucho más fácil comportarse como un mártir que vencer el mal genio.
Debemos dar a otros un ejemplo no deteniéndonos ante cada ofensa baladí para defender nuestros derechos. Es de esperar que circulen informes falsos acerca de nosotros, pero si seguimos una conducta recta, si permanecemos indiferentes ante esas cosas, otros también serán indiferentes. Dejemos a Dios el cuidado de nuestra reputación. Y así mostraremos, como hijos e hijas de Dios, que tenemos dominio propio. Demostraremos que somos guiados por el Espíritu de Dios y que somos lentos para la ira. La calumnia, con el tiempo, puede desaparecer por nuestra manera de vivir; pero no desaparecerá con palabras de indignación. Sea nuestro gran anhelo comportarnos movidos por el temor de Dios, demostrando con nuestra conducta que son falsos dichos informes. Nadie puede perjudicar nuestro carácter tanto como nosotros mismos. Los árboles débiles y las casas bamboleantes necesitan que se los apuntale continuamente. Cuando nos mostramos tan preocupados por proteger nuestra reputación contra los ataques externos, damos la impresión de que ella no es intachable delante de Dios y que, por lo tanto, hay que protegerla todo el tiempo (MS 24, 1887).
Evitad la embriaguez provocada por la ira.-
Hay individuos que no tienen dominio propio; no han refrenado el genio ni la lengua; y algunos de ellos pretenden ser seguidores de Cristo, pero no lo son. Jesús no les ha dado tal ejemplo. Cuando tengan la mansedumbre y humildad del Salvador, no procederán de acuerdo con los impulsos del corazón natural, pues esto proviene de Satanás. Algunos son nerviosos, y si ante la provocación comienzan a perder el dominio propio en palabras o espíritu, están tan embriagados con la ira como un ebrio lo está con el licor. Son irrazonables, y no se los puede persuadir ni convencer fácilmente. No están en sus cabales; en esos momentos Satanás los domina plenamente. Cada una de estas manifestaciones de ira debilita el sistema nervioso y las facultades morales, y hace difícil dominar la ira u otra provocación. Para gente de ese tipo hay un solo remedio: dominio propio positivo en todas las circunstancias. El esfuerzo para situarse en una posición ventajosa, donde no se moleste el yo, puede tener éxito por un tiempo; pero Satanás sabe cómo molestar a esas pobres almas, y las atacará en sus puntos débiles vez tras vez. Estarán continuamente perturbadas mientras piensen tanto en el yo. Llevan sobre sí la carga más pesada que pueda soportar un mortal: el yo no santificado ni sometido. Pero hay esperanza para los tales. Que esta vida, tan tormentosa debido a los conflictos y a las preocupaciones, se una con Cristo, y entonces el yo no reclamará la supremacía (YI 10-11- 1886).
CAPÍTULO 17
9.
Ver EGW com. cap. 26: 20-22.
CAPÍTULO 18
12.
Ver EGW com. Juec. 6: 15.
21. El diablo puede usar la lengua de los cristianos para arruinar.-
No permitáis que el diablo use vuestra lengua y vuestra voz para arruinar a los que son débiles en la fe, pues en el día final de ajuste de cuentas Dios os pedirá que respondáis por vuestra obra (MS 39, 1896).
CAPÍTULO 20
1.
Ver EGW com. cap. 23: 29-35.
CAPÍTULO 21
2. A veces en el terreno de Lucifer.-
Cuando un hombre piensa que una vez que ha tomado una decisión debe sostenerla sin alterarla nunca, está en el mismo terreno en que estuvo Satanás cuando se rebeló contra Dios. Satanás sostenía que sus planes para el gobierno del cielo eran una teoría superior e inmutable.
Nadie debe pensar que se deben inmortalizar las opiniones humanas. El que piense que nunca cambiará sus puntos de vista, se coloca en terreno peligroso. A los que sostienen que sus puntos de vista son inmutables, no se los puede ayudar, pues se colocan donde no están dispuestos a recibir el consejo ni la admonición de sus hermanos (Carta 12, 1911).
CAPÍTULO 22
29. Dios demanda esfuerzos vigorosos y fervientes.-
En vuestro esfuerzo emplead las mejores facultades. Recurrid a la ayuda de los motivos más poderosos. Estáis aprendiendo. Esforzaos por hacer cabalmente todo lo que emprendais. Nunca tengáis una meta inferior a la de llegar a ser competentes en el asunto al que os dediquéis. No cargáis el hábito de ser superficiales y descuidados en nuestros deberes y estudios, pues vuestros hábitos se fortalecerán y llegaréis a ser incapaces de algo mejor. La mente, en forma natural, tiende a satisfacerse con lo que requiere poco cuidado y esfuerzo, y a contentarse con algo barato e inferior. Jóvenes de ambos sexos, hay profundidades de conocimiento que nunca habéis sondeado, y os satisfacéis y enorgullecéis con vuestros logros superficiales. Si supierais mucho más de lo que sabéis ahora, os convenceríais de que sabéis muy poco.
Dios demanda de vosotros esfuerzos intelectuales intensos y fervientes, y vuestras facultades se robustecerán con cada esfuerzo determinado. Vuestra obra entonces siempre será agradable porque sabréis que estáis progresando. Podéis acostumbraros a proceder con lentitud, incertidumbre e irresolución, hasta el punto de que la obra de vuestra vida no llegue a ser la mitad de lo que podría haber sido; o, con los ojos fijos en Dios y el alma fortalecida por la oración, podréis vencer la vergonzosa lentitud y la falta de amor por el trabajo, y capacitaréis la mente para que piense rápidamente y se ejercite con fuerza en el momento debido. Si vuestro motivo más elevado es trabajar por un salario jamás os haréis idóneos, en ningún cargo, para llevar a cabo grandes responsabilidades; nunca os capacitaréis para enseñar (MS 24, 1887).
CAPÍTULO 23
26. La más preciosa ofrenda de la juventud.-
Hijos, venid a Jesús. Dad a Dios la ofrenda más preciosa que os es posible presentar; dadle el corazón. El os habla para deciros: Hijo mío, hija mía, dadme el corazón. Aunque vuestros pecados fueren como la grana, los haré blancos como la nieve, pues os limpiaré con mi propia sangre. Os haré miembros de mi familia: hijos el Rey celestial. Tomad mi perdón, mi paz que os doy gratuitamente. Os revestiré con mi propia justicia -el traje de bodas- y os haré aptos para la cena de las bodas del cordero. Cuando estéis revestidos con mi justicia -mediante oración, mediante vigilancia, mediante diligente estudio de mi Palabra- podréis alcanzar una norma elevada. Entenderéis la verdad, y vuestro carácter será modelado por una influencia divina, pues ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación" (YI 306-1892).
29-35 (cap. 20: l). El dominio de Satanás mediante las bebidas fuertes.-
[Se cita Prov. 23: 29- 35.] ¿No se cumple acaso esta descripción en la vida? ¿No representa para nosotros el caso del pobre borracho embrutecido, sumido en la degradación y la ruina porque se ha llevado la botella a los labios, y dice: "Voy a probarlo todavía una vez"? La maldición ha caído sobre esa alma porque se ha entregado al mal, y Satanás rige su ser...
El que ha formado el hábito de tomar bebidas embriagantes está en una situación desesperada. No se puede razonar con él, ni se lo puede convencer de que se prive de esa complacencia. Tiene el estómago y el cerebro enfermos, debilitada la fuerza de voluntad y desenfrenado el apetito. El príncipe de la potestad de las tinieblas lo tiene en una esclavitud, de la que no puede liberarse. Para socorrer a tales víctimas debiera suprimirse el negocio de los licores. Los gobernantes de este país, ¿no ven acaso los terribles resultados que son el fruto de este tráfico? Los periódicos abundan diariamente en relatos que conmoverían a un corazón de piedra, y si el entendimiento de nuestros gobernantes no estuviera pervertido, verían la necesidad de eliminar este tráfico mortífero. Quiera el Señor conmover el corazón de los gobernantes a fin de que tomen medidas para prohibir el expendio de licores (RH 1-5-1894).
CAPÍTULO 24
6.
Ver EGW com. 1 Crón. 27: 32-34. 1181
CAPÍTULO 26
20-22 (caps. 16: 28; 17: 9; Jer. 20: 10). Los rumores que se esparcen destruyen la unidad.-
Hay hermanos que a veces se relacionan durante años, y piensan que pueden confiar en quienes conocen tan bien, como confiaríais en los miembros de su propia familia. Hay una libertad y una confianza en esta asociación que no podría existir entre los que no son de la misma fe. Esto es muy agradable mientras duren la fe mutua y el amor fraternal; pero permítase que "el acusador de nuestros hermanos" logre penetrar en el corazón de uno de esos hombres, que controle la mente y la imaginación, y se crearan recelos, se albergarán malicias y envidias; y el que se creía seguro del amor y de la amistad de su hermano será objeto de desconfianza y se tergiversarán sus motivos. El falso hermano olvida sus propias flaquezas humanas, olvida su obligación de no hablar ni pensar nada malo para que no se desilusione a Dios ni se hiera a Cristo en la persona de sus santos. Se comenta despiadadamente cada defecto del cual se pueda pensar o imaginar, y se describe como oscuro y dudoso el carácter de un hermano.
Se traiciona algo que se ha confiado como sagrado. Las cosas habladas en confianza fraternal se repiten y tergiversan; y cada palabra y cada acción -por inocentes y bien intencionadas que sean son examinadas por la crítica fría y envidiosa de los que se pensaban eran demasiado nobles y demasiado honorables como para aprovecharse en lo más mínimo de una asociación amistosa o una confianza fraternal. El corazón se cierra a la misericordia, al juicio y al amor de Dios; y se revela el espíritu frío, escarnecedor, desdeñoso que Satanás manifiesta hacia su víctima.
Así se trató al Salvador del mundo, y estamos expuestos a la influencia del mismo espíritu maligno. Ha llegado el tiempo cuando es seguro confiar en un amigo o en un hermano.
Así como en los días de Cristo hubo espía que seguían las pisadas de Cristo, también pasa ahora con nosotros. Satanás se alegra mucho si puede usar a los falsos creyente para que actúen como acusadores de los hermanos, pues, aunque no se den cuenta de ello, los que hacen esto le sirven tan ciertamente como lo hizo Judas cuando traicionó a Cristo. Satanás no es menos activo ahora que en los días de Cristo, y los que se prestan para hacer su obra manifestarán su espíritu.
Los rumores que se esparcen, con frecuencia destruyen la unidad entre los hermanos. Hay quienes están alerta, con la mente y los oídos abiertos, para captar los escándalos que circulan. Recogen pequeños incidentes que quizá son en sí una bagatela, pero que se repiten y exagerara hasta que un hombre aparece cómo culpable por una palabra. Su lema parece ser: "Cuenta y lo contaremos". Estos chismosos hacen la obra del diablo con sorprendente fidelidad, sin darse cuenta cuán detestable para Dios es su conducta. Si empleasen la unidad de la energía y del ahínco que dedican a esa obra impía para examinar su propio corazón, encontrarían tanto que hacer para limpiar su alma de impurezas , que no tendrían tiempo ni ganas para censurar a sus hermanos, y no caerían bajo el poder de esta tentación. La puerta de la mente debiera estar cerrada contra Se dice" o "He oído". En vez de permitir que los celos y las malas conjeturas penetren en nuestro corazón, ¿por qué no vamos a nuestros hermanos y, después de haber presentado ante ellos, franca aunque bondadosamente, las cosa lesivas para su carácter e influencia que hemos oído, oramos con ellos y para ellos? Aunque no podemos amar espontáneamente a los que son amigos acérrimos de Cristo ni confraternizar con ellos, debiéramos cultivar ese espíritu de mansedumbre y amor que se caracterizaba a nuestro Maestro: un amor que no piensa el mal y que no se irrita fácilmente (RH 3-6-1884).
CAPÍTULO 27
4 (cap. 14: 30; Cant. 8: 6). La envidia es una sombra infernal.-
La envidia, los celos y las malas conjeturas son una sombra infernal mediante la cual Satanás procura interceptar vuestra visión del carácter de Cristo, de modo que al comtemplar el mal os transforméis plenamente a su semejanza (Carta 9, 1892).
9. El valor de un amigo.-
Puede ser que las cosas vayan mal para cada uno, que la tristeza y el desánimo puedan oprimir a cada alma; entonces la presencia personal, un amigo que anhela consolar e impartir valor, rechazará los dardos del enemigo lanzados para destruir. No hay la mitad de los amigos cristianos que debiera haber en las horas de tentación, en una crisis, ¡qué valioso es un verdadero amigo! En ocasiones como ésa, Satanás envía sus emisarios para hacer que tropiecen los miembros vacilantes; pero los verdaderos amigos que aconsejarán, que impartirán una esperanza reanimadora, la fe tranquilizante que eleva el alma, ¡oh, una ayuda tal vale más que perlas preciosas! (Carta 7, 1883).
CAPÍTULO 29
1. El rechazo de la reprensión induce a perder el alma.-
Satanás actuará en la mente de los que han buscado complacencia propia, sobre los hombres que siempre han procedido a su antojo y consideran que cualquier cosa que se les presente en forma de consejo o reprensión para que cambien sus objetables rasgos de carácter es una manía de criticar, algo que los ata y restringe para que no tengan libertad de actuar por sí mismos. El Señor, en su gran misericordia, les ha enviado mensajes de advertencia, pero no quisieron escuchar la reprensión. A imitación del enemigo que se rebeló en el cielo, no quisieron oír; no corrigen el mal que han hecho, sino que se convierten en acusadores y se declaran maltratados y que no son debidamente apreciados.
Ahora es el tiempo de la prueba, del examen, de demostrar los resultados. Los que, como Saúl, persistan en hacer lo que les plazca, sufrirán como él la pérdida del honor, y finalmente la pérdida del alma (Carta 13, 1892).
CAPÍTULO 31
26. La ley de clemencia está en su lengua.-
El Señor ayudará a cada uno de nosotros lo que más necesitemos en la magna de dominar y vencer el yo. Que esté la ley de la clemencia en vuestra lengua y el leo de gracia en vuestro corazón; esto producirá maravillosos resaltados: seréis tiernos, simpáticos, corteses. Necesitáis todas esas gracias. Se ha de recibir e introducir el espíritu Santo en vuestro carácter; entonces será como fuego santo que exhalará incienso que ascenderá a Dios, no de labios que condenen, sino como un restaurador de las almas humanas. Vuestro semblante expresará la imagen de lo divino. No debieran pronunciarse palabras mordaces, críticas, bruscas ni severas. Este es fuego vulgar, y debe quedar fuera de todos nuestros concilios y de las relaciones con nuestros hermanos. Dios requiere que toda alma que está a su servicio encienda su incensario con los carbones del fuego sagrado. Hay que refrenar las palabras vulgares, severas y ásperas que emanan tan fácilmente de vuestros labios, y el Espíritu de Dios hablará mediante el instrumento humano. La contemplación del carácter de Cristo os transformará a su semejanza. Sólo la gracia de Cristo puede cambiar vuestro corazón, y entonces reflejaréis la imagen del Señor Jesús. Dios os insta a que seáis como él: puros, santos e inmaculados. Hemos de llevar la imagen divina (Carta 84,1899).
(Col. 3: 12, 13.) Vivid la ley de la bondad.-
El Señor Jesús es nuestro único ayudador. Mediante su gracia aprenderemos a cultivar el amor, a educarnos para hablar bondadosa y tiernamente. Mediante su gracia, nuestras maneras frías y ásperas serán transformadas. La ley de la bondad estará en nuestros labios, y los que están bajo la preciosa influencia del Espíritu Santo no creerán que es una evidencia de debilidad llorar con los que lloran, regocijarse con los que se regocijan. Tenemos que cultivar las excelencias celestiales de carácter. Debemos aprender lo que significa tener buena voluntad para con todos los hombres, un sincero deseo de ser como luz del sol y no como una sombra en la vida de otros.
Mis hermanos, quebrantaos y arrepentíos de corazón. Que las expresiones de simpatía y amor, que no ampollan la lengua, fluyan de vuestros labios. Haced sentir a otros ese calor que puede crear el amor en el corazón, y educad a los profesos discípulos de Cristo a corregir los males que han existido por tanto tiempo: egoísmo, frialdad y dureza de corazón. Todos esos rasgos revelan el hecho de que Cristo no mora en el alma [se cita Col. 3: 12, 13] (RH 2-1-1894).
27 (Isa. 65: 21-23). No hay creyentes ociosos.-
La Biblia no reconoce a un creyente que sea ocioso, por elevada que sea su profesión. Habrá ocupación en el cielo. Los redimidos no estarán en un reposo ocioso. Queda un reposo para el pueblo de Dios, pero es un reposo que se halla en un servicio de amor (Carta 203, 1905). 1183