viernes, 26 de septiembre de 2008

LUCAS:


CAPÍTULO 1
1-4.
Ver EGW com. Hech. 1: 1-5.
5-17. Una respuesta a la oración.-
Durante toda su vida matrimonial Zacarías había orado pidiendo un hijo. El y su esposa ya eran ancianos, y todavía su oración no había sido contestada; pero él no murmuró. Dios no se había olvidado. Tenía un tiempo señalado para contestar esa oración, y cuando el caso parecía ya sin esperanza, Zacarías recibió su respuesta...
Cuando Zacarías entró en el lugar santo y llevó a cabo con solemne reverencia la ceremonia que se exigía, apareció otro ser que se situó entre el altar y la mesa de los panes de la proposición. Era Gabriel, el poderoso mensajero de Dios... [Se cita Luc. 1: 12-17].
Había llegado la respuesta. Dios no había olvidado la oración de sus siervos. La había escrito en su libro de registro para ser respondida a su debido tiempo. Según las apariencias externas, Zacarías y Elisabet habían renunciado a sus esperanzas, pero el Señor no se había olvidado. Conocía los largos años de desilusiones, y nació el hijo de ellos cuando el nombre divino podía ser mejor glorificado. ¡Cuán tierno, cuán bondadoso, cuán lleno de amor y compasión es el gran corazón de infinito amor! Dios no dio a Zacarías un hijo común, sino un hijo que ocuparía un lugar encumbrado en la obra de Dios, y desde el cual brillaría la luz del cielo con rayos claros y nítidos (MS 27, 1898).
17.
Ver EGW com. Mat. 11: 14.
22. Brillaba con luz refleja.-
Cuando Zacarías salió del templo, su rostro brillaba con la luz que el ángel celestial había reflejado sobre él. Pero no podía hablar al pueblo. Hizo saber por señas que un ángel se le había aparecido en el templo, y debido a su incredulidad estaba privado de la facultad del habla hasta que se cumpliera la predicción del ángel (2SP 45).
31-35.
Ver EGW com. Juan 1: 13-14.
35 (ver EGW com. Juan 1: 13-14). El Hijo de Dios en un nuevo sentido.-
Cristo proporcionó a hombres y mujeres el poder para vencer. Vino a este mundo en forma humana para vivir como hombre entre los hombres. Tomó las debilidades de la naturaleza humana para ser probado y tentado. En su humanidad era participante de la naturaleza divina; por su encarnación ganó en un nuevo sentido el título de Hijo de Dios. El ángel dijo a María: "El poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios". Si bien era el hijo de un ser humano, en un nuevo sentido se convirtió en el Hijo de Dios. Así estuvo en nuestro mundo: Hijo de Dios, y sin embargo aliado, por nacimiento, con la raza humana...
Cristo estuvo unido con el Padre desde toda la eternidad, y cuando tomó sobre sí la naturaleza humana, todavía era uno con Dios, [Este] es el vínculo que une a Dios con la humanidad [se cita Heb. 2: 14] (ST 2-8-l905).
76-77 (cap. 3: 2-4; Isa. 40: 3; Mat 3: 1.3; Mar. 1: 1-3; Juan 1: 19-23). Juan nació para una obra especial.-
Dios ha tenido sus instrumentos para que llevaran adelante su obra en cada etapa de la historia de esta tierra, la cual debe ser hecha en la forma que él determina. Juan el Bautista tuvo una obra especial para la cual nació y para la cual fue elegido: la obra de preparar el camino del Señor... Su ministerio en el desierto fue un 1090 notabilísimo cumplimiento literal de la profecía (MS 112, 1901).
80. Ninguna escuela era adecuada.-
Había una gran obra designada para el profeta Juan, pero no había ninguna escuela en la tierra a la cual pudiera asistir. Debía adquirir su conocimiento lejos de las ciudades, en el desierto. Las Escrituras del Antiguo Testamento, Dios y la naturaleza que él había creado debían ser sus libros de estudio. Dios estaba capacitando a Juan para su obra de preparar el camino del Señor. Su alimento era simplemente langostas y miel silvestre. Las costumbres y las prácticas de los hombres no debían ser la educación de este hombre. La preocupación por lo mundano no debía afectar en nada la formación de su carácter (MS 131, 1901).
Satanás tenía acceso a pesar de estar cerrados los caminos.-
Juan no se sentía suficientemente fuerte para soportar la gran presión de la tentación que encontraría en la sociedad. Temía que su carácter fuera modelado de acuerdo con las costumbres que prevalecían entre los judíos, y escogió el desierto como su escuela, en la cual su mente podía ser debidamente educada y disciplinada por el gran libro de Dios: la naturaleza. En el desierto, Juan podía negarse a sí mismo más fácilmente, dominar su apetito y vestirse de acuerdo con la sencillez natural. Y en el desierto no había nada que desviara su mente de la meditación y la oración. Satanás tenía acceso a Juan, aun después de que éste cerró todos los caminos que dependían de él y por los cuales Satanás pudiera entrar. Pero sus hábitos de vida eran tan puros y naturales que podía discernir al enemigo, y tenía fortaleza de espíritu y decisión de carácter para resistirlo.
El libro de la naturaleza estaba abierto ante Juan con su inagotable caudal de variadas instrucciones. El buscaba el favor de Dios, y el Espíritu Santo descansaba sobre él, y encendió en su corazón un ardiente celo de hacer la gran obra de llamar a la gente al arrepentimiento y a una vida más elevada y más santa. Juan se estaba capacitando mediante las privaciones y las dificultades para disciplinar de tal manera todas sus facultades físicas y mentales, que pudiera sostenerse entre las gentes tan inconmovible frente a las circunstancias como las rocas y montañas del desierto que lo habían rodeado durante treinta años (2SP 47).
Satanás no pudo mover a Juan.-
La niñez, juventud y edad viril de Juan -que vino con el espíritu y el poder de Elías para hacer una obra especial de preparar el camino para el Redentor del mundo- se distinguieron por su firmeza y poder moral. Satanás no pudo moverlo de su integridad (RH 3-3-1874).
CAPÍTULO 2
9. Fortalecido para soportar una luz mayor.-

[Se cita Luc. 2: 8-9.]... Los cielos se iluminan súbitamente con un brillo que alarma a los pastores. No saben la razón de este gran espectáculo. Al principio no disciernen las miríadas de ángeles que están congregadas en los cielos. El brillo y la gloria de la hueste celestial iluminan y llenan de gloria toda la planicie. Los pastores están aterrorizados por la gloria de Dios, pero el ángel que preside a las huestes aquieta sus temores revelándoseles y diciendo: "No temáis..."
Cuando sus temores se alejan, el gozo ocupa el lugar del asombro y del terror. Al principio no podían soportar el resplandor de la gloria que acompañaba a toda la hueste celestial, y que súbitamente irrumpió sobre ellos. Un solo ángel aparece ante la mirada de los vigilantes pastores para disipar sus temores y hacerles conocer su misión. A medida que la luz del ángel los rodea, la gloria descansa sobre ellos y son fortalecidos para soportar la luz mayor y la gloria mayor que acompañan a las miríadas de ángeles celestiales (2SP 17 - 18).
13-14, 29-32. Satanás lleno de furia.-
Los mensajeros celestiales despertaron toda la furia de la sinagoga de Satanás. Este seguía los pasos de quienes cuidaban al niño Jesús. Oyó la profecía de Simeón en los atrios del templo, el hombre que había esperado por mucho tiempo la consolación de Israel. El Espíritu Santo estaba sobre él, y fue al templo llevado por el Espíritu. Tomando al Salvador-niño en sus brazos, bendijo a Dios y dijo: "Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel". Satanás se llenó de furia cuando vio que el anciano Simeón reconocía la divinidad de Cristo (RH 29-10-1895).
25-32. En la atmósfera del cielo.-
Tan pronto Simeón vio al niño en los brazos del 1091 sacerdote, fue divinamente impresionado... [Se cita Luc. 2: 29-32].
Simeón comprendió que tenía en sus brazos a Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida. En ese momento no había nada en la apariencia externa de Cristo que le diera esa seguridad, pero Simeón había vivido en la atmósfera del cielo. Los brillantes rayos del Sol de justicia le daban discernimiento espiritual. Su deseo predominante había sido ver a Cristo. La pureza de su vida correspondía con la luz que había recibido, y estaba preparado para la revelación de la gran verdad de que ese niño desvalido era el ungido del Señor, el mismo Mesías. Gozo y regocijo transfiguraron su rostro mientras tenía en sus brazos al don más precioso de Dios para los hombres. Su mente iluminada recibió la luz que fluía de la Fuente de toda luz. Vio que Cristo era la esperanza tanto de los gentiles como de los judíos. En su mente no existían las murallas de la tradición levantadas por el prejuicio judaico. Comprendió que el Mesías debía traer redención a todos (RH 2-4-1901).
Dos clases representadas.-
Simeón y los sacerdotes representan a dos clases: los que son guiados por el Espíritu de Dios porque están dispuestos a ser instruidos, y los que negándose a recibir la luz que los conduciría a toda verdad, son guiados por el espíritu de la potestad de las tinieblas y diariamente son conducidos a una oscuridad más profunda.
Simeón entendió, por iluminación divina, la misión de Cristo. El Espíritu Santo impresionó su corazón. Pero los sacerdotes y gobernantes estaban llenos del espíritu del enemigo de Dios; y el mismo espíritu influye hoy en las mentes humanas dominando con poder el corazón de los hombres y anulando las exhortaciones del Espíritu (RH 2-4-1901).
38. Judíos piadosos esperaban día y noche.-
Los judíos piadosos esperaban la venida del Mesías, creían en ella y oraban fervientemente por ella. Dios no podía manifestar su gloria y su poder a su pueblo mediante un sacerdocio corrompido. El tiempo fijado para favorecer a su pueblo había llegado. La fe de los judíos se había entenebrecido porque se habían apartado de Dios. Muchos de los dirigentes del pueblo introducían sus propias tradiciones y las hacían obligatorias para los judíos como los mandamientos de Dios. Los judíos creían en Dios y confiaban en que él no dejaría a su pueblo en esa condición de ser un reproche para los gentiles. El había levantado un libertador en el pasado cuando ellos, en su angustia, habían recurrido a Dios. Por las predicciones proféticas pensaban que había llegado el tiempo señalado por Dios cuando vendría el Mesías. Y creían que cuando viniera, tendrían una clara revelación de la voluntad divina y que sus doctrinas serían liberadas de las tradiciones e inútiles ceremonias que habían confundido su fe. Los ancianos judíos piadosos esperaban día y noche la venida del Mesías y oraban para que pudieran ver al Salvador antes de morir. Anhelaban ver que la nube de ignorancia y fanatismo se despejara de la mente del pueblo (2SP 41-42).
40. Un ejemplo de lo que los niños se pueden esforzar por ser.-
No es correcto decir, como muchos escritores han dicho, que Cristo era como todos los niños. No era como todos los niños. Muchos niños son descarriados y conducidos mal. Pero José, y especialmente María, mantuvieron delante de ellos el recuerdo de la Paternidad divina de su niño. Jesús fue instruido de acuerdo con el carácter sagrado de su misión. Su inclinación hacia lo correcto era una constante satisfacción para sus padres. Las preguntas que les hacía los inducían a estudiar con sumo fervor los grandes elementos de la verdad. Las conmovedoras palabras de Jesús en cuanto a la naturaleza y el Dios de la naturaleza abrían e iluminaban sus mentes.
La mirada del Hijo de Dios con frecuencia se detenía sobre las rocas y las colinas alrededor de su hogar. Estaba familiarizado con las cosas de la naturaleza. Veía el sol en los cielos, y la luna y las estrellas que cumplían su misión. Con sus cantos daba la bienvenida a la luz matinal. Escuchaba a la alondra que gorjeaba música para su Dios, y Jesús unía su voz a la voz de alabanza y gratitud...
[Se cita Luc. 2: 40.] [Jesús] era un ejemplo de lo que todos los niños se pueden esforzar por llegar a ser si sus padres buscan al Señor con sumo fervor, y si ellos cooperan con sus padres. En sus palabras y acciones manifestaba tierna simpatía por todos. Su compañía era un bálsamo curativo y sedante para los desanimados y deprimidos.
Nadie que mirara el rostro infantil radiante de animación, podría decir que Cristo era exactamente como los otros niños. Era Dios en carne humana. Cuando sus compañeros lo instaban a hacer lo malo, la divinidad refulgía a través de la humanidad, y se negaba decididamente. Rápidamente distinguía entre lo correcto y lo incorrecto y colocaba al pecado a la luz de los mandamientos de Dios, levantando la ley como un espejo que reflejaba luz sobre lo malo. Ese agudo discernimiento entre lo correcto y lo erróneo era lo que frecuentemente provocaba la ira de los hermanos de Cristo. Sin embargo, las exhortaciones y súplicas de él y el dolor expresado en su semblante revelaban un amor tan tierno y ferviente por ellos, que se avergonzaban de haberlo tentado a desviarse de su estricto sentido de justicia y lealtad (YI 8-9-1898).
40, 52. Desarrollo en conocimiento y servicio.-
Aunque crecía en conocimiento y la gracia de Dios estaba sobre él, sin embargo no se dejaba envanecer por el orgullo ni creía que era superior para hacer la tarea más humilde. Aceptaba su parte de la carga, junto con su padre, su madre y hermanos. Trabajaba arduamente para mantener a la familia y participaba del trabajo para cubrir los gastos del hogar. Aunque su sabiduría había admirado a los doctores, sin embargo se sometía humildemente a sus tutores humanos, llevaba su parte de las cargas de la familia y trabajaba con sus manos como habría trabajado cualquier obrero. Se dice de Jesús que (a medida que avanzaba en años) "crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres".
El conocimiento que cada día adquiría de su maravillosa misión no lo descalificaba para no hacer los deberes más humildes. Gozosamente admitía la obra que recae sobre los jóvenes que viven en hogares humildes acosados por la pobreza. Comprendía las tentaciones de los niños, pues llevaba los pesares y pruebas de ellos. Su propósito de hacer lo correcto era firme e inmutable. Aunque era tentado para hacer el mal, se negaba a apartarse ni por una sola vez de la verdad y rectitud más estrictas. Mantenía una perfecta obediencia filial; pero su vida intachable despertaba la envidia y los celos de sus hermanos. Su niñez y juventud estuvieron lejos de ser apacibles y felices. Sus hermanos no creían en él y se sentían molestos porque no procedía como ellos en todas las cosas, ni se unía a ellos para practicar el mal. Era alegre en su vida hogareña, pero nunca travieso. Siempre estaba dispuesto a aprender. Se deleitaba mucho en la naturaleza, y Dios era su maestro (ST 30-7-1896).
La luz y el gozo de la familia.-
Cristo es el ideal para toda la humanidad. Ha dejado un perfecto ejemplo para la niñez, la juventud y la edad viril. Vino a esta tierra y pasó por las diversas etapas de la vida humana. Hablaba y actuaba como los otros niños y jóvenes, con la excepción de que no hacía lo malo. El pecado no encontró lugar en su vida. Siempre vivía en una atmósfera de pureza celestial. Desde la niñez hasta la edad viril mantuvo inmaculada su confianza en Dios. La Palabra dice de él:... "crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres".
Jesús recibía su educación en el santuario del hogar, no sólo de sus padres sino de su Padre celestial. A medida que crecía, Dios le mostraba más y más la gran obra que estaba delante de él. Pero a pesar de todo ese conocimiento, no hacía alarde de superioridad. Nunca causó pena o preocupación a sus padres faltándoles el respeto. Se deleitaba en honrarles y obedecerles. Aunque no ignoraba su gran misión, consultaba los deseos de ellos y se sometía a su autoridad.
Cristo había sido el Comandante de la hueste angélica, pero eso no fue motivo para que evadiera el trabajo dejando que sus padres lo sostuvieran. Mientras todavía era bastante joven aprendió un oficio, y fielmente cumplía sus deberes diarios contribuyendo al sostén de la familia.
Cristo era la luz y el gozo del círculo familiar (YI 22-8-1901).
41-49. No debe perderse ninguna lección.-
Ningún acto de la vida de Cristo era insignificante. Cada suceso de su vida era para el beneficio de sus seguidores en lo futuro. La circunstancia de que Cristo se hubiera quedado en Jerusalén enseña una importante lección a los que crean en él...
Jesús conocía los corazones. Sabía que habría camaradería cuando regresara la multitud de Jerusalén, se comentarían muchas cosas y se conversaría mucho; pero faltarían la humildad y la gracia, y se olvidarían casi del todo del Mesías y de su misión. Decidió regresar de Jerusalén únicamente con sus padres, pues su padre y madre, estando solos, tendrían más tiempo para reflexionar y para meditar en las profecías que se referían a sus sufrimientos futuros y a su muerte. No quería que los penosos acontecimientos que ellos sufrirían cuando él sacrificara su vida por los pecados del mundo, les resultaran nuevos e inesperados. Cuando regresaron de Jerusalén, estuvo separado de ellos. Después de la celebración de la pascua lo buscaron afligidos durante tres días. Cuando él fuera muerto por los pecados del mundo, estaría separado de ellos, perdido para ellos durante tres días; pero se les revelaría después de eso y lo encontrarían, y su fe se apoyaría en él como el Redentor de la raza caída, su Abogado ante el Padre.
Aquí hay una lección para instruir a todos los seguidores de Cristo. El quiere que no se pierda ninguna de estas lecciones, sino que sean escritas para el beneficio de las futuras generaciones. Cuando los cristianos se reúnen es necesario que cuiden sus palabras y acciones, para que Jesús no los olvide y ellos pasen de largo sin darse cuenta de que Jesús no está con ellos. Cuando comprenden su condición descubren que han viajado sin la presencia de Aquel que podría proporcionar paz y gozo a sus corazones, y se emplean días en volver y buscar a Aquel a quien deberían haber retenido consigo durante cada momento. Jesús no será hallado en compañía de aquellos que descuidan la presencia de él y que conversan sin referirse a su Redentor, en quien afirman que se centran sus esperanzas de vida eterna. Jesús evita la compañía de los tales, y también la evitan los ángeles que cumplen las órdenes divinas. Esos mensajeros celestiales no son atraídos por la multitud donde la mente se aparta de las cosas celestiales. Esos espíritus santos y puros no pueden permanecer con los que no desean, ni invitan la presencia de Jesús, ni se dan cuenta de su ausencia. Por eso existen gran aflicción, pesar y desánimo. Por falta de meditación, vigilancia y oración, han perdido todo lo que es valioso. No están con ellos los rayos divinos que emanan de Jesús, para animarlos con su preciosa influencia elevadora. Están rodeados de la lobreguez porque su espíritu descuidado e irreverente ha separado a Jesús de su compañía y ha ahuyentado de ellos a los ángeles ministradores. Muchos que asisten a reuniones religiosas, y han sido instruidos por los siervos de Dios, y han sido grandemente vivificados y bendecidos al buscar a Jesús, han regresado a sus hogares sin ser mejores que cuando salieron porque no sintieron la importancia de velar y orar mientras regresaban a sus hogares. Con frecuencia se sienten inclinados a quejarse de otros porque se dan cuenta de su pérdida. Algunos murmuran contra Dios y no se reprochan a sí mismos por ser la causa de sus propias tinieblas y sufrimientos mentales. Estos no debieran desprestigiar a otros. La falta está en ellos mismos. Conversaron y bromearon, y con sus palabras alejaron al Huésped celestial. Sólo ellos son culpables. Todos tienen el privilegio de retener a Jesús consigo. Si hacen esto, sus palabras deben ser escogidas y sazonadas con gracia. Los pensamientos de su corazón deben ser disciplinados para que mediten en las cosas celestiales y divinas (2SP 35-38). 46. Un modelo de cortesía.-
Después de que José y María lo buscaron durante tres días, lo encontraron en el atrio del templo "sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles. Y todos los que le oían se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas". Hacía preguntas con una gracia que encantaba a esos eruditos. Era un modelo perfecto para toda la juventud. Siempre manifestó deferencia y respeto por los mayores. La religión de Jesús nunca hará que un niño sea rudo y descortés. (YI 8-9-1898).
50-51. Un ministerio constante.-
[Se cita Luc. 2: 50-5 1.] Cristo no comenzó su ministerio público sino hasta dieciocho años después de esto, pero constantemente estuvo ayudando a otros, aprovechando cada oportunidad que se le ofrecía. Aun en su niñez hablaba palabras de consuelo y ternura a jóvenes y viejos. Su madre no podía menos que advertir sus palabras, su espíritu, su obediencia voluntaria a todos los requerimientos de ella (YI 8-9-1898).
51.
Ver EGW com. Juan 2:1-2.
CAPÍTULO 3
2-4.
Ver EGW com. cap. 1: 76-77.
7-9.
Ver EGW com. Mat. 3: 7-8.
15-16 (Juan 1: 26-27). Sin aspiraciones mundanales.-
La gente pensaba que Juan podría ser el Mesías prometido. Su vida era muy desinteresada; en ella se destacaban la humildad y la abnegación. Sus enseñanzas, exhortaciones y reproches eran fervientes, sinceros y valientes. En su misión no se apartaba a derecha ni izquierda para cortejar los favores o aplausos de nadie. No aspiraba a honores terrenales ni a dignidad mundanal, sino era humilde de corazón y de vida, y no se atribuía honores que no le pertenecían. Aseguraba a sus seguidores que no era el Cristo (2SP 57).
21-22.
Ver EGW com. Mat 3: 13-17; 4: 1 - 11. 1094
CAPÍTULO 4
1-4.
Ver EGW com. Mat. 4: 1-4.
1-13.
Ver EGW com. Mat. 4: 1-11, Juan 2: 1-2.
2.
Ver EGW com. Mat. 4: 1-2.
5-8 (Mat. 4: 8-10). Satanás trató de hacer un convenio con Cristo.-
[Se cita Luc. 4: 58.] Esta insolente blasfemia e insulto a Jehová causó la indignación de Cristo y lo indujo a ejercer su autoridad divina. En forma majestuosa y terminante le ordenó a Satanás que desistiera. Satanás declaró ahora, en su orgullo y arrogancia, que él era el legítimo y permanente gobernante del mundo, el dueño de toda su gloria, como si él hubiera creado el mundo y todas las riquezas y la gloria que hay en él. Se esforzó por hacer un convenio especial con Cristo, cederle inmediatamente todo lo que él pretendía que era suyo, si Jesús lo adoraba.
En ese momento Satanás le mostró a Jesús los reinos del mundo. Se los presentó en la forma más atrayente. Se los ofreció a Jesús si lo adoraba. Le dijo a Jesús que renunciaría a sus demandas de la posesión de la tierra. Satanás sabía que su poder tenía que ser limitado y finalmente suprimido, si el plan de salvación se llevaba a cabo. Sabía que si Jesús moría para redimir al hombre, después de un tiempo terminaría su poder y él [Satanás] sería destruido. Por lo tanto, su premeditado plan era impedir -de ser posible- que se completara la gran obra que había sido comenzada por el Hijo de Dios. Si fracasaba el plan de la redención del hombre, Satanás retendría el reino que entonces reclamaba; y si lograba éxito, se hacía la ilusión de que reinaría en oposición al Dios del cielo (Redemption: or The First Advent of Christ, pp. 50-5 1).
6. Dos partidos y dos banderas.-
Satanás afirma que este mundo es su territorio. Aquí tiene su sede y mantiene bajo su dominio a todos los que se niegan a guardar los mandamientos de Dios, los que rechazan un claro "Así dice Jehová". Estos están bajo la bandera del enemigo, pues sólo hay dos bandos en el mundo. Todos se alistan bajo la bandera de la obediencia o bajo la bandera de la desobediencia (MS 41, 1898). 8.
Ver EGW com. Mat. 4: 10.
13.
Ver EGW com. Mat. 4: 11.
18-19. (Mat. 7: 29; 22: 29; Mar. 12: 37). El Evangelio a los pobres.-
Cristo vino para predicar el Evangelio a los pobres. Llegó hasta la gente donde ésta estaba. Presentó la verdad clara y sencilla para su comprensión. ¡Cuán sencillo era su lenguaje! Aun los más pobres, los incultos e ignorantes podían comprenderlo. Ninguno necesitaba buscar un diccionario para entender el significado de los títulos o de las palabras altisonantes que salían de los labios del Maestro máximo que el mundo, jamás haya conocido. Los sacerdotes, los magistrados y los expositores de la ley se consideraban como los únicos maestros del pueblo, pero él les dijo a esos eruditos rabinos que ignoraban tanto las Escrituras como el poder de Dios (RH 19-7-1887).
CAPÍTULO 5
29 (Mat. 9: 9-10; Mar. 2: 14-15). Mateo honró a Cristo delante de sus amigos.-
Mateo, humildemente agradecido, deseó demostrar su aprecio por el honor que había recibido, e invitando a los que habían sido sus compañeros de negocios, placer y pecado, preparó una gran fiesta para el Salvador. Si Jesús estuvo dispuesto a llamarlo a él, que era tan pecador e indigno, con seguridad aceptaría a sus antiguos compañeros que, según creía Mateo, eran mucho más dignos que él. Mateo tenía el gran anhelo de que compartieran los beneficios de las misericordias y la gracia de Cristo. Deseaba que supieran que Cristo -a diferencia de los escribas y fariseos- no despreciaba ni odiaba a los publicanos y pecadores. Quería que conocieran a Cristo como el bendito Salvador.
El Salvador ocupó en la fiesta el puesto más honroso. Ahora Mateo era el siervo de Cristo, y deseaba que sus amigos supieran la forma en que él consideraba a su Guía y Maestro. Anhelaba que supieran que se sentía altamente honrado al hospedar a un huésped tan regio.
Jesús nunca rechazó una invitación a una fiesta tal. El propósito que siempre estaba delante de él era sembrar en los corazones de sus oyentes las semillas de la verdad mediante su encantadora conversación que le ganaba los corazones. En cada uno de sus actos Cristo tenía un propósito, y la lección que dio en esta ocasión fue oportuna y apropiada. Por medio de ese acto declaró que ni aun los publicarlos y pecadores estaban excluidos de su presencia. Estos ahora podían testificar que Cristo los honraba con su presencia y conversaba con ellos (MS 3, 1898).
30.
Ver EGW com. Mat. 9: 11.
31-32.
Ver EGW com. Mat. 9: 12-13.
32.
Ver EGW com. Mat. 9: 13.
37-38.
Ver EGW com. Mat. 9: 17.
CAPÍTULO 6
37
.
Ver EGW com. Mat. 7: 1-2.
CAPÍTULO 7
29-30 (Mat. 13: 15; Juan 12: 39-40). Los fariseos no se opusieron ciegamente a Cristo.-
Los escribas, fariseos y magistrados habían decidido no ver las evidencias de la verdad, y evadían las conclusiones más claras. Para justificar su obstinada incredulidad, no perdían ninguna oportunidad posible de aprovechar cualquier detalle de las enseñanzas de Jesús que pudieran interpretar falsamente, tergiversar o falsifican Cuando no había ninguna posibilidad de poder tergiversar la verdad de las palabras de Cristo, esos hombres que rechazaban el consejo de Dios para su propio mal, dirigían preguntas que no tenían nada que ver con lo que se estaba tratando, para desviar la atención de la gente de las lecciones que Jesús procuraba enseñar, y evadir hábilmente la verdad. Los fariseos no se oponían ciegamente a las doctrinas de Cristo, pues la verdad los impresionaba profundamente; pero resistían la verdad e iban contra sus convicciones, cerrando sus ojos para no ver, endureciendo el corazón por miedo a percibir [la verdad] y ser convertidos, y que Cristo los sanara(RH 18-10-1892).
CAPÍTULO 8
46.
Ver EGW com. Hech. 19: 11-12, 17.
CAPÍTULO 9
23 (Mat. 16: 24; Mar. 8: 34; ver EGW com. Mat. 11: 28-30). Apartarse de la cruz significa apartarse de la recompensa.-
[Se cita Luc. 9: 23.] Estas palabras son pronunciadas a todo el que desea ser cristiano. El que se aparta de la cruz, se aparta de la recompensa prometida a los fieles (Carta 144, 1901).
28-31.
Ver EGW com. Mat. 17: 1-3.
CAPÍTULO 10
13-15.
Ver EGW com. Mat. 11: 20-24.
27.
Ver EGW com. Mat. 22: 37-39; Mar. 12: 30.
CAPÍTULO 11
15.
Ver EGW com. Mat. 12: 24-32.
21-23.
Ver EGW com. Mat. 12: 29-30.
23.
Ver EGW com. Mat. 16: 24.
24-26.
Ver EGW com. Mat. 12: 43-45.
31.
Ver EGW com. Mat. 12: 42.
42-44.
Ver EGW com. Mat. 23: 13-33.
CAPÍTULO 12
1 (Mat. 16: 6). La hipocresía es como la levadura.-
[Se cita Luc. 12: 1.]... Nuestro Salvador presenta ante la gente de ese tiempo el carácter de sus pecados. Sus sencillas palabras despertaban la conciencia de sus oyentes; pero los instrumentos contradictores de Satanás buscaban un lugar para sus teorías para apartar las mentes de la verdad claramente presentada. Cuando el gran Maestro presentaba solemnes verdades, los escribas y fariseos -con el pretexto de estar interesados- se reunían alrededor de los discípulos y de Cristo, y desviaban la mente de aquellos haciendo preguntas para crear disputa, aparentando que querían conocer la verdad. Cristo fue interrumpido en esta ocasión como lo había sido en muchas ocasiones similares. Deseaba que sus discípulos escucharan las palabras que él quería decir, y que no permitieran que nada atrajera y retuviera su atención, Por lo tanto, les advirtió: "Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía". Fingían el deseo de entrar tanto como les fuera posible dentro del círculo íntimo. Cuando el Señor Jesús presentaba la verdad en contraste con el error, los fariseos aparentaban que estaban deseosos de comprender la verdad, y sin embargo procuraban desviar la mente de Cristo por otros cauces.
La hipocresía es como la levadura. La levadura puede estar oculta en la harina, y no se conoce su presencia hasta que produce su efecto. Cuando se la introduce satura rápidamente toda la masa. La hipocresía actúa secretamente y si se la tolera, llenará la mente de orgullo y vanidad. Algunos engaños que hoy se practican son similares a los que practicaban los fariseos. El Salvador dio esta advertencia para que estuvieran alerta todos los que creen en él. Velad para que no absorbáis ese espíritu y os volváis como aquellos 1096 que trataban de entrampar al Salvador (MS 43, 1896).
10.
Ver EGW com. Mat. 12: 31-32.
16-21.
Ver EGW com. 1 Sam. 25: 10-11.
35.
Ver EGW com. Mat. 25: 7.
48 (Juan 15: 22). Las pruebas de Dios difieren.-
La prueba de Dios para los paganos que no tienen luz, y para aquellos que viven donde han sido abundantes el conocimiento de la verdad y de la luz, es completamente diferente. Acepta de los que están en tierras paganas un aspecto de la rectitud que no lo satisface cuando es ofrecido por los que viven en países cristianos. No exige mucho cuando no se ha dado mucho (MS 130, 1899).
50.
Ver EGW com. Mat. 26: 42.
51.
Ver EGW com. Mat. 10: 34.
CAPÍTULO 13
18.
Ver EGW com. Mar. 4: 30.
34-35.
Ver EGW com. Mat. 23: 37-39.
CAPÍTULO 14
16-17.
Ver EGW com. Mat. 22: 2-4.
28-33. Los débiles pueden hacer obras de la Omnipotencia.-
Así como a los discípulos, Cristo nos ha confiado la obra de llevar la verdad al mundo. Pero antes de que nos ocupemos de esa gran lucha, de la cual dependen resultados eternos, Cristo invita a todos que calculen el costo. Les asegura que si se aferran a la obra con corazón indiviso, entregándose como portaluces para el mundo, que si se aferran a la fortaleza de Cristo, harán la paz con él y obtendrán una ayuda sobrenatural que los capacitará, en su debilidad, para hacer las obras de la Omnipotencia. Si avanzan con fe en Dios, no fracasarán ni se desanimarán, sino que tendrán la seguridad de un éxito infalible (RH 15-3-1898).
CAPÍTULO 16
13.
Ver EGW com. Mat. 6: 24.
CAPÍTULO 17
5. Fe creciente.-
Tenéis que hablar de la fe, tenéis que vivir la fe, tenéis que practicar la fe, para que se os aumente la fe. Ejerciendo esa fe viviente creceréis hasta ser hombres y mujeres fuertes en Cristo Jesús (MS 1, 1889).
10 (Efe. 1: 6; 2: 8-10; 2 Tim. 1: 9; Tito 2: 14; 3: 5; Sant. 2: 22). Las buenas obras no son argumento para la salvación.-
Nuestra aceptación delante de Dios es segura sólo mediante su amado Hijo, y las buenas obras no son sino el resultado de la obra de su amor que perdona los pecados. Ellas no nos acreditan y nada se nos concede por nuestras buenas obras por lo cual podemos pretender una parte en la salvación de nuestra alma. La salvación es un don gratuito de Dios para el creyente, que sólo se le da por causa de Cristo. El alma turbada puede hallar paz por la fe en Cristo, y su paz estará en proporción con su fe y confianza. El creyente no puede presentar sus obras como un argumento para la salvación de su alma.
Pero, ¿no tienen verdadero valor las buenas obras? El pecador que diariamente comete pecados con impunidad, ¿es considerado por Dios con el mismo favor como aquel que por la fe en Cristo trata de obrar con integridad? Las Escrituras contestan: "Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas". El Señor en su providencia divina y mediante su favor inmerecido, ha ordenado que las buenas obras sean recompensadas. Somos aceptados únicamente mediante los méritos de Cristo; y los hechos de misericordia, las obras de caridad que hacemos, son los frutos de la fe y se convierten en una bendición para nosotros, pues los hombres serán recompensados de acuerdo con sus obras. La fragancia de los méritos de Cristo es lo que hace que nuestras buenas obras sean aceptables delante de Dios, y la gracia es la que nos capacita para hacer las obras por las cuales él nos recompensa. Nuestras obras en sí mismas y por sí mismas no tienen mérito. Cuando hayamos hecho todo lo que podamos hacer, debemos considerarnos como siervos inútiles. No merecemos el agradecimiento de Dios, pues sólo hemos hecho lo que era nuestro deber hacer, y nuestras obras no podrían haber sido hechas con la fortaleza de nuestra propia naturaleza pecaminosa.
El Señor nos ha ordenado que nos acerquemos a él, y él se acercará a nosotros; y acercándonos a él recibimos la gracia por la cual podremos hacer aquellas obras que serán recompensadas por sus manos (RH 29-1-1895).
28-30 (Gén. 19:24-25). Mecido en la cuna de seguridad carnal.-
Cuando el sol salió 1097 por última vez sobre las ciudades de la llanura, la gente pensó que comenzaría otro día de impío libertinaje. Todos planeaban con avidez sus ocupaciones o sus placeres, y el mensajero de Dios fue escarnecido por sus temores y sus advertencias. De pronto, como el trueno retumba en un cielo sin nubes, cayeron bolas de fuego sobre la ciudad condenada. "Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste". Las gentes estarán comiendo y bebiendo, plantando y edificando, casándose y dándose en casamiento, hasta que la ira de Dios se derrame sin mezcla de misericordia. El mundo será adormecido para que duerma en la cuna de la seguridad carnal... Las multitudes hacen todo lo posible por olvidarse de Dios, y con intenso anhelo aceptan fábulas para poder seguir por el camino de la complacencia propia (RH 26-10-1886).
CAPÍTULO 18
15-17.
Ver EGW com. Mat. 19: 13-15.
35-43.
Ver EGW com. Mar. 10: 46-52.
CAPÍTULO 19
12-13.

Ver EGW com. Mat. 25: 14-15.
41-44. Los pecados actuales determinan la culpabilidad.-
La generación que Jesús censuró no era responsable por los pecados de sus padres sino sólo hasta donde seguían sus malas prácticas, y de ese modo se hicieron responsables por su conducta de odio y venganza al perseguir a los antiguos mensajeros de Dios. Las misericordias y advertencias de esos días, que rechazó esa generación, fue lo que fijó sobre ellos una culpa que la sangre de los bueyes y los machos cabríos no podía lavar. Orgullosos, autosuficientes y altivos, se habían separado más y más del cielo hasta el punto de convertirse en súbditos voluntarios de Satanás. Durante siglos la nación judía había estado forjando los grillos con que esa generación se aprisionaba irrevocablemente (3SP 10-11).
42.
Ver EGW com. Mat. 23: 37-39.
44.
Ver EGW com. Mat. 24: 2.
CAPÍTULO 21
8.
Ver EGW com. Mat. 24: 23-24.
16-19. Una furiosa unión para el mal.-
Cristo muestra que la humanidad, sin el poder controlador del Espíritu de Dios, es un terrible poder para el mal. La incredulidad y el aborrecimiento del reproche levantarán influencias satánicas. Principados y potestades, gobernadores de las tinieblas de este siglo y huestes espirituales de maldad en las regiones celestes, se juntarán en una furiosa unión. Se confederarán contra Dios en la persona de sus santos. Mediante tergiversaciones y falsedades desmoralizarán tanto a hombres como a mujeres que, según todas las apariencias, creen en la verdad. En esa terrible obra no faltarán testigos falsos [se cita Luc. 21: 16-19] (MS 40, 1897).
20. Escenas que se repetirán.-
Jesús, después de hablar del fin del mundo, se ocupa de nuevo de Jerusalén, la ciudad que entonces se mantenía orgullosa y arrogante, y decía: "Estoy sentada como reina... y no veré llanto". Jesús, contemplando con mirada profética a Jerusalén, vio que así como ella sería entregada a la destrucción el mundo también sería entregado a su condenación. Las escenas que tuvieron lugar en la destrucción de Jerusalén se repetirán en el día grande y terrible de Jehová, pero en una forma más intensa (MS 409 1897).
CAPÍTULO 22
1-2.
Ver EGW com. Mat. 26: 3.
3-5 (Mat. 26: 14-16; Mar. 14: 10-11; Juan 13: 2, 27). Cristo comprado con el dinero del templo.-
El caso de Judas se decidió durante la pascua. Satanás se posesionó de su corazón y de su mente. [Judas] pensó que Cristo o sería crucificado o se liberaría de las manos de sus enemigos. En todo caso él saldría ganando en la transacción y haría un buen negocio traicionando a su Señor. Fue a los sacerdotes y les ofreció su ayuda para buscar a Aquel a quien acusaban de ser el perturbador de Israel. De esta manera el Señor fue vendido como un esclavo, comprado con el dinero del templo que se usaba para comprar los animales que se sacrificaban (ST 17-12-1912).
31-32.
Ver EGW com. Mat. 16: 22-23.
31-34 (Mat. 26: 31-35; Mar. 14: 29-31). Pedro tentó al diablo.-
[Se cita Luc. 22: 31.] ¡Cuán fiel era la amistad del Salvador hacia Pedro! ¡Cuán misericordiosas sus advertencias! Pero las advertencias fueron despreciadas. Pedro declaró confiadamente, con arrogancia, que nunca haría aquello contra lo cual Cristo le advertía. "Señor -le dijo-, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, 1098 sino también a la muerte". Su autosuficiencia resultó ser su ruina. Tentó a Satanás para que lo tentara, y cayó bajo las artimañas del astuto enemigo. Cuando Cristo lo necesitó más, estaba de parte del enemigo, y abiertamente negó a su Señor (MS 115, 1902).
39-46.
Ver EGW com. Mat. 26: 36-46.
42 (Mat. 26: 42; Mar. 14: 36; ver EGW com. Rom. 8: 11). El Padre está al lado de cada alma que lucha.-
Cristo venció con la fortaleza divina, y así debe vencer cada alma tentada. Dios estaba con Cristo en el huerto de Getsemaní, y por lo que experimentó Cristo debemos aprender a confiar en nuestro Padre celestial. En todo momento y en todo lugar debemos creer que él es tierno, fiel y leal, capaz de guardar lo que se ha confiado a su cuidado. En la lucha agonizante de Cristo -nuestro Sustituto y Garantía- el Padre estuvo al lado de su Hijo, y está al lado de cada alma que lucha con el desánimo y las dificultades (Carta 106, 1896).
42-43. Gabriel fortaleció a Cristo.-
En la suprema crisis, cuando corazón y alma se quebrantan bajo la carga de pecado, Gabriel es enviado para fortalecer al divino Doliente y vigorizarlo para que camine por su senda ensangrentada. Y mientras el ángel sostiene su cuerpo desfalleciente, Cristo toma la amarga copa y consiente en beber su contenido. Delante del Doliente se levanta el muro de un mundo perdido que perece, y brotan las palabras de los labios manchados de sangre: "No obstante, si el hombre tiene que perecer a menos que yo beba esta amarga copa, no se haga mi voluntad, sino la tuya" (ST 9-12-1897).
43. La vida escondida en Cristo no puede ser tocada.-
La fortaleza que se dio a Cristo en el huerto de Getsemaní, en la hora del sufrimiento corporal y la angustia mental, fue dada y se dará a los que sufren por causa de su amado nombre. La misma gracia que se dio a Jesús, el mismo consuelo, la firmeza sobrehumana, se darán a cada creyente hijo de Dios que se encuentra en perplejidad y sufrimiento, y amenazado con prisión y muerte por los agentes de Satanás. Un alma que confía en Cristo nunca ha sido abandonada para que perezca. El potro de tormento, la hoguera, los muchos y crueles inventos pueden matar el cuerpo, pero no pueden tocar la vida que está escondida con Cristo en Dios (ST 3-6-1897).
44 (Fil. 2: 5-8; Heb. 2: 14-17). Cristo no tomó una humanidad sólo aparente.-
Se dice de Cristo: "Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra". Necesitamos darnos cuenta de la verdad de la naturaleza humana de Cristo para apreciar la verdad de las palabras citadas. Cristo no tomó sobre sí una humanidad sólo aparente. Tomó la naturaleza humana y vivió la naturaleza humana. Cristo no hizo milagros en beneficio propio. Estuvo rodeado de debilidades, pero su naturaleza divina supo lo que era ser hombre. No necesitaba que nadie le testificara eso. Le fue dado el Espíritu sin medida, porque su misión terrenal demandaba esto.
La vida de Cristo representa una perfecta naturaleza humana. El fue en naturaleza humana precisamente lo que usted puede ser. El tomó nuestras debilidades. No sólo fue hecho carne, sino fue hecho a semejanza de carne de pecado. Se impidió que sus atributos divinos aliviaran la angustia de su alma o sus dolores corporales (Carta 106, 1896).
44, 53 (ver EGW com. Mat. 26: 42). Pasando al poder de las potestades de las tinieblas.-
Si los mortales pudieran ver el asombro y el dolor de los ángeles cuando observaron con aflicción silenciosa que el Padre retiraba sus rayos de luz, amor y gloria de su Hijo, entenderían mejor cuán ofensivo es el pecado a la vista de Dios. Cuando el Hijo de Dios se inclinó en el huerto de Getsemaní en actitud de oración, la agonía de su espíritu hizo que por sus poros brotara sudor como grandes gotas de sangre. Fue en ese momento cuando el horror de grandes tinieblas lo rodeó. Sobre él estaban los pecados del mundo. Sufría en lugar del hombre como transgresor de la ley de su Padre. Aquí estaba la escena de la tentación. La luz divina de Dios se estaba alejando de su visión, y estaba quedando en poder de las potestades de las tinieblas. En la agonía de su alma yacía postrado en la fría tierra. Se daba cuenta del enojo de su Padre. Cristo había tomado de los labios del hombre culpable la copa del sufrimiento, y se proponía beberla él mismo, dando al hombre en su lugar una copa de bendición. La ira que habría caído sobre el hombre, caía ahora sobre Cristo (Sufferings of Christ, pp. 17-18).
45.
Ver EGW com. Mat. 26: 43.
54.
Ver EGW com. Mat. 26: 3.
70 (Mat. 10: 32; 26: 63-64; Mar. 14: 61-62). Un tiempo para hablar.-
Cuando se le hizo la pregunta a Jesús: "¿Eres tú el Hijo de 1099 Dios?", sabía que una respuesta afirmativa le traería la muerte; y una negativa dejaría una mancha sobre su humanidad. Había un tiempo de callar y un tiempo de hablar. No había hablado hasta que se lo interrogó directamente. En sus enseñanzas a sus discípulos había declarado: "A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos". Cuando Jesús fue puesto a prueba no negó su relación con Dios. En ese momento solemne estaba en juego su carácter, y debía ser defendido. En esa ocasión dejó un ejemplo para que el hombre lo siguiera en circunstancias similares. Le enseñaría a no apostatar de la fe para evitar el sufrimiento o aun la muerte (3SP 127).
CAPÍTULO 23
18-25.

Ver EGW com. Mat. 27: 15-26.
20-23.
Ver EGW com. Mat. 27: 22-23.
23-24.
Ver EGW com. Mat. 27: 25-26.
26.
Ver EGW com. Mat. 27: 32.
33.
Ver EGW com. Mat. 27: 38.
38.
Ver EGW com. Mat. 27: 37.
40-43. Salvación en las últimas horas de la vida.-
Entre los redimidos algunos se habrán aferrado de Cristo en las últimas horas de la vida, y a ellos se les dará instrucciones en el cielo, pues cuando murieron no entendían perfectamente el plan de salvación. Cristo conducirá a los redimidos junto al río de la vida y les aclarará lo que no pudieron entender mientras estaban en la tierra (Carta 203, 1905).
42-43. El pecador moribundo se aferra del Salvador moribundo.-
Cristo perdona los pecados hasta el fin de su obra. En lo más oscuro de la medianoche, cuando la Estrella de Belén está por hundirse en el olvido, he aquí que brilla en medio de la oscuridad moral, con claro resplandor, la fe de un pecador moribundo mientras se sostiene de un Salvador moribundo.
Tal fe podría representarse por la de los obreros de la hora undécima, quienes recibieron la misma recompensa que los que habían trabajado durante muchas horas. El ladrón rogó con fe, con arrepentimiento, con contrición. Rogó con fervor como si se diera cuenta plenamente de que Jesús podía salvarlo, si quería. Y la esperanza [expresada] en su voz se mezcló con angustia al darse cuenta de que si el Salvador no quería, estaba perdido, eternamente perdido. Confió en Jesucristo su cuerpo y su alma desvalidos moribundos (MS 52, 1897).
44.
Ver EGW com. Mat. 27: 45.
45.
Ver EGW com. Mat. 27: 51.
46.
Ver EGW com. Mat. 27: 50; Juan 19: 30
46-47.
Ver EGW com. Mat. 27: 45-46.
47.
Ver EGW com. Mat. 27: 54.
CAPÍTULO 24
1.
Ver EGW com. Mar. 16: 1-2.
5-6.
Ver EGW com. Mar. 16: 6.
13-15 (Mat. 27: 42; Mar. 15: 31). Dolor, temor y sorpresa combinados.-
Esos hombres fuertes iban tan abrumadas por el dolor, que lloraban mientras continuaban su viaje. El compasivo corazón de amor de Cristo vio ahí un dolor para aliviar. Los discípulos estaban razonando entre sí acerca de los acontecimientos de los últimos días, y se preguntaban cómo podían concordar las aseveraciones de Jesús de que era el Hijo de Dios con el hecho de que se hubiera entregado a una muerte vergonzosa.
Uno afirmaba que Jesús no podía haber sido un hipócrita, sino que se había engañado en cuanto a su misión y su gloria futura. Ambos temían que lo que sus enemigos le habían echado en cara era demasiado verdadero: "A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar". Sin embargo, se preguntaban cómo podría haberse equivocado tanto en cuanto a sí mismo habiéndoles dado tan repetidas evidencias de que podía leer los corazones de otros. Y los extraños informes de las mujeres los sumían aún más en una mayor incertidumbre (3SP 207).
13-31. Entender la Biblia es de primera importancia.-
Jesús no se les reveló primero en su verdadero carácter y después les explicó las Escrituras, pues sabía que se hubieran regocijado tanto de verlo otra vez, resucitado de los muertos, que sus almas se habrían saciado. No habrían tenido hambre de las sagradas verdades que él deseaba impresionar imborrablemente en ellos para que pudieran impartirlas a otros; los que a su vez esparcirían el precioso conocimiento hasta que miles de personas recibieran la luz dada aquel día a los discípulos desesperados mientras iban hacia Emaús.
Jesús no se dio a conocer hasta que les interpretó las Escrituras y los guió a una fe inteligente en su propia vida, su carácter, su 1100 misión en la tierra y su muerte y resurrección. Deseaba que la verdad se arraigara firmemente en ellos, no porque estuviera sostenida por su testimonio personal, sino porque la ley de los símbolos y los profetas del Antiguo Testamento, que concordaban con los hechos de la vida de Cristo y con su muerte, presentaban una evidencia incuestionable de esa verdad. Cuando se alcanzó el objetivo del trabajo de Cristo con los dos discípulos, se les reveló a sí mismo para que su gozo fuera pleno; y entonces desapareció de su vista (ST 6-10-1909).
15-16. Jesús suaviza los caminos ásperos.-
Este poderoso vencedor de la muerte, que había llegado hasta las mismas profundidades de la aflicción humana para rescatar a un mundo perdido, emprendió la humilde tarea de caminar hacia Emaús con los dos discípulos para enseñarles y consolarlos. De esta manera siempre se identifica con los suyos que sufren y están confundidos. He aquí que Jesús está con nosotros para suavizar el camino en nuestros pasos más difíciles. Es el mismo Hijo del hombre, con la misma simpatía y el mismo amor que tuvo antes de que pasara por la tumba y ascendiera a su Padre (3SP 212).
39 (Hech. 1: 9-11). Cristo llevó consigo la humanidad.-
Cristo ascendió al cielo con una naturaleza humana santificada y santa. Llevó esta naturaleza consigo a las cortes celestiales y la llevará por los siglos eternos, como Aquel que ha redimido a cada ser humano que está en la ciudad de Dios, como Aquel que ha implorado ante el Padre: "En las palmas de mis manos los tengo esculpidos". Las palmas de sus manos llevan las marcas de las heridas que recibió, Si somos heridos y lastimados, si nos encontramos con obstáculos que son difíciles de superar, recordemos cuánto sufrió Cristo por nosotros. Sentémonos con nuestros hermanos en los lugares celestiales con Cristo. Atraigamos a nuestro corazón las bendiciones celestiales (RH 9-3-1905).
Jesús tomó la naturaleza humana para revelar al hombre un amor puro y desinteresado, para enseñarnos a amarnos mutuamente.
Cristo ascendió al cielo como hombre. Como hombre es el Sustituto y la Garantía de la humanidad. Como hombre vive para interceder por nosotros. Está preparando un lugar para todos los que le aman. Como hombre vendrá otra vez con poder y gloria para recoger a los suyos. Y lo que debiera causarnos gozo y agradecimiento es que Dios "ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó". Podemos, pues, tener para siempre la seguridad de que todo el universo que no cayó está interesado en la gran obra que Jesús vino a hacer en nuestro mundo, la salvación misma del hombre (MS 16, 1890).
50-51.
Ver EGW com. Hech. 1: 9 - 11.

2 comentarios:

Moises Pinto dijo...

Excelente trabajo... siga con esta valiosisima tarea

Unknown dijo...

Bendiciones desde Juárez Chihuahua