jueves, 25 de septiembre de 2008

ECLESIASTES:

La triste autobiografía de Salomón.-
El librodel Eclesiastés fue escrito por Salomón en su vejez, después de que había probado plenamente que todos los placeres que puede dar la tierra son vanos e insatisfactorios. El muestra allí cuán imposible es que las vanidades del mundo satisfagan los anhelos del alma. Su conclusión es que es sabio disfrutar con gratitud de las buenas dádivas de Dios y hacer lo que es correcto, pues se traerán a juicio todas nuestras obras.
Es triste la autobiografía de Salomón. Nos proporciona la historia de su búsqueda de la felicidad. Se dedicó a investigaciones intelectuales; complació su amor al placer; llevó a cabo sus planes de empresas comerciales. Estuvo rodeado por el fascinante esplendor de la vida cortesana. Tenía a su disposición todo lo que el corazón carnal podía desear; sin embargo, resume su experiencia en este triste registro: [se cita Ecl. l: 14-2: 11] (HR junio, 1878).
CAPÍTULO 1
13, 14. El conocimiento sin Dios es necedad.-
Salomón tenía un gran conocimiento, pero su sabiduría era necedad, pues no sabía cómo mantenerse moralmente independiente, libre de pecado, con un carácter firme, modelado a la semejanza divina. Salomón nos relata el fruto de su investigación, sus intensos esfuerzos, su perseverante indagación. Declara que su sabiduría es una vanidad completa (RH 5-4-1906).
13-18.
Ver EGW com. Gén. 3: 6, t. I, pág. 1097.
14 (cap. 10: 16-19; 1 Rey. 10: 18-23; 2 Crón. 9: 17-22)."Todo es vanidad".-
Salomón se sentó en un trono de marfil, cuyos peldaños eran de oro macizo franqueado por seis leones de oro. Posaba sus ojos sobre bellos jardines muy bien cultivados, que estaban muy cerca de él. Esos terrenos eran una visión de belleza dispuesta para asemejar, hasta donde fuera posible, el jardín del Edén. Para embellecerlos se habían traído desde países extranjeros árboles y arbustos escogidos y flores muy diversas. Aves de toda variedad de brillantes plumajes volaban de Un árbol a otro llenando el aire con dulces cantos. jóvenes servidores, suntuosamente vestidos y adornados, esperaban para acudir ante su más insignificante deseo. Para su diversión se habían preparado fiestas, música, deportes y juegos, lo cual significaba un gran despilfarro de dinero.
Pero todo esto proporcionaba felicidad al rey. Se sentaba en su suntuoso trono con el rostro todo, oscurecido por la desesperación. La disipación le había dejado su huella en el rostro que una vez fue bello e inteligente. Había cambiado tristemente el que una vez fuera el joven Salomón. Tenía el semblante ajado por las preocupaciones y la desdicha, y en cada rasgo mostraba las inconfundibles marcas de la complacencia sensual. Sus labios estaban listos para prorrumpir en reproches ante la más leve contrariedad de sus deseos.
Sus nervios destrozados y su apariencia demacrada mostraban el resultado de violar las leyes de la naturaleza. Confesó haber malgastado la vida y haber buscado infructuosamente la felicidad. Suyo es el triste lamento: "Todo ello es vanidad y aflicción de espíritu". [Se cita Ecl. 10: 16-19.]
Los hebreos tenían la costumbre de comer sólo dos veces al día, y su comida principal era cerca del mediodía. Pero los hábitos lujuriosos de los paganos se habían arraigado en la nación, y el rey y sus príncipes se habían acostumbrado a prolongar sus festejos hasta bien entrada la noche. Por otro lado, si la primera parte del día se dedicaba a cocinar y a beber vino, los signatarios y gobernantes del reino quedaban totalmente incapacitados para cumplir sus importantes deberes.
Salomón comprendía los males provenientes de la complacencia del apetito pervertido; sin embargo, parecía incapaz de efectuar la reforma necesaria. Se daba cuenta de que el vigor físico, los nervios tranquilos Y la sana moral sólo se pueden lograr mediante la temperancia. Sabía que la glotonería conduce a la embriaguez, y que la intemperancia, en cualquier grado, descalifica a un hombre para cualquier cargo de importancia. Comer con glotonería, y alimentarse a toda hora dejan una influencia sobre cada fibra del organismo; y la mente también es afectada seriamente por lo que comemos y bebemos. 1184 La vida de Salomón es una advertencia aleccionadora no sólo para la juventud sino también para los de edad madura. Estamos inclinados a considerar a los hombres de experiencia como si estuviesen a salvo de las tentaciones de los placeres pecaminosos. No obstante, con frecuencia vemos que algunos cuya juventud ha sido ejemplar, son seducidos por la fascinación del pecado sacrifican la hombría recibida de Dios a cambio de la complacencia propia. Por un tiempo vacilan entre lo que les implican los principios y su inclinación a seguir un camino prohibido, pero finalmente la corriente del mal resulta demasiado fuerte para sus buenas resoluciones, como lo fue era el caso de Salomón, el que una vez fuera fuerte y sabio...
Querido lector, mientras estás imaginariamente en las laderas del Moriah y miras al otro lado del valle del Cedrón las ruinas de esos santuarios paganos, aprende la lección del arrepentido rey, Y sé sabio. Confía en Dios. Aparta resueltamente el rostro de la tentación. El vicio es una complacencia costosa. Sus efectos son terribles en el organismo de los individuos a quienes no destruye rápidamente. Vértigos, pérdida del vigor, de la memoria; daños en el cerebro, en el corazón y los pulmones se suceden con rapidez ante la transgresión de las reglas de la salud y de la moral (HR, junio, 1878).
CAPÍTULO 8
11. La tolerancia de Dios induce a algunos a ser descuidados.-
En su trato con la raza humana, Dios sobrelleva con paciencia al impenitente. Usa a sus instrumentos designados para inducir a los hombres a que sean leales, y les ofrece su perdón pleno si se arrepienten. Pero como Dios es paciente, los hombres abusan de su misericordia. "Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal". La paciencia y la magnanimidad de Dios, que debieran enternecer y subyugar el alma, tienen una influencia completamente distinta sobre los descuidados y pecaminosos. Los inducen a desechar las restricciones y los hace más decididos en su resistencia. Piensan que Dios, que durante tanto tiempo los ha tolerado, no tendrá en cuenta su perversidad. Si viviéramos en una dispensación de retribución inmediata, las ofensas contaba Dios no ocurrirían con tanta frecuencia. Pero aunque se demore el castigo, no por eso es menos seguro. Hay límites aun para la tolerancia de Dios. Se puede llegar al límite de su paciencia, y entonces él Castigará con toda seguridad. Y cuando trate el caso del pecador insolente, no se detendrá hasta haberle dado fin completamente.
Muy pocos se dan cuenta de la pecaminosidad del pecado; se hacen la ilusión de que Dios es demasiado bueno para castigar al culpable. Pero los casos de María, Aarón, David y muchos otros demuestren que no es seguro pecar, contra Dios, ya sea con hechos, palabras o aun con el pensamiento. Dios es un ser de infinito amor e infinita compasión, pero también declara de sí mismo que es "fuego consumidor, Dios celoso" (RH 14-8-1900).
(Mat. 26: 36-46; Apoc. 15: 3.) Se consigna cada falta en ajuste de cuentas.-
La muerte de Cristo debería ser el argumento convincente y eterno de que la ley de Dios es tan inmutable como su trono. Las agonías del huerto de Getsemaní, los insultos, las burlas y los ultrajes que se acumularon sobre el amado Hijo de Dios; los horrores y la ignominia de la crucifixión proporcionan tina demostración suficiente y aterradora de que la justicia de Dios, cuando castiga, castiga de verdad. El hecho de que no hiciera una excepción con su propio hijo, que se hizo la garantía del hombre, es un argumento que permanecerá durante la eternidad, delante del santo y el pecador, delante del universo de Dios, para testificar que él no excusará al transgresor de su ley. Cada falta contra la ley de Dios, por pequeña que sea, se registra en el cómputo de cuentas, y cuando se empuñe la espada de justicia, actuará en el caso del transgresor impenitente como lo hizo con el divino Doliente. La justicia herirá porque el odio de Dios por el pecado es intenso y abrumador (MS 58, 1897).
11, 12.
Ver EGW com. Gén. 15: 16.
CAPÍTULO 10
16-19.
Ver EGW com. Ecl. 1: 14.

3 comentarios:

Unknown dijo...

Aprecioados hermanos quiero felicitarlos por el excelente material y trabajo.

un observacion: en el comentario de eclesiastes cap 1: 3er parrafo, donde dice "Pero todo esto proporcionaba felicidad al rey" falta la palabra "no" de modo que el texto original quedaria asi: "Pero todo esto NO proporcionaba felicidad al rey" Bendiciones.

juan carlos duran fierro dijo...

Queridos hermanos, me sumo a la observación anterior que hizo nuestro hermano.
Creo que debe ser corregida, ya que obviar esa palabra tan pequeña como "no", cambia completamente la intención del comentario que es plasmar una gran verdad..
Dios les bendiga!.

Unknown dijo...

Salomón fue un rey sabio y su sabiduría lo hizo prosperar mucho.el tubo todo y cuando dise que fue feliz fue feliz pero una felicidad ligada a lo material una felicidad basada en la riqueza.por eso una de las enseñanzas es que La Paz y la felicidad que Dios entrega es muy distinta a la que la riquezas y el poder te pueden ofrecer.que Dios les bendiga